Aleyda Quevedo Rojas

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ARIEL MAGNUS: UN CHINO EN BUENOS AIRES O SU RELAJADA ESCRITURA

Febrero 12th, 2008 · Dejar un Comentario

El escritor argentino Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975) vive desde hace un mes, en plena Patagonia, dedicado exclusivamente a escribir. Acaba de ganar dos importantes premios literarios otorgados en Colombia: la tercera convocatoria del premio de novela NORMA “La Otra Orilla” dotado de 30 mil dólares y el de novela breve Juan Castellón, cuyo monto asciende a 15 mil dólares, por su obra “Muñecas” ¿Un especialista en ganar premios? Lo que no cabe duda es que su novela “Un chino en bicicleta” se lee de un tirón y combina inteligentemente varios géneros literarios y notas periodísticas.

Novela que habla de los chinos en Buenos Aires, es una narración muy porteña. Algo así como lo que sucedió cuando Wong Kar Wai, quien hizo el inolvidable filme “Happy Together”, igual o mejor que un cineasta argentino. Es decir, tenía que llegar un director chino para hacer una de las películas más porteñas de toda la Argentina. Y a Ariel Magnus, al igual que a mí, nos gusta creer que esto es así, dato que me lo confirma durante un diálogo que mantuvimos en el Hotel Dan Carlton en Quito, durante su visita al país, como parte de la gira hispanoamericana de presentación de la novela.

“Un chino en bicicleta” es una deliciosa narración para devorársela en un solo día y seguir con ganas inmensas de leer más cosas de Ariel Magnus. Sí, así es esta novela desenfadada, que mezcla poemas y notas periodísticas, datos y notas de la Internet, con la inteligencia de un autor que se ríe de la academia y lo solemne, hasta lograr un personaje que navega en el barrio chino de Buenos Aires (el Bajo Belgrano) como si se tratara de una navegación por algunas de las pasiones más argentinas: la amistad, el amor, el fútbol, la política y la risa.

Ariel cuenta que la novela partió de una historia real: un ciudadano chino fue apresado en Buenos Aires, acusado de incendiar varios locales comerciales, y le pareció el sospechoso perfecto para armar una trama, luego de hablar con el abogado que llevaba el caso, Magnus arrancó con la historia.

Li es un chino pirómano que secuestra a Ramiro Valestra, quien asistió a su juicio como testigo. Así, el escritor construye a un personaje (Ramiro Valestra) ideal para entrar en el mundo chino bonaerense: no tiene familia, no tiene a quien reportarse y no sufre con el secuestro, al contrario, se adapta a su nueva vida china y lo toma todo muy relajado. Valestra es el personaje perfecto para hablar de los chinos, su cultura, sus movidas y tratos en el centro de Buenos Aires. “Necesitaba alguien vacío para que absorbiera todo lo chino, y Ramiro era perfecto, sin familia y sin preocupaciones”, subraya Magnus.

Incluso, hace que Valestra se enamore de Yintai o se convierta en el mejor amigo y cómplice del pirómano Li.

Los episodios de enamoramiento y amor con Yintai son piezas muy bellas en la novela, consigue atmósferas muy visuales y metafóricas.

Hasta ahí, algo de la trama, pero lo más impactante y vertiginoso es la manera como está armada: pequeños capítulos, citas de filósofos y pensadores chinos, que el escritor leyó durante la redacción de la novela. Ahí están Confusio, Lao Tsé y los principios del Tao, su propia visión de lo chino en Buenos Aires, poemas y fragmentos hilarantes de cómo los chinos pronuncian el castellano. Vistas así las cosas parecería que escribir esta novela para su autor fue un divertimento. Entonces le pregunto que cuándo empezó a escribir y por qué. Y a Ariel, le sale una reflexión que habla mucho de cómo ve la literatura y los premios:

“Creo que empecé con los libros cuando tenía 8 años. Yo armaba libros, me gustaba el objeto libro, y los construía y coloreaba. Después, a los 18 años, me lo tomé más en serio y fue así que hice mi primera novela. Siempre estuvieron en mí los libros de viajes y los libros que mi abuela me regalaba. Mas nunca me interesaron los libros de biografías de escritores, los escritores mismos, los suplementos culturales y los talleres, eso nunca me interesó. Incluso, creía que los premios literarios solo se los ganaban los amigos de los jurados. Pero ahora pienso que los premios son un estímulo para seguir escribiendo. Yo no conocía a ninguno de los jurados y cuando los vi para recibir el premio en Cali, me gustó sentir que ellos premiaron, lo que más les gustó”.

Este año, el jurado del premio Norma de novela “La otra orilla”, estuvo integrado por personalidades del mundo de la literatura de muy alto nivel: el argentino César Aira, quien señala sobre esta novela: “Una fábula de aprendizaje y, dentro de ella, una historia de amor, en la cual proliferan las aventuras, los chinos, y las mil caras de la más feliz de las pasiones argentinas: la amistad”; el colombiano Santiago Gamboa, quien dice: “Con un tono divertido, preciso y conmovedor, Un chino en bicicleta nos relata la historia de una amistad en una Buenos Aires recién fundada para la literatura: la de su comunidad china”; y la española Nuria Amat, apunta: “¿Un nuevo Cortázar de la narración? No se pierdan estas aventuras y desventuras de un chino en la Argentina”.

Ariel Magnus, antes de los premios que ha recibido este año, se ganaba la vida como traductor al alemán y como periodista de algunas revistas, ahora es un autor con dos libros que lo llevan de gira de presentación y con una agenda en los medios que casi llega a agotarlo. Ese es el juego le digo, y él confiesa ser un apasionado por el fútbol, y aunque petiso (bajo de estatura) siempre ha sido arquero; y como todo argentino que se precie es un conocedor del mundo del fútbol. Borges decía que no hay ninguna nobleza en ver a 22 hombres corriendo detrás de una pelota, le acoto. Y casi como un reproche me dice: Y bueno, Borges es Borges. Claro que sí, y Magnus es Magnus por eso en su novela el fútbol es narrado no desde su pasión personal, sino desde la de sus personajes: chinos yendo a la cancha, niño llevado al estadio contra su voluntad o una colección de los mejores vituperios que uno puede escuchar en las gradas durante el partido. Hay humor y poder de seducción en su forma de narrar, donde la realidad se convierte en anécdota para dejar paso a la imaginación. Igual que la foto de la tapa del libro, que consiste en una imagen del restaurante chino Todos Contentos, real del Bajo Belgrano y muy fuerte en la imaginación que adquiere en la novela.

Al consultarle si conocía Quito antes, manifiesta con mucho cariño, que vivió 4 meses en Quito, como bartender en el año 1995 y que de esa época guarda un afecto muy fuerte por la gente y por las montañas quiteñas. Y cuando le pregunto por la literatura ecuatoriana se disculpa de su ignorancia como si hubiera cometido un error. Para aligerar su peso, le digo, está bien no eres el único escritor que no conoce nuestra literatura.


Magnus comenzó a publicar hace dos años, los libros: “Sandra”, 2005 y en el 2006 “La abuela”, una crónica basada en su abuela Lisellotti.

También se confiesa un enamorado permanente de Borges, Cortázar y César Aira, este último fue parte del jurado que lo premió. Pero sus afinidades más cercanas van por el lado de la literatura planteada por Soriano y Juan José Saer, sus grandes y admirados referentes compatriotas. Es un contumaz comprador de libros antiguos y un verdadero fanático de James Joyce.

Junto a su mujer, la narradora Mariana Dimópulos, viven en Chubut, en la Patagonia, han alquilado una bella casa de campo, han sembrado ya 20 árboles y no piensan tener hijos. Están juntos desde hace 10 años y comparten el mundo de la literatura como una forma de estar en el mundo. “Mi mujer y yo nos admiramos y nos respetamos. Gracias a ella soy mejor, nos retroalimentamos, antes yo era egocéntrico, ahora lo soy menos gracias a ella”.

Aleyda Quevedo Rojas

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