Aleyda Quevedo Rojas

Soy mi Cuerpo

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La primera vez…de una poeta ecuatoriana en La Habana

Agosto 5th, 2008 · Dejar un Comentario

Como toda primera vez, el cuerpo y el espíritu experimentan, con la misma potencia, una sensación que raya entre el placer intenso y el dolor profundo. Placer y dolor, quizá por tanta belleza al saborear lo que se vive por vez primera y es capaz de otorgar equilibrio, en medio, de la turbación de los sentidos.

En este caso pude sentir y tocar la estructura de las emociones que componen una primera vez. Mi primera vez en La Habana, la capital de todos los cubanos, con dos millones de habitantes de cara al vibrante Malecón (un amplio balcón de cinco kilómetros) y de frente al majestuoso Caribe.

La intensa luz, el calor, la humedad, la brisa del mar y los aromas a mango, fruta bomba (papaya), ron, mamey, arroz y frijoles negros, café y cerdo frito –confundiéndose– hacen de La Habana un caleidoscopio enmarcado en el peso de la tradición, de más de 4 siglos que tiene la capital cubana de fundada, y el no menos pesado peso de los 50 años de la revolución socialista

malecon en la habana  viejo en la habana

Quería tanto conocer La Habana, la barroca de Lezama Lima, la isla total de Virgilio Piñera, la perla en la que vivió Dulce María Loynaz y la cruel y loca metrópoli de los años duros (esos del periodo especial) en la que se suicidó en 1997 mi admiradísimo Ángel Escobar. Ese escritor fiel a su destino, dueño de una insaciable sed de verdad, cuya poesía fue un permanente alejarse del horror para desembocar en la muerte por mano propia, como una puerta posible del mismo destino. También esa Habana que Escobar dibujó en su poema titulado: Desde La Habana:

Vivo en una ciudad que dicen de columnas. /El mar es tan cercano a nuestra parentela / que su temblor de sal relampaguea en la casa. /Aquí crece el follaje de los dientes, /propósitos oscuros mueren en parques agrios. /Hay viejos con bastones, muchachas con cinturas como en cada ciudad que uno imagina. /Un gesto de la hierba descubre la manigua, /donde han sobrevivido el desamparo, /el curujey, cual cántaro fugaz de mesonero, /el güiro del palenque. /Por aquí transitaron los esclavos que engordaban el miedo de los amos.

 

niños en la habana 

un amigo en la habana

  

Y en mi primera mañana lo primero que hice, en compañía del poeta y querido amigo, Álex Fleites, la primera persona conocida y amada con la que me reencontré en La Habana, fue recorrer el Museo de Bellas Artes. Con Álex caminamos los salones del moderno edificio que alberga los cuadros de los pintores iconos de Cuba. Hasta que nos detuvimos, por más de 10 minutos, a contemplar el famoso cuadro titulado: “El rapto de la mulata”, que se exhibe permanentemente en la Sala de Arte Cubano y que pertenece al artista Carlos Enrique. Luego, nos detuvimos, algunos minutos más, frente a varios de los cuadros notables de otro de los grandes de Cuba: Wifredo Lam. De la mano de Álex Fleites no dejé de admirar y repasar la obra de los fundacionales René Portocarrero, Fidelio Ponce y Amelia Peláez. Y de mi hermano Álex tengo estos versos que nos hablan de su violenta ternura por esta ciudad que ahora es una de las que más amo:

La Habana Vieja mira al mar /a través de los ojos sin luz de las ventanas /El reloj ha completado /el abrazo de las doce /y en una iglesia /alguien se encarga de recordarnos el regreso /Cuántos habrán enraizado su amor en esta cama /antes de que llegáramos /a entonar esta canción /que nadie ha tenido que enseñarnos /Cuántos se abran parado, sudorosos, /ante esta pared donde María jura /que amará por siempre a Alfredo /y se trenzan cien hombres diferentes /que luego el tiempo ordenará a su capricho /Nosotros preferimos mirar por la ventana /donde un cometa ha trazado /una estela verde sobre el agua, /justo encima del Lamda que cabecea con desgano, /y no entregarnos al ejercicio peligroso /de grabar nuestros nombres en la puerta. 

Por la tarde camino bajo la deliciosa sombra de los almendros y ceibas que pueblan las veredas de las calles del barrio El Vedado. Y aún hoy, cuando muchas de sus casas lucen deterioradas y otras tratan de salvarse del tiempo, las aguas, el bloqueo, la falta de mantenimiento y la escasez de dinero para una mano de pintura, es posible deleitarse con la estética de lo esencialmente cubano influido por lo europeo. Hay caserones que albergan a más de 6 familias que comparten un solo cuarto de baño y sobreviven y luchan cada día. Pero el aire señorial de El Vedado sobrepasa todo tipo de bloqueo. He recorrido muchas imponentes calles, hasta que finalmente llego a la cita, pactada desde Quito, con el poeta Carlos Augusto Alfonso, a quien conocí en las alturas de la capital de los ecuatorianos, y que Carlos Augusto tanto quiere y recuerda. Nos encontramos en su casa ubicada en el tercer piso de un edificio verde, que en sus bajos tiene abierta una pescadería, que Carlos Augusto evoca en un poema que mucho me gusta. En nuestra caminata, en busca de un café, pasamos por la inmensa y bella casa que alberga a la UNEAC (Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba); atravesamos el Parque Lennon, que acoge una magnífica escultura del autor de Imagine, a quien su cuidador oficial le coloca los anteojos redondos, justo a la hora en que a una turista se le ocurre hacerse la foto; varias librerías ( en pesos cubanos) se nos cruzan y muy cerca de la mítica heladería Coppelia, podemos tomarnos nuestro aromático café, para hablar del buen estado de salud, del que gozan actualmente, la poesía cubana y la ecuatoriana.

 

No puedo dejar de pedirle a Carlos Augusto Alfonso que me lea uno de sus poemas que más me encanta y que en voz del poeta, y ante el crepúsculo de La Habana, adquiere otro encanto:

No sé mi alma /en qué hades del mundo está penando. /Pasto en silencio /En mi cuartón, apacentado, /aprovecho los metros en redondo. /Como a nadie le importo, /me alejo de la estaca sin los metros de soga. /No crean que me escapo /(porque ya lo viví), /ya no soy un marcado, no soy un manierista, /que al salir de la escena sin el retraimiento, /convierte inmolación en detalle de un cuadro. /Se amplía un sarraceno con su bastón de médula, /en la pradera me guía con ajenos cencerros. /Mi Trinidad de estómagos /son ahora el padre y el hijo del espíritu, /lo digiero en silencio, como a los desperdicios de las ideologías; /todo ese pienso líquido fue pensado por mí, /vertido en los ríos por doncellas de viejos intereses, /matarifes de soplos en el pecho. /No sé ahora si mi alma resiste. /Quien dijo conducirme no es otro que mi hermano, /ya no doblan campanas en mi oreja, /porque saben con quiénes me han cruzado. 

La tibia noche habanera comienza y me despido de Carlos Augusto Alfonso. Pero no me salgo de El Vedado, pues en este barrio también está la movida cultural y nocturna de la ciudad: El bar-café “El Gato Tuerto” siempre acoge al viajero con un clásico mojito y buenas propuestas musicales en vivo; pero muy cerca de allí, está lo que verdaderamente interesa a cierta hora de la noche o del trasnoche: buen jazz.

Así llegué, en compañía del fotógrafo y cineasta Ernesto Granados, quien además hizo la fotografía del famoso filme “Fresa y Chocolate”, su encantadora esposa Odalys y el narrador, ensayista, traductor, poeta y entrañable amigo camagüeyano, radicado en La Habana desde hace 8 años, Jesús David Curbelo a: “La Zorra y El Cuervo”, un sitio clave en la cultura jazzística que produce La Habana con gran calidad.

Esta noche le toca a Elmer Ferrer Band www.elmerferrer.cult.cu y la jam session revela que Cuba respira buena música y buen feeling, a la altura del mejor jazz de los EE.UU. La velada musical termina a las 3 de la madrugada, en el Malecón, al calor de los últimos tragos del iluminado ron Caney Reserva.

 

Al día siguiente Jesús David Curbelo me regala varios de sus libros: “Otros cuentos de amor, de locura y de muerte” que reúne cuentos y la novela Las (di) versiones de Eva; “Inferno” su primera novela; tres de sus poemarios; y las prolijas traducciones, que junto a su esposa la narradora Susana Haug, han hecho de la poesía del norteamericano Edgar Lee Masters y del maestro William Blake.  Luego de intercambiar libros y hablar de poesía, caminamos por la Habana Vieja, ahí están para la contemplación y el disfrute: El Capitolio, el Centro Asturiano, la Catedral, la Plaza Vieja, las bullentes calles Obispo, Amargura y Mercaderes, La Bodeguita del Medio, el Café “El Escorial”, la Fundación Alejo Carpentier, el bar Floridita (el favorito de Ernest Heminway por su daiquiri sin azúcar, fundado en 1817), tiendas antiguas de perfumes, chocolates, jabones y porcelanas finas; incluso una armería que guarda todo tipo de armas que le regalaron a Fidel Castro y que él donó para este museo; bellos edificios de hoteles clásicos como el “Ambos Mundos” “El Telégrafo”, “Inglaterra” y “Parque Central” que luce hipermoderno y transformado, alimentando el gusto al recorrer La Habana.

 

Caminar por parques y plazas, beber cerveza “Bucanero Max”, mucho mejor que la Cristal, en cualquier bar al aire libre, y recorrer el mercado de artesanías, completa el paseo de casi 4 horas y media por La Habana Vieja. Y luego viene el plato fuerte: El Faro, El Morro, El Castillo de la Fuerza y La Cabaña. Caminar por estos lugares emblemáticos de la Isla toda, me remiten intensamente al poema de Curbelo titulado: “Parque de Las Misiones”:

La Habana es la ciudad más húmeda de Cuba. /De frente a la bahía, y mirando el Castillo de La Fuerza, El Morro y La Cabaña, /creo que también pudiera ser la más feroz. /Admiro a la pareja que se ama en un banco vecino /y sospecho que, encima, La Habana se desdobla en bondadosa. /Con tantas paradojas en la mente, acaricio los muslos de mi amante /(aquí podría quizá decir mi amada, pero temo que suene apresurado) /palpo su fluvial sexo y admito, confundido, /que esa Habana tan íntima adonde me refugio /-La Habana de su carne y de su espíritu- /es la ciudad más húmeda, más feroz, más amable /de todas las ciudades del planeta, /y que añoro habitarla con mi dúctil cinismo de viajero, /con mi euforia de náufrago, mi garbo de mendigo, /y con todo este vértigo que arrastro hacia el eterno pozo de las vísperas.  

Los días corren veloces en La Habana, la poesía que voy descubriendo y la que vuelvo a releer; los lugares que interiorizo; los amigos con los que comparto, y la música que siempre es atmósfera de fondo en esta ciudad, hacen que el tiempo vuele…Es jueves y una mezcla de emoción y vértigo me invade porque a las 10:00 debo leer en la Torre de Letras, en la Habana Vieja, en el Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro. Este espacio magníficamente restaurado y privilegiado por su incomparable vista, está dirigido por los escritores y maestros cubanos Reina María Rodríguez y Antón Arrufat y, este día, leo mis poemas, junto la narradora Adriana Normand (Berlín, 1976, vive en La Habana), quién presentó su libro de cuentos: “Photomatum”.

Luego de mi lectura se da un natural intercambio de libros con varios poetas que estaban entre el público, y de entre todos ellos, descubro la generosidad del conocido traductor de poesía alemana y austriaca Francisco Díaz Soler.

La Torre de Letras es un espacio para la literatura de la isla y del mundo entero; es la continuidad del enorme proyecto que la poeta y narradora Reina María Rodríguez abriera en la “Azotea” de su propia casa, hace muchos años atrás. Ahora, La Torre de Letras es muchas cosas buenas por y para la literatura: una colección de literatura para difundir a poetas, narradores y ensayistas de todas las latitudes, en artesanales, sobrios y distinguidos libros cosidos a mano; talleres literarios; conversaciones y debates; presentaciones de libros y biblioteca; ediciones de revistas; un espacio vivo donde se siente el arte y se admira a “La Giraldilla”, una escultura de bronce de casi dos metros, que contempla el mar y espera la llegada del amado.

 En mi antepenúltimo día en La Habana visito el Centro Cultural Dulce María Loynaz, también situado en El Vedado, en la majestosa casa donde la poeta vivió y murió. Me recibe con los brazos abiertos el director del Centro Loynaz, escritor y promotor cultural, Edel Morales. Y cuando me regala su antología “Lejos de la corriente”, lo descubro en su dimensión de poeta: Los pies desnudos. No tengo nada. /Sólo el amor /de una muchacha /y mis párpados abiertos. /Así puedo /correr sobre la hierba /húmeda y punzante. /Sabiendo/ que a esa certeza. /llamarán locura.

Edel me habla de las intensas actividades que se organizan en la casa de la gran poeta Loynaz; me regala algunos números de la revista de literatura y libros que editan: “La letra del Escriba”; y me obsequia el libro de poesía “Las Altas Horas” de Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961), Premio Nicolás Guillén 2003, a quien Edel considera una de las mejores poetas de Cuba. Luego voy a visitar al extraordinario poeta y calificadísimo melómano y musicólogo, Sigfredo Ariel, quien vive con su gato en un pequeño departamento ubicado en Centro Habana; y de quién solo había leído su bello libro: “Born in Santa Clara”. Ariel me cuenta de su reciente gira, en el marco de la Feria Cubadisco, acompañando a varias bandas de son, guaracha y bolero, al calor de un cafecito recién hecho; también me habla de su programa semanal de radio, donde dedica todo su conocimiento al bolero y el son. Y claro, al observar en su departamento, la inmensa colección de música cubana, una entiende por qué fue Sigfredo Ariel, fue el productor de la película “Buena Vista Social Club”.

Le pido que me firme su libro: “Escrito en Playa Amarilla”, quizá uno de los mejores textos de poesía, que se han escrito en la Isla, en el 2004.

 Ya se sabe no hay duda es la frontera /un lugar en el aire no se sabe si La Habana o Matanzas /casa que da al mar /hombre y hombre y mujer y mujer lo que tú quieras /una estación utópica en medio de la crisis /que se nutre de la crisis de pareja de ka crisis /en el oriente medio incluso en el oído medio /en medio de la noche cuando la gente dice busca un carro un cable submarino que te saque del mundo /esa clase de frases que muy lejanamente /rozan algo que de humano tienen la mitad /si acaso la mitad a la hora del alien asomando /uno alimenta la boca de la crisis y termina /sentado junto a ella en la mesa y junto a ella /en la cama y la lleva al cine lido y al día de camping /la mete en la cabaña de una playa de invierno /donde he venido por tres días  vivir /por tres perennes días con sus noches el eléctricas /se trata de que intentes caminar sobre una cuerda /mejor sobre una estría trazada en el suelo y el subsuelo /con carbón, sobre una raya que divide el territorio /de dos grandes amantes grandes enemigos /que estés en la frontera, que bailes en la frontera /en los huecos que han dejado /los improvisados remeros, la gente del ciclón /con sus vírgenes pintadas en la espalda /las sábanas hinchadas por el viento del este / o el oste ya no importa. 

Mi última mañana en La Habana fue para comprar libros en pesos cubanos, gracias a la gentileza, de un apasionado lector de poesía a quien conocí por casualidad, y a quién todos le dicen “El Gaucho”, y con este gaucho caribeño, dueño de una ternura sin igual, me adentro en cinco librerías para adquirir tesoros, que ahora he gozado en mis días en Quito, joyas que revelan por qué Cuba es dueña de una literatura tan potente. Libros que me permito citar a continuación, porque son verdaderas joyas:

 “Distintos modos de cavar un túnel” de Juan Carlos Flores (La Habana, 1962); “Absolución del Amor” de Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945); “Las Palabras son Islas, Panorama de la Poesía Cubana del Siglo XX”, de Jorge Luis Arcos; “Vibraciones del Buey” de Ricardo Alberto Pérez (La Habana, 1963); “Ejercicios para hacer de la esterilidad virtud” de Antón Arrufat (Santiago de Cuba, 1935); “Otras Cartas a Milena” de Reina María Rodríguez (La Habana, 1952); y la “Poesía Completa” de Ángel Escobar.

Por la tarde mi amigo Carlos Augusto Alfonso me lleva en su (Lada, color vino tinto) hasta el aeropuerto “José Martí” y otra vez el placer y el dolor, quizá por tanta belleza al saborear lo que se vive por primera vez y es capaz de otorgar equilibrio, en medio, de la turbación de los sentidos, me invade al despedirme, por primera vez de La Habana.

Categorías: Artículos Periodísticos

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