Aleyda Quevedo Rojas

Soy mi Cuerpo

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WILSON PICO, 40 años en el territorio del cuerpo

Febrero 12th, 2008 · Dejar un Comentario

A primera vista parece un maestro zen. Ojos rasgados y pequeños, cabello negrísimo, actitud de meditación. A segunda, podría ser un instructor de yoga y artes marciales por la fortaleza de sus brazos y piernas y los dedos largos y bien definidos de sus manos. Pero su calma y disfrute al hablar, el ritmo sostenido de su respiración y su mirada serena y fija en un punto de tu rostro lo delatan como un artista que contempla y se deja contemplar.

Wilson Pico (Quito, Ecuador 1949), cumple 40 años de trayectoria en la danza y la coreografía. Y los cumple con una definición conceptual de su estética, algo que él ha decido llamar: El Teatro del Cuerpo.

“Luego de estos años estuve pensando que lo que hago es una dramaturgia del cuerpo. Bajo este tiempo que me ha tocado vivir estuve intentando sacar mi propia voz, estuve buscando y sigo haciéndolo y en ese proceso continuo en una búsqueda interior profunda. Y en la vida hay momentos raros y misteriosos en los que una persona logra sacar esa voz”.

Con la calma lúcida de un monje tibetano Wilson habla apasionadamente del equilibrio entre el cuerpo y el alma para bailar, de esa alquimia perfecta que se logra conectando el mundo interior con el reconocimiento del territorio del cuerpo, de lo físico, lo vital. Esa lucidez y convencimiento por la danza como la forma de expresarse y de estar en el mundo, lo han llevado a convertirse en el coreógrafo, bailarín, maestro y director más importante del Ecuador y en uno de los más prolijos de América Latina.

Wilson Pico tuvo formación en danza clásica de 1967 hasta 1970, en Quito. Su ímpetu creativo, inquieto como un volcán activo, determinó que a los veinte años, en 1970, estrenara sus cuatro primeras obras en el recital “Coreografía Experimental”. Su ruptura con la danza clásica lo impulsó a crear un estilo, y su formación desde entonces fue prácticamente autodidacta, aunque aprendió recursos coreográficos con el maestro chileno Germán Silva y técnicas de expresión corporal con Pascal Monod.

Posteriormente, recibió entrenamientos diversos (1974, 1976, 1977) de técnicas de danza moderna en Venezuela, México y Nueva York, que le sirvieron para enriquecer su propia técnica y su lenguaje dancístico. Pero es Pascal Monod su primer gran referente en el camino hasta encontrar su propia voz. Esa voz que recorre el cuerpo hasta llevarlo a plantear un concepto, una estética única y universal.

Wilson reconoce dos inicios en su vida con la danza y la coreografía: “el académico comenzó cuando tenía 17 años y fui a la Casa de la Cultura a las clases con la maestra Noralma Vera. Al principio fui a buscar novia, esa era el interés que nos movía a mi hermano Julio y a mí. Luego, nos dimos cuenta que nos encantó la disciplina de la danza. Y desde ese momento me dije: voy a ser coreógrafo, era como una certeza. Vi que la danza era hermosa, lúdica, auténtica”.

Pero cuando le pregunto si hubo algo, un acontecimiento, un rasgo, un simbolismo, un momento en su infancia que su cuerpo memorizara y registrara para siempre como el inicio en la danza, Wilson, se emociona y confiesa: “Sí, muy pequeño, quizá de 5 o 6 años, mi padre me pedía ayudarle a hacer adobes, y mi cuerpo grabó para siempre esa danza de mis pies danzando entre el agua y la tierra. Mis pies descalzos entre la suavidad y la tibieza del barro. Mi cuerpo recuerda también que me encantaba, cuando mi padre que trabajaba en una destilería, me introdujera en un tonel de madera para pisar las uvas con mis pies, con el peso de mi cuerpo de niño que creció en un barrio”.

Danzando entre el marrón del barro y el morado intenso y aromático de las uvas, creció Wilson Pico y siguió hasta encontrarse con documentales de José Limón y Martha Grahan y reafirmarse en sus intuiciones, y más tarde aprender de Pascal Monod y entender que la danza era un mundo más allá del ballet clásico. Y con Monot llega la certeza de que para hacer danza había que quitarle cosas al cuerpo y dejarlo más leve, más limpio, en un estado ideal para la creación. Wilson afirma: “Monot me marcó para siempre, sus enseñanzas fueron definitivas. Me sacó de lo clásico para ponerme a pensar en otras formas de la danza y de la expresión del cuerpo.

Luego llega al país el chileno Germán Silva, su otro referente, y este le aporta una serie de ideas sobre la coreografía y ya en 1969 Pico se convierte en el primer coreógrafo del país.

“Me convierto en el primer coreógrafo del Ecuador y cuando llego a México y a Nueva York me doy cuenta que no existen escuelas para aprender a coreografiar, solo te enseñan técnicas para danzar. Y comienzo a desarrollar una serie de métodos e ideas para escribir mis coreografías”. Otra vez interrumpo a Wilson para preguntarle cómo se escribe una coreografía, como se escribe el ritmo, la velocidad, los giros, los diagramas, el color y la luz del escenario, en fin…la estructura de la coreografía que se bailará.

Pico responde: “Una coreografía es como varios dibujos de Kandinsky. Diagramas, sensibilidad musical, teatralidad, altura, vestuario, luz, colores, atmósferas, profundidad. Ya van 130 coreografías y de esas solo hemos podido filmar 20. El coreógrafo equivale a un escritor. Hay que tener la capacidad de imaginar, inventar y luego ponerlo todo en un papel para lograr estructurarlo en el escenario”.

Dentro de este notable corpus coreográfico, Pico ha aportado con propuestas que han alimentado al arte escénico latinoamericano como la incorporación de una temática de lo nacional-popular, de lo marginal, de lo cotidiano, de lo mágico ancestral, de lo urbano, del shamanismo, y propuestas estéticas formales, como la danza en espacios alternativos y danza-teatro.

En 1972 fundó el primer grupo de danza moderna del país, el Ballet Experimental Moderno, BEM, que revolucionó el mundo dancístico del país. Más tarde, fundó y dirigió el grupo Estudio, en Quito, en 1979. Luego fundó y dirigió el grupo Vivadanza, en 1982. En 1984, fue co-fundador del Frente de Danza Independiente, del que es actualmente Director General. Y el 23 de agosto hizo su debut un nuevo grupo formado por Pico: Hilo de Plata, que parte del concepto desarrollado por Wilson del teatro del cuerpo.

Y el mundo se abrió para este artista ecuatoriano universal, este artista que además conoce el violín, las notas y las partituras. El mundo supo desde 1975 de sus recitales como solista. Y así, solo con su cuerpo ha ofrecido más de mil quinientas representaciones en Ecuador, Colombia, México, Estados Unidos, Costa Rica, Venezuela, Perú, Bolivia, Brasil, Puerto Rico, Nicaragua, República Dominicana, Argentina, Canadá, Inglaterra, Gales, Alemania, Italia, Francia, Dinamarca, Austria, Polonia, Holanda, Argentina y Japón, países en los que, además, ha impartido talleres y seminarios de danza para actores, bailarines y la comunidad. Su constante en estos 40 años de danza y coreografías: ser un auténtico artista independiente.

“Ahora soy un bailarín más activo que nunca, soy un artista independiente, formo nuevas generaciones de bailarines, comparto todo lo que aprendí en este arte, me siento bien, así como estoy, como vivo ahora. Creo en el país y amo mi trabajo, la danza me ha llevado a lugares increíbles y me ha colocado frente a gente muy especial. Aprendí a tener respeto hacia todos los públicos, se que la vida es un baile y yo bailo la vida todos lo días y noches”.

A profunda vista Wilson Pico me sigue pareciendo un maestro zen que baila entre las buganvillas en flor de un amplio jardín cuyas paredes tienen dibujos de Kandinsky que él ayudó a pintar.

Pico es uno y otro es coreógrafo y es bailarín. Wilson Pico sabe contemplar y cómo hacer para ser contemplado.

Desde los ojos de la prensa, el arte de Wilson Pico…

En 1970, la prensa nacional reseñaba el arte de Wilson Pico, así:

…un nuevo y joven coreógrafo y como fruto de una cultura artística aprendida en su totalidad en el Ecuador: Wilson Pico… un trabajo realizado a base de un continuo analizar y sentir la problemática actual, lo que ha dado como resultado una nueva forma de danza, que podría llamarse de vanguardia”, con este comentario Diario El Comercio se adelantaba a definir la estética de Pico.

La prensa internacional, comentaba el arte de Pico, en una página de la Revista “Alternativa” de Bogotá, en 1976, luego de una presentación, esto:

“Inesperadamente, una de las cunas visibles de la nueva danza parece hallarse en el Ecuador encarnada en un cuento macondiano. Con una técnica elevada, una disciplina rigurosa y una fantasía poética que abre vía ancha al experimento en el gesto y la expresión del cuerpo, Wilson Pico comienza a elaborar un nuevo género que borra fronteras entre mimo, danza y teatro.

Y News Press de Santa Bárbara, California en 1977 escribía sobre Pico: “Por un lado, sus obras surgen del estudio de personajes, en el que las observaciones precisas sobre individuos específicos se consolidan con la dialéctica del comentario social, sin perder nunca de vista las realidades distintivas de la vida cotidiana. Por otro lado, hay una vitalidad emocional expresada en el conjunto de imágenes abstractas del movimiento puro, lo que es una expresión de su talento”.

En la publicación Uno más Uno de México D.F. en 1980 aparece una definición de lo que más tarde sería un rasgo definitivo en la danza de Wilson Pico:

“Sus obras se posesionan del público porque la descarga humana es poderosa. Pico es lo que baila, y despojado de todo formalismo gratuito, sus movimientos son una síntesis de su pensamiento, de sus afectos, de sus percepciones. Sus imágenes son concretas, concentradas, compactas, a la vez que universales en su arraigo a lo medular”.

“La oferta que Pico hace en el escenario es subvertir los sentidos de manera que se libere la percepción primitiva del mundo”, era la reseña de la Revista de la Cultura, San José de Costa Rica, 1990, a propósito de una presentación impecable que hizo Wilson Pico en este país al que siempre está volviendo por los múltiples admiradores que lo reclaman.

… Pico es un auténtico portavoz de un personaje salido de una de aquellas representaciones medievales llamados milagros.

El Nuevo Día, Puerto Rico. 1994, por Max Gonzalez.

Una delicada y al mismo tiempo visceral muestra de retratos danzados, típicos del imaginario latino.

Festival de Londrina Memoria, Brasil, 1996

El espectáculo de Wilson Pico es un montaje lleno de códigos misteriosos y de signos escondidos que se caracterizan por una expresividad excepcional.

Gazeta Wyborkza Wielkopolska, Cracovia, Polonia, 1996

Bocetos de caracteres humanos, mas vibrados que bailados… Danzas de tiempo emocionante donde se deja sentir el humor en medio de la tristeza

Landeshaupstadt, BK Stuttgart, Alemania1997

Wilson Pico ejecutó un solo muy interiorizado, un género de danza que el espectador siguió sorprendido. Su danza es una larga errancia interior… Es un género de teatro íntimo, muy punzante, pero al mismo tiempo severo y profundo.

Le Saisons de la Dance, Nantes, Francia, 1997, por Philippe Verriele.

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