Aleyda Quevedo Rojas

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FERNANDO IWASAKI: el amor se hace con humor

Febrero 14th, 2008 · Dejar un Comentario

Aleyda Quevedo Rojas

El escritor peruano radicado en Sevilla estuvo en Quito para presentar su novela “Libro de mal amor” (Alfaguara serie roja), un libro delicioso que cultiva el arte de la risa y el deseo…

Historiador, escritor, melómano, especialista en flamenco, padre de tres hijos, felizmente casado 21 años, columnista del Diario ABC de España y editor de una de las mejores revistas de poesía que se editan en Hispanoamérica llamada Renacimiento, Fernando Iwasaki estuvo en Quito para presentar una novela del mal amor que es una declaración de humor y un tesoro literario que recupera el amor esencial.

Iwasaki tiene 45 años, nació en Lima, es autor de una docena de libros que van de la novela, al relato, y del ensayo a la historia. Reside desde 1989 en Sevilla y dirige la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco. Conversó con COSAS, al calor de un pisco sour, y nos confesó que “todo lo que uno hace por amor y es contemplado por los demás siempre es ridículo”.

Efectivamente, para escribir del mal amor, de los fracasos románticos, de los amores que no se realizan y que duelen; para escribir solo del lado platónico y de los actos absurdos y coherentemente ridículos que los enamorados hacen, hay que escribir desde el buen amor, es decir, desde el amor sin culpas ni resentimientos, y totalmente desde la risa. Esto exige haber vivido un buen amor, la complicidad de una pareja, la amistad del otro y la realización erótica. De esto va su libro, 10 historias que llevan el nombre de una mujer, 10 amores que se tejen con un hilarante sentido del humor, 10 momentos de la vida de un joven, narrados entre lo culto y lo popular, que Alfaguara erróneamente, recomienda para chicos de secundaria, vaya encasillamiento comercial…

Desde tu territorio de escritor, ¿cuál es la frontera, sutil y delicada, que estableces entre erotismo y sexualidad?

La relación que existe entre el erotismo y la sexualidad es casi la misma que existe entre los teoremas. Es decir, el erotismo no necesita demostración, al igual que los teoremas, porque el erotismo es lo que sugiere y la sexualidad es lo explícito. El erotismo es el quid de la cuestión y la sexualidad es el kit de la cuestión pero con K. La sexualidad necesita parafernalia y requiere un botiquín de primeros auxilios sexuales, el erotismo no.

Para escribir un Libro de mal amor, se requiere haber vivido también el buen amor, el amor pleno, y en esa plenitud del amor ¿qué papel juega el sexo?

El sexo puede ser fundamental pero también puede ser una funda mental. El sexo, creo que de alguna manera, enriquece el amor pero no necesariamente lo culmina. La sexualidad, además, es muy diversa, puede ser de uno, de dos y a veces hasta de tres. Mejor que sea de dos porque así se conoce a la gente.

Las 10 mujeres que están en tu novela, que podrían ser una sola, o que pueden ser mil, me dicen que has explorado mucho en la estructura emocional de las mujeres, en la sicología de lo femenino. ¿Esto es así, es una preocupación tuya como escritor?

De alguna manera sí, pero en este Libro de Mal Amor quizá no hay tanto este trabajo porque lo que he tratado de hacer en este libro es reírme de mí mismo, y deconstruir todos los comportamientos absolutamente ridículos que tenemos los hombres cuando nos enamoramos, y no hay quizás un estudio de las mujeres. Pero en otros cuentos míos y en otros libros sí. Por ejemplo, en el libro titulado: “El Harte de Amar” y en otro libro titulado: “Un milagro informal” allí sí hay historias en las que exploro el lado femenino. En la mitología griega hay un personaje muy interesante que es el adivino Tiresias que era ciego y que supuestamente, siete veces a lo largo de su vida, fue metamorfoseado en hombre y mujer- hombre y mujer. Entonces, un día cuando los dioses discuten quien disfruta más del sexo si el hombre o la mujer, van a preguntarle a Tiresias que es el único que podía dar testimonio de las dos partes y Tiresias dijo algo así como que si el placer sexual tuviera siete partes, seis le corresponden a la mujer. Es decir, de todas las posibles formas de placer, la mujer es capaz de experimentarlas todas. A mí eso, que está en los mitos griegos, siempre me ha interesado. En estos libro que te cuento, hay relatos en los que he tratado de investigar cuáles podrían ser esas seis partes del placer femenino. Me parece, que a diferencia del hombre, creo que la mujer sí puede disfrutar con el pensamiento. El primer órgano sexual es el cerebro, eso está muy claro. Creo que una mujer siente placer con un abrazo, con una mirada, con una sonrisa. No necesita llevarse al tío al huerto, le basta incluso con saber que ella podría. Esa es una forma de placer que creo que a los hombres nos haría muy felices conocerla. Ser capaces de decirle a una mujer, con la que sabemos que nunca vamos a tener o hacer nada, decirle que somos felices porque ella existe. Solo una mujer puede tener la certeza de que hay alguien que no la va a olvidar nunca.

¿Cuál es el sitio que ocupa la seducción en el arte de amar que practica Fernando Iwasaki?

En el Harte de Amara hay un conjunto de microrelatos eróticos que se titulan “Fantasías textuales”, donde he intentado, desde el lado femenino, explorar el tema de la seducción. Creo que el hombre no es el que seduce, a lo mejor él creo que es el que seduce. Tengo la sospecha de que si una mujer no quiere ser seducida no emite ninguna señal, es el hombre el que va cayendo progresivamente en esas añagazas que la mujer que quiere ser seducida le poner por delante, y a lo mejor el seductor más experimentado es aquel que es capaz de interpretar esas claves, y no el que cree que hay trucos y fórmulas a las cuales recurrir, eso es absurdo, es parte de las mentiras y espejismos machistas. Si una mujer no quiere ser seducida no es seducida.

Tú has dicho que un escritor es lo que ha leído, entonces, ¿quién es Fernando Iwasaki como escritor, qué ha leído, cuáles son sus referentes de cabecera?

Mira, yo no quiero dármelas de sofisticado, para nada, yo comencé leyendo cómics de super héroes y si yo no hubiera leído esos cómics, te aseguro que después no hubiera entendido a Borges, así de sencillo, si no leía de niño Los cuatro fantásticos, luego no entendía el Libro de Arena de Borges. Quiero decirte que yo no puedo ir por la vida diciendo que siempre leí a Vallejo a Steiner o Tolstoi, yo comencé leyendo cómics, luego las fábulas de Esopo, me leí los cuentos de Los Hermanos Grim, luego Andersen, después pasé a Julio Verne y luego a Stevenson, y leí a Marc Twin, pero también leí Tarzán, Bomba el Niño de la Selva, hasta que de pronto leí Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa. Hasta que llegué a Borges, que es para mí el autor que ordenó a todos los autores que había leído, Borges fue el escritor que le dio sentido a mis lecturas infantiles y las articulo y me preparó el camino para leer a otros autores. Osea que mi primera experiencia textual no fue con Joyce, fue con Kalimán.

¿Crees entonces que la literatura mala te lleva a la buena?

Creo que hay que ser un lector promiscuo y omnívoro y lo importante es que un libro te lleve a otro libro. El lector debe ser como el capitán Ajax nunca vas a cazar a Moby Dick pero tienes que estar siempre detrás de ella.

Finalmente, quiero aprovecharme de tu formación como historiador para que nos cuentes un poco, ¿cuál es la influencia de la cultura japonesa sobre el Perú? Finalmente, llevas un apellido japonés.

Los descendientes de japoneses en el Perú somos una minoría más dentro de ese mosaico en el que uno encuentra descendientes de alemanes, colonias judías, italianas… Yo mismo tengo un apellido italiano, soy Fernando Iwasaki Cauti, la familia de mi mamá era guayaquileña italiana, y la de mi padre japonesa peruana. Yo nunca había sido consciente de lo que significaba pertenecer a esta tradición cultural hasta que no viví fuera del Perú. Cuando viví en España me di cuenta de esto, la gente me paraba en la calle y me decía: “usted es Iwasaki, pues lo felicito, porque ha aprendido a escribir el castellano muy bien”. Y estos malentendidos me llevaron a pensar que tengo algo exótico que debo explorar. Mi familia nunca frecuentó la colonia japonesa en el Perú, mi abuelo llegó al Perú con la migración que vino de Francia, y a mí ahora sí me interesa este tema. Tengo un proyecto de escribir una novela sobre mi abuelo, él nació en el siglo 19, emigró primero a Francia, luego llegó al Perú, murió en circunstancias muy extrañas y todo me lleva a pensar que le debo una novela. He tratado de estudiar la cultura japonesa, y yo estuve por Japón, incluso fui profesor en una universidad japonesa, ahora me siento cercano a esa cultura. Incluso quiero profundizar en el japonés como idioma.

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