Aleyda Quevedo Rojas

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RODOLFO KRONFLE CHAMBERS: UNA CURADURÍA EN ESTADO PURO

Febrero 14th, 2008 · Dejar un Comentario


Por Aleyda Quevedo Rojas

Con una curaduría de Rodolfo Kronfle Chambers: Ecuador. “La vida en estado puro” cinco artistas ecuatorianos exponen en la muestra que permanecerá abierta hasta el 6 de enero del 2008 en el Museo del Barrio: The (S) Files de Nueva York. Los ecuatorianos son parte de una muestra de 51 artistas en total. Los demás artistas son latino-norteamericanos radicados en Nueva York. Cada evento de esta naturaleza que organiza el Museo del Barrio tiene un país emergente invitado. Esta vez fue Ecuador y así lo destacan sus organizadores. Sin duda, es la ocasión para conversar con uno de los más lúcidos conocedores del arte contemporáneo del Ecuador que encarna la imagen y la sabiduría del curador de arte, una figura que no existía en nuestro medio hasta hace algunos años, mas la exigencia del arte contemporáneo y las nuevas promociones de artistas ecuatorianos han hecho que surja esta figura que intenta poner en diálogo a una o varias propuestas artísticas y un público. Parecería que los artistas plásticos antes destinados a hacer de creadores, corredores de arte, montadores de sus exhibiciones, redactores de boletines de prensa, etc. Como los escritores en nuestro medio que tienen que ser creadores, impresores, difusores y comentaristas de su propia obra, porque no existe la figura del agente literario o en caso de la gente del teatro que les toca ser actores, directores dramaturgos etc. Hoy la figura del curador de arte, se hace indispensable en una muestra que se precie de tal, a esta figura debemos la sensibilidad que entable una muestra determinada con un público. En ese sentido no cualquiera puede ser un curador de arte contemporáneo, ya que mucho dependerá de su acervo y conocimiento del arte que tenga. Pero nos encontramos junto a Rodolfo Kronfle, él es una de las figuras más descollantes en el ámbito de la curaduría ecuatoriana y la primera pregunta que quiero hacerle parecería elemental, pero para esta entrevista resulta esencial:

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¿Qué es un curador? ¿Qué define y conforma este oficio?

Pecando de reduccionista un curador se puede definir, en última instancia, como una suerte de mediador entre una o varias propuestas artísticas y un público. Por lo general este personaje va a intentar ofrecer una mirada personal, una perspectiva puntual o una configuración dialogante y discursiva sobre un conjunto de obras que ha escogido exponer. Su bagaje y formación puede ser tremendamente heterodoxo (historiador, antropólogo, etc.) pero con un profundo conocimiento del campo del arte.

¿Qué es el arte contemporáneo? ¿Qué de nuevo trae pues incluso a los entendidos, críticos y comentadores, no sólo ecuatorianos de pintura moderna (y moderna clásica), les resulta no sólo arduo definir, sino incluso hasta repudiable esta manifestación?

El arte contemporáneo es un campo radicalmente plural y diverso en sus manifestaciones, tanto así que definirlo taxativamente resulta problemático. Sin embargo este paradigma se define por la distancia que toma de los métodos, conceptualizaciones y aproximaciones hacia el arte que definían la modernidad, entre estos la supuesta autonomía de la obra la cual, se tiene claro ahora, no puede vivir en un mundo aparte, sino que se contamina y nutre necesariamente de todas las influencias de un contexto, dialogando o reflexionando con el mismo.

El análisis de estas relaciones contextuales se da en un concepto expandido de la cultura y es aquí –para contestar a la segunda parte de su pregunta- donde entran en juego las dificultades de anteriores generaciones de críticos y espectadores, habituados al análisis meramente formal de las obras más no a tratarlas como “textos” que pueden generar múltiples lecturas que se nutren de perspectivas metodológicas y académicas ajenas al campo tradicional del arte. Es en este momento que las maneras de analizar, legitimar y valorar el arte se trastocan creando cierta confusión y resistencia en los espacios más conservadores y en quienes no han seguido nutriendo su pensamiento de los cambios concomitantes en la historia y en la cultura. El asunto se complejizó de tal manera que en efecto ha generado una tremenda confusión (ahí debería justamente entrar a jugar el rol de guía de las instituciones culturales), para muchos el sentimiento que les provoca es el de una indefinida caída libre, una suerte de salto al vacío, y que en lugar de ser asumido con responsabilidad, como un reto intelectual, prefieren la cómoda actitud del desdén y el refugio cómodo de lo ya conocido.

¿Por qué es que el arte contemporáneo produce resquemor en nuestro país? ¿Dónde se pueden fijar las fronteras con la pintura moderna? es la pintura arte contemporáneo?

El arte contemporáneo emplea todas las técnicas y medios de la tradición, la diferencia está en el tipo de uso que hace de ellas, se puede decir que los artistas hacen un uso selectivo de las mismas según lo que se quiera comunicar: se puede emplear un lenguaje con una intención estratégica de significación, se puede usar una técnica específica para activar ciertas filiaciones históricas, incluso es muy válido recuperar e incorporar haceres y modos de producción simbólica que no tienen relación con lo que llamamos arte, etc., en ese sentido por supuesto que existe la pintura contemporánea, un campo que como vemos puede ser muy amplio también. Tal vez una diferencia marcada con la pintura moderna sea el hecho de que la misma no tiene un afán de lograr originalidad, un artista contemporáneo por lo general le preocupa poco aquello de crear un estilo propio porque tiene conciencia de que está expuesto a una serie de influencias infinitas y además ha abandonado el cliché del artista genio e inspirado. Por otro lado el arte contemporáneo suele demandar una actitud menos contemplativa o devocional del espectador a cambio de una actitud más involucrada.

Siendo la producción artística latinoamericana contemporánea —y la del Ecuador en ella— esencialmente periférica en los mercados del centro (pues las obras de los pocos y casi siempre los mismos artistas que circulan por las ferias mundiales se ve más bien como fenómenos aislados), ¿tiene posibilidades de insertarse en ese mercado y provocar la atención con sus propuestas? ¿Cuáles son los modos y formas, los discursos que legitiman a este arte? ¿Juega el mercado un rol importante, como sucede con la pintura, en la legitimación de este arte?

El mercado es un ente hoy por hoy indivisible de las lógicas de circulación y legitimación del arte. A mi criterio el fenómeno cada vez más expandido de las ferias comerciales de arte va incrementando su cuota de legitimación -avalando ciertos artistas, determinados fenómenos y centros de producción- una “tarea” que anteriormente la cumplían con mucha mayor autoridad los museos y la academia. Este es un tema complicado, muy criticado por algunas corrientes de pensamiento, pero que a su vez tiene sus raíces en el sistema económico mundial, es decir que la producción cultural es indivisible de las lógicas del tardo capitalismo. Las llamadas periferias (hay que tener presente además que no hay un solo centro, sino muchos) solemos protestar por tener que jugar dentro de estas lógicas pero a su vez —muy en el fondo— nos sentimos deseosos de participar del gran banquete. Como prueba de esto basta ver cómo los artistas que provienen de sitios no hegemónicos y que logran insertarse en los circuitos del mainstream ya no se plantean a sí mismos —por ejemplo— como artistas latinoamericanos, sino que reclaman una suerte de cosmopolitismo que los convierta en artistas internacionales y punto. Estos son temas muy analizados y debatidos hoy en día, como son las nociones de lo global y lo local, la aspiración de crear otros circuitos de intercambio cultural con ejes “sur-sur” en lugar de “norte-sur”, etc.

¿Hay en el Ecuador artistas contemporáneos que destaquen fuera de sus fronteras por la calidad de su obra? ¿Quiénes son ellos?

Hay pocos pero creo esto cambiará, inclusive por las mismas lógicas del mercado y las demandas del mundo creciente de los museos y bienales, los cuales reclaman permanentemente nuevos actores, nuevos focos de atención, etc. No le quito ningún mérito a Tomás pero no creo que ni él mismo considere que es el único artista ecuatoriano digno de estar en una publicación de esa naturaleza. Este razonamiento lo aplico además a todos los seleccionados de Colombia, Argentina, etc. Es que no se puede reducir un continente con una producción tan rica y diversa en un libro, yo en lo personal estoy totalmente en contra del efecto que producen ese tipo de iniciativas, pero las entiendo como parte del juego mismo del mercado. Por otro lado soltar nombres así nomás me parece algo que puede ser muy antipático y con poca ética de parte de un curador, creo que el interés particular de cada curador es visible en su propio trabajo, soltar nombres así nomás sonaría como elaborar listas de recomendaciones para coleccionistas.

¿Cómo es la relación entre artistas y curadores? ¿Es que acaso el curador a adquirido más peso que el artista en el mundo del arte? ¿Es el artista necesariamente dependiente de las propuestas expositivas del curador?

Se trata de una relación complementaria, más no competitiva. Creo que la labor curatorial es esencial para lograr otorgar algo de sentido a la pletórica producción cultural y ha contribuido a profesionalizar el campo institucional. Por otro lado si reconocemos que existen muchos artistas curadores la pregunta planteada pierde un poco de peso, creo que un artista puede perfectamente prescindir de trabajar con curadores si así lo desea pero a su vez he constatado como se puede enriquecer su trabajo en un diálogo productivo con los mismos. La figura del curador se ha satanizado bastante porque efectivamente algunos profesionales adquirieron un grado de poder exagerado, pero creo que son excepciones.

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A propósito de la muestra en El Museo Del Barrio de Nueva York, el paisaje parecería ser el motivo, pero no, es sólo el pretexto para llamar la atención sobre la mirada, sobre las maneras distintas de mirar una geografía que nos contiene y parecería si no definirnos, si la historia oficial que nos cobija. ¿O de reveer las maneras como hemos venido viendo y viéndonos?

Tu pregunta es muy interesante porque parte de un involucramiento con la premisa curatorial que planteo, con la sugerencia de mirada que aspiro provocar en el espectador. A esta invitación tú has respondido con tus propias lecturas que es lo que me interesa, la idea es hurgar un poquito en cómo nos vemos o cómo nos pueden ver, yo propongo estas obras como una herramienta de conocimiento y aproximación a una realidad.

¿De qué manera proyecta esta muestra el trabajo de los artistas ecuatorianos?

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Toda curaduría parte de un juego de restricciones y parámetros (de espacio físico, de enfoque, de tema, etc.), en el momento que una institución como el Museo del Barrio en Nueva York te pide una propuesta para mostrar artistas ecuatorianos pensé enseguida que poco o nada se sabe no solo de nuestro arte sino de nosotros mismo como país. De ahí surge la idea de emplear al paisaje como una excusa para hablar un poco del Ecuador y de la nueva escena artística, poniendo en diálogo diversas propuestas donde la geografía se presenta como el denominador común. Me interesaba transmitir la idea de que existe un arte vibrante e interesante post-Guayasamín ¡y tenía que hacerlo empleando solo a tres artistas! Luego de que los curadores del museo conocieron y se interesaron un poco más en lo que se hace por acá pude ampliar la propuesta a 5 artistas. No creo que esto represente todo lo que sucede, eso sería imposible de lograr aún con el doble de artistas, pero creo que es un abrebocas que logra despertar la curiosidad por lo que ocurre en el país.

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¿Cómo se percibe, en la escena ecuatoriana, una muestra de este tipo?

Debo suponer que se tomará como algo positivo, el problema reside a veces en la escasa articulación pública que los medios de comunicación hacen de un fenómeno así. Al arte se le da muy poco espacio en los medios por un lado y por otro lado el criterio de cobertura no suele ser el más ponderado o exigente. Se suele cubrir a quien tenga mejores contactos y no necesariamente a quien esté ofreciendo algo de nivel.

Los artistas distintos, o los colectivos de artistas que existen en el país, ¿saben valorar eventos como este?

No lo sé, espero que sí, aunque siempre habrá quien sufra el síndrome de “quítate tú para ponerme yo”. Estoy seguro de que esto abrirá la puerta para nuevas oportunidades de visibilidad.

Usted señala que la muestra de los artistas ecuatorianos que participan en la Bienal del Museo del Barrio de Nueva York, se fundamenta en el paisaje, pero no en el paisaje tradicional, sino en el enfocado como un telón de fondo que ayuda a situar un conjunto de condiciones propias del contexto. ¿Para usted cuál es el telón de fondo que el Ecuador ha vivido en los últimos 15 años?

Bueno se trata de un escenario convulso en todo sentido, el cual ha obligado a pensadores –y aquí incluyo a los artistas- a generar reflexiones del porqué de esta situación. Estos paisajes intentan poner en perspectiva la inestabilidad política, la historia, la guerra, la identidad, nuestra posición en el mundo, nuestra economía, etc., en conclusión muchos de los temas que nos definen como país y cómo individuos.

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La frase: La vida en estado puro, en su curaduría es una ironía o ciertamente cree que el paisaje tradicional ecuatoriano resulta más convulso y complejo que la vida en estado puro que propone el Ministerio de Turismo del Ecuador.

Claro que conlleva un giro irónico, pero a mi modo de ver esa ironía no la impongo yo, es que simplemente es un desvarío pensar que en el Ecuador vivimos la “vida en estado puro”, a mí me parece perversamente tragicómico. Esto no es una crítica al Ministerio de Turismo cuya función es “mercadear” al país y pues para eso —igual que en todas las campañas turísticas de países similares— hay que emplear ganchos publicitarios de este tipo, pero el slogan me resultó una buena plataforma para generar un diálogo con las obras y contrastar aquel ideal con la realidad.

Es decir, que si uno mira detenidamente la obra de cada uno de los ecuatorianos de esta muestra ¿puede seguir una huella histórica de la nefasta etapa política y económica que el país ha vivido en los últimos 15 años?

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Creo que cada obra puede iluminar algún aspecto que nos hable de aquello, quiero enfatizar, sin embargo, que más allá de los contenidos que estos trabajos transmiten, los escogí, además, porque son estupendas obras, las cuales hacen usos muy inteligentes, sensibles y significantes de los medios de representación que emplean, donde forma y contenido están entrelazadas de manera decantada.

¿Hasta qué punto estos referentes históricos ecuatorianos pueden resultar interesantes a los visitantes del Museo del Barrio en Nueva York?

Pues yo creo que mucho ya que toda producción artística está informada por un contexto particular, y estas problemáticas más allá de señalar especificidades de nuestro país pueden fácilmente resonar y generar identificación en espectadores de cualquier proveniencia, lo mismo pasa cuando nosotros vemos arte producido en otras latitudes, obras que pueden aludir a la historia francesa, a la realidad cubana o africana, etc.

Usted destaca los paisajes fotográficos, en tomas únicas de María Teresa Ponce, que producen un diálogo con el paisajista imbabureño Rafael Troya de principios del siglo XX. Es decir, que el paisaje contemporáneo, no puede olvidar la gran tradición de la pintura paisajista. ¿Sí o no y por qué?

 

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Como le mencionaba antes el arte contemporáneo puede usar la tradición para hablar del presente. En el caso de Ponce —en sus fotografías de los paisajes atravesados por el oleoducto— ella subvierte los cánones estéticos de un paisajista tan importante como Troya para hablar de una promesa de riqueza y progreso no cumplida. Troya enfatizaba la magnificencia del gran panorama por sobre la figura humana, y lo que hace Ponce es invertir esta relación para que reparemos en la importancia del ser humano dentro de estos imponentes parajes.

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Entonces llegamos a lo que Octavio Paz, ese gran pensador del arte contemporáneo, llamó en la literatura: ruptura de la tradición o tradición de la ruptura ¿Recoge este concepto su curaduría?

Creo que el pensamiento de Paz no se adapta al espíritu de estos artistas ni a lo que yo pretendo. El ímpetu de la ruptura es un impulso moderno, uno en que cada nuevo movimiento debía negar y obliterar al anterior. En el caso de Ponce y muchos otros artistas, en vez de negar las posibilidades de significación de todo el acervo del pasado, se mira a toda la creación simbólica de la humanidad como una inmensa cantera de materia prima con la cual se puede trabajar, jugar, resignificar, etc., para comentar el presente.

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