Soufres Maris
Se paciente marido mío,
y no sufras enojo:
tu me tendrás mañana
y mi amante esta noche.
Te prohíbo decir palabra alguna.
Se paciente, marido mío,
y no sufras enojo:
la noche es corta,
pronto me tendrás de nuevo;
cuando mi amante haya tenido su placer.
Este bellísimo anónimo francés del siglo XIII sugiere que la lujuria es una emoción que siempre ha acompañado a mujeres y hombres desde antes del siglo XIII y, con seguridad, hasta mucho después del siglo XXX. La lujuria está íntimamente vinculada al territorio de la psicología y a los dominios, aún, desconocidos del cuerpo.
Entonces, la primera lección que me deja la lujuria es la certeza de saber y sentir que algunos excesos son indispensables para vivir más feliz, más completa, totalmente alejada de
Nadie puede vivir sin excesos: de amor, de compasión, de solidaridad, de ternura, de pasión, de amigos, de hacer el amor, de caminar, nadar y respirar. Excesos ideales, pero que hay que desearlos y procurar vivirlos.
El exceso de sensualidad ha sido definitivo en mi escritura ¿Cómo estructurar las emociones, las imágenes, las palabras lascivas en un poema, si de ello depende hacer que se vuelva erótico o pornográfico? Del grado de sensualidad y del punto de obscenidad depende el poder del poema. Ya que en un poema pasa lo mismo que en una película XXX: decir o mostrar una vagina o un pene en un primerísimo primer plano, no tiene el mismo impacto que colocar una vagina o un pene con determinadas palabras o con los recursos artísticos que el cineasta crea con la luz y el ritmo de sus imágenes. Ese recurso es la sensualidad, una cualidad inherente a la lujuria y los deleites carnales y del arte erótico.
Las palabras llevan a la lujuria, mucho más que la piel y los cuerpos. Las palabras pesan por sí solas y retumban en la conciencia o el inconciente, por ahí empieza una relación sexual. La primera palabra es como la primera piedra y quien la lanza no podrá esconder su cuerpo.
Y no hay que sudar tinta china, al menos en nuestro medio, según García Marquez, para nombrar al organo sexual masculino: pito, fierro, palo, huevo, pipi, pene, falo, flauta, pistola, paquete, canario, banano, dedo sin uña, mazo, paloma, pepino, pija, picha, pinga, pollo, trola…Yo mismo suelo exclamar: ¡Qué verga!, cuando algo me sale mal o porque el gobierno sigue sin entender el clamor ciudadano.
Alguién podría decir que lo que sostengo son obscenidades, ofensivas al pudor, que estoy atentando al recato y
La segunda lección que me ha dejado este apetito desordenado es la capacidad de romper con lo establecido como políticamente correcto o casto y puro. La lujuria despierta en mí un vicio feroz por la belleza del cuerpo masculino y femenino. Ahora disfruto inmensamente y sin culpas mirar a Mónica Bellucci en el filme Irreversible, tanto como gocé con los movimientos del cincuentón Miguel Bosé en el escenario del General Rumiñahui la noche del jueves 19 de mayo, desde mi butaca en preferencia. Música, estética, baile, poemas contra la guerra, luces, efectos, pantallas gigantes mostrando su torso, se puede decir que fue un espectáculo para alimentar mi cultura de
Por último podría decir que una lección que me ha prestado la lujuria tiene que ver con esto que escribió Octavio Paz: “el erotismo es imaginario: es un disparo de la imaginación frente al mundo exterior”.
El sueño es el vehículo del erotismo, para llegar a desentrañar nuestra propia sexualidad hay que pasar, en algún momento, por las estepas de
Como un juego de espejos que se multiplican y se desvanecen, como todo lo que hace daño pero que otorga tanto placer, así, como la sensación de prohibir y quebrar las leyes, en ese fondo están las lecciones que me ha dado la lujuria y que me han permitido confeccionar poemas menos pacatos, así lo creo, por lo menos yo.
Publicado en revista SoHo, 2005.
1 respuesta hasta ahora ↓
1 FRESIA // Abr 20, 2008 at 11:25
me encanto todo tu comentario palabras tan ciertas, llenas de erotismo son un placer leerlas.
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