Aleyda Quevedo Rojas

Soy mi Cuerpo

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FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA, GRANADA- NICARAGUA, 2008: poemas y el espíritu de Salón de la Selva.

March 27th, 2009 · Dejar un Comentario

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La primera vez…de una poeta ecuatoriana en La Habana

August 5th, 2008 · 2 Comentarios

Como toda primera vez, el cuerpo y el espíritu experimentan, con la misma potencia, una sensación que raya entre el placer intenso y el dolor profundo. Placer y dolor, quizá por tanta belleza al saborear lo que se vive por vez primera y es capaz de otorgar equilibrio, en medio, de la turbación de los sentidos.

En este caso pude sentir y tocar la estructura de las emociones que componen una primera vez. Mi primera vez en La Habana, la capital de todos los cubanos, con dos millones de habitantes de cara al vibrante Malecón (un amplio balcón de cinco kilómetros) y de frente al majestuoso Caribe.

La intensa luz, el calor, la humedad, la brisa del mar y los aromas a mango, fruta bomba (papaya), ron, mamey, arroz y frijoles negros, café y cerdo frito –confundiéndose– hacen de La Habana un caleidoscopio enmarcado en el peso de la tradición, de más de 4 siglos que tiene la capital cubana de fundada, y el no menos pesado peso de los 50 años de la revolución socialista

malecon en la habana  viejo en la habana

Quería tanto conocer La Habana, la barroca de Lezama Lima, la isla total de Virgilio Piñera, la perla en la que vivió Dulce María Loynaz y la cruel y loca metrópoli de los años duros (esos del periodo especial) en la que se suicidó en 1997 mi admiradísimo Ángel Escobar. Ese escritor fiel a su destino, dueño de una insaciable sed de verdad, cuya poesía fue un permanente alejarse del horror para desembocar en la muerte por mano propia, como una puerta posible del mismo destino. También esa Habana que Escobar dibujó en su poema titulado: Desde La Habana:

Vivo en una ciudad que dicen de columnas. /El mar es tan cercano a nuestra parentela / que su temblor de sal relampaguea en la casa. /Aquí crece el follaje de los dientes, /propósitos oscuros mueren en parques agrios. /Hay viejos con bastones, muchachas con cinturas como en cada ciudad que uno imagina. /Un gesto de la hierba descubre la manigua, /donde han sobrevivido el desamparo, /el curujey, cual cántaro fugaz de mesonero, /el güiro del palenque. /Por aquí transitaron los esclavos que engordaban el miedo de los amos.

 

niños en la habana 

un amigo en la habana

  

Y en mi primera mañana lo primero que hice, en compañía del poeta y querido amigo, Álex Fleites, la primera persona conocida y amada con la que me reencontré en La Habana, fue recorrer el Museo de Bellas Artes. Con Álex caminamos los salones del moderno edificio que alberga los cuadros de los pintores iconos de Cuba. Hasta que nos detuvimos, por más de 10 minutos, a contemplar el famoso cuadro titulado: “El rapto de la mulata”, que se exhibe permanentemente en la Sala de Arte Cubano y que pertenece al artista Carlos Enrique. Luego, nos detuvimos, algunos minutos más, frente a varios de los cuadros notables de otro de los grandes de Cuba: Wifredo Lam. De la mano de Álex Fleites no dejé de admirar y repasar la obra de los fundacionales René Portocarrero, Fidelio Ponce y Amelia Peláez. Y de mi hermano Álex tengo estos versos que nos hablan de su violenta ternura por esta ciudad que ahora es una de las que más amo:

La Habana Vieja mira al mar /a través de los ojos sin luz de las ventanas /El reloj ha completado /el abrazo de las doce /y en una iglesia /alguien se encarga de recordarnos el regreso /Cuántos habrán enraizado su amor en esta cama /antes de que llegáramos /a entonar esta canción /que nadie ha tenido que enseñarnos /Cuántos se abran parado, sudorosos, /ante esta pared donde María jura /que amará por siempre a Alfredo /y se trenzan cien hombres diferentes /que luego el tiempo ordenará a su capricho /Nosotros preferimos mirar por la ventana /donde un cometa ha trazado /una estela verde sobre el agua, /justo encima del Lamda que cabecea con desgano, /y no entregarnos al ejercicio peligroso /de grabar nuestros nombres en la puerta. 

Por la tarde camino bajo la deliciosa sombra de los almendros y ceibas que pueblan las veredas de las calles del barrio El Vedado. Y aún hoy, cuando muchas de sus casas lucen deterioradas y otras tratan de salvarse del tiempo, las aguas, el bloqueo, la falta de mantenimiento y la escasez de dinero para una mano de pintura, es posible deleitarse con la estética de lo esencialmente cubano influido por lo europeo. Hay caserones que albergan a más de 6 familias que comparten un solo cuarto de baño y sobreviven y luchan cada día. Pero el aire señorial de El Vedado sobrepasa todo tipo de bloqueo. He recorrido muchas imponentes calles, hasta que finalmente llego a la cita, pactada desde Quito, con el poeta Carlos Augusto Alfonso, a quien conocí en las alturas de la capital de los ecuatorianos, y que Carlos Augusto tanto quiere y recuerda. Nos encontramos en su casa ubicada en el tercer piso de un edificio verde, que en sus bajos tiene abierta una pescadería, que Carlos Augusto evoca en un poema que mucho me gusta. En nuestra caminata, en busca de un café, pasamos por la inmensa y bella casa que alberga a la UNEAC (Unión Nacional de Artistas y Escritores de Cuba); atravesamos el Parque Lennon, que acoge una magnífica escultura del autor de Imagine, a quien su cuidador oficial le coloca los anteojos redondos, justo a la hora en que a una turista se le ocurre hacerse la foto; varias librerías ( en pesos cubanos) se nos cruzan y muy cerca de la mítica heladería Coppelia, podemos tomarnos nuestro aromático café, para hablar del buen estado de salud, del que gozan actualmente, la poesía cubana y la ecuatoriana.

 

No puedo dejar de pedirle a Carlos Augusto Alfonso que me lea uno de sus poemas que más me encanta y que en voz del poeta, y ante el crepúsculo de La Habana, adquiere otro encanto:

No sé mi alma /en qué hades del mundo está penando. /Pasto en silencio /En mi cuartón, apacentado, /aprovecho los metros en redondo. /Como a nadie le importo, /me alejo de la estaca sin los metros de soga. /No crean que me escapo /(porque ya lo viví), /ya no soy un marcado, no soy un manierista, /que al salir de la escena sin el retraimiento, /convierte inmolación en detalle de un cuadro. /Se amplía un sarraceno con su bastón de médula, /en la pradera me guía con ajenos cencerros. /Mi Trinidad de estómagos /son ahora el padre y el hijo del espíritu, /lo digiero en silencio, como a los desperdicios de las ideologías; /todo ese pienso líquido fue pensado por mí, /vertido en los ríos por doncellas de viejos intereses, /matarifes de soplos en el pecho. /No sé ahora si mi alma resiste. /Quien dijo conducirme no es otro que mi hermano, /ya no doblan campanas en mi oreja, /porque saben con quiénes me han cruzado. 

La tibia noche habanera comienza y me despido de Carlos Augusto Alfonso. Pero no me salgo de El Vedado, pues en este barrio también está la movida cultural y nocturna de la ciudad: El bar-café “El Gato Tuerto” siempre acoge al viajero con un clásico mojito y buenas propuestas musicales en vivo; pero muy cerca de allí, está lo que verdaderamente interesa a cierta hora de la noche o del trasnoche: buen jazz.

Así llegué, en compañía del fotógrafo y cineasta Ernesto Granados, quien además hizo la fotografía del famoso filme “Fresa y Chocolate”, su encantadora esposa Odalys y el narrador, ensayista, traductor, poeta y entrañable amigo camagüeyano, radicado en La Habana desde hace 8 años, Jesús David Curbelo a: “La Zorra y El Cuervo”, un sitio clave en la cultura jazzística que produce La Habana con gran calidad.

Esta noche le toca a Elmer Ferrer Band www.elmerferrer.cult.cu y la jam session revela que Cuba respira buena música y buen feeling, a la altura del mejor jazz de los EE.UU. La velada musical termina a las 3 de la madrugada, en el Malecón, al calor de los últimos tragos del iluminado ron Caney Reserva.

 

Al día siguiente Jesús David Curbelo me regala varios de sus libros: “Otros cuentos de amor, de locura y de muerte” que reúne cuentos y la novela Las (di) versiones de Eva; “Inferno” su primera novela; tres de sus poemarios; y las prolijas traducciones, que junto a su esposa la narradora Susana Haug, han hecho de la poesía del norteamericano Edgar Lee Masters y del maestro William Blake.  Luego de intercambiar libros y hablar de poesía, caminamos por la Habana Vieja, ahí están para la contemplación y el disfrute: El Capitolio, el Centro Asturiano, la Catedral, la Plaza Vieja, las bullentes calles Obispo, Amargura y Mercaderes, La Bodeguita del Medio, el Café “El Escorial”, la Fundación Alejo Carpentier, el bar Floridita (el favorito de Ernest Heminway por su daiquiri sin azúcar, fundado en 1817), tiendas antiguas de perfumes, chocolates, jabones y porcelanas finas; incluso una armería que guarda todo tipo de armas que le regalaron a Fidel Castro y que él donó para este museo; bellos edificios de hoteles clásicos como el “Ambos Mundos” “El Telégrafo”, “Inglaterra” y “Parque Central” que luce hipermoderno y transformado, alimentando el gusto al recorrer La Habana.

 

Caminar por parques y plazas, beber cerveza “Bucanero Max”, mucho mejor que la Cristal, en cualquier bar al aire libre, y recorrer el mercado de artesanías, completa el paseo de casi 4 horas y media por La Habana Vieja. Y luego viene el plato fuerte: El Faro, El Morro, El Castillo de la Fuerza y La Cabaña. Caminar por estos lugares emblemáticos de la Isla toda, me remiten intensamente al poema de Curbelo titulado: “Parque de Las Misiones”:

La Habana es la ciudad más húmeda de Cuba. /De frente a la bahía, y mirando el Castillo de La Fuerza, El Morro y La Cabaña, /creo que también pudiera ser la más feroz. /Admiro a la pareja que se ama en un banco vecino /y sospecho que, encima, La Habana se desdobla en bondadosa. /Con tantas paradojas en la mente, acaricio los muslos de mi amante /(aquí podría quizá decir mi amada, pero temo que suene apresurado) /palpo su fluvial sexo y admito, confundido, /que esa Habana tan íntima adonde me refugio /-La Habana de su carne y de su espíritu- /es la ciudad más húmeda, más feroz, más amable /de todas las ciudades del planeta, /y que añoro habitarla con mi dúctil cinismo de viajero, /con mi euforia de náufrago, mi garbo de mendigo, /y con todo este vértigo que arrastro hacia el eterno pozo de las vísperas.  

Los días corren veloces en La Habana, la poesía que voy descubriendo y la que vuelvo a releer; los lugares que interiorizo; los amigos con los que comparto, y la música que siempre es atmósfera de fondo en esta ciudad, hacen que el tiempo vuele…Es jueves y una mezcla de emoción y vértigo me invade porque a las 10:00 debo leer en la Torre de Letras, en la Habana Vieja, en el Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro. Este espacio magníficamente restaurado y privilegiado por su incomparable vista, está dirigido por los escritores y maestros cubanos Reina María Rodríguez y Antón Arrufat y, este día, leo mis poemas, junto la narradora Adriana Normand (Berlín, 1976, vive en La Habana), quién presentó su libro de cuentos: “Photomatum”.

Luego de mi lectura se da un natural intercambio de libros con varios poetas que estaban entre el público, y de entre todos ellos, descubro la generosidad del conocido traductor de poesía alemana y austriaca Francisco Díaz Soler.

La Torre de Letras es un espacio para la literatura de la isla y del mundo entero; es la continuidad del enorme proyecto que la poeta y narradora Reina María Rodríguez abriera en la “Azotea” de su propia casa, hace muchos años atrás. Ahora, La Torre de Letras es muchas cosas buenas por y para la literatura: una colección de literatura para difundir a poetas, narradores y ensayistas de todas las latitudes, en artesanales, sobrios y distinguidos libros cosidos a mano; talleres literarios; conversaciones y debates; presentaciones de libros y biblioteca; ediciones de revistas; un espacio vivo donde se siente el arte y se admira a “La Giraldilla”, una escultura de bronce de casi dos metros, que contempla el mar y espera la llegada del amado.

 En mi antepenúltimo día en La Habana visito el Centro Cultural Dulce María Loynaz, también situado en El Vedado, en la majestosa casa donde la poeta vivió y murió. Me recibe con los brazos abiertos el director del Centro Loynaz, escritor y promotor cultural, Edel Morales. Y cuando me regala su antología “Lejos de la corriente”, lo descubro en su dimensión de poeta: Los pies desnudos. No tengo nada. /Sólo el amor /de una muchacha /y mis párpados abiertos. /Así puedo /correr sobre la hierba /húmeda y punzante. /Sabiendo/ que a esa certeza. /llamarán locura.

Edel me habla de las intensas actividades que se organizan en la casa de la gran poeta Loynaz; me regala algunos números de la revista de literatura y libros que editan: “La letra del Escriba”; y me obsequia el libro de poesía “Las Altas Horas” de Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961), Premio Nicolás Guillén 2003, a quien Edel considera una de las mejores poetas de Cuba. Luego voy a visitar al extraordinario poeta y calificadísimo melómano y musicólogo, Sigfredo Ariel, quien vive con su gato en un pequeño departamento ubicado en Centro Habana; y de quién solo había leído su bello libro: “Born in Santa Clara”. Ariel me cuenta de su reciente gira, en el marco de la Feria Cubadisco, acompañando a varias bandas de son, guaracha y bolero, al calor de un cafecito recién hecho; también me habla de su programa semanal de radio, donde dedica todo su conocimiento al bolero y el son. Y claro, al observar en su departamento, la inmensa colección de música cubana, una entiende por qué fue Sigfredo Ariel, fue el productor de la película “Buena Vista Social Club”.

Le pido que me firme su libro: “Escrito en Playa Amarilla”, quizá uno de los mejores textos de poesía, que se han escrito en la Isla, en el 2004.

 Ya se sabe no hay duda es la frontera /un lugar en el aire no se sabe si La Habana o Matanzas /casa que da al mar /hombre y hombre y mujer y mujer lo que tú quieras /una estación utópica en medio de la crisis /que se nutre de la crisis de pareja de ka crisis /en el oriente medio incluso en el oído medio /en medio de la noche cuando la gente dice busca un carro un cable submarino que te saque del mundo /esa clase de frases que muy lejanamente /rozan algo que de humano tienen la mitad /si acaso la mitad a la hora del alien asomando /uno alimenta la boca de la crisis y termina /sentado junto a ella en la mesa y junto a ella /en la cama y la lleva al cine lido y al día de camping /la mete en la cabaña de una playa de invierno /donde he venido por tres días  vivir /por tres perennes días con sus noches el eléctricas /se trata de que intentes caminar sobre una cuerda /mejor sobre una estría trazada en el suelo y el subsuelo /con carbón, sobre una raya que divide el territorio /de dos grandes amantes grandes enemigos /que estés en la frontera, que bailes en la frontera /en los huecos que han dejado /los improvisados remeros, la gente del ciclón /con sus vírgenes pintadas en la espalda /las sábanas hinchadas por el viento del este / o el oste ya no importa. 

Mi última mañana en La Habana fue para comprar libros en pesos cubanos, gracias a la gentileza, de un apasionado lector de poesía a quien conocí por casualidad, y a quién todos le dicen “El Gaucho”, y con este gaucho caribeño, dueño de una ternura sin igual, me adentro en cinco librerías para adquirir tesoros, que ahora he gozado en mis días en Quito, joyas que revelan por qué Cuba es dueña de una literatura tan potente. Libros que me permito citar a continuación, porque son verdaderas joyas:

 “Distintos modos de cavar un túnel” de Juan Carlos Flores (La Habana, 1962); “Absolución del Amor” de Lina de Feria (Santiago de Cuba, 1945); “Las Palabras son Islas, Panorama de la Poesía Cubana del Siglo XX”, de Jorge Luis Arcos; “Vibraciones del Buey” de Ricardo Alberto Pérez (La Habana, 1963); “Ejercicios para hacer de la esterilidad virtud” de Antón Arrufat (Santiago de Cuba, 1935); “Otras Cartas a Milena” de Reina María Rodríguez (La Habana, 1952); y la “Poesía Completa” de Ángel Escobar.

Por la tarde mi amigo Carlos Augusto Alfonso me lleva en su (Lada, color vino tinto) hasta el aeropuerto “José Martí” y otra vez el placer y el dolor, quizá por tanta belleza al saborear lo que se vive por primera vez y es capaz de otorgar equilibrio, en medio, de la turbación de los sentidos, me invade al despedirme, por primera vez de La Habana.

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ACERCA DE LA MASTURBACIÓN Y EL SOL DE LA DIFICULTAD

March 28th, 2008 · 7 Comentarios

ACERCA DE LA MASTURBACIÓN Y EL SOL DE LA DIFICULTAD

aleydaq.jpgHay algo de obsceno y lascivo en la palabra masturbación, esto es lo que siempre me ha atraído. Como el sol de la dificultad en la literatura, en la poesía. Como el confuso pensamiento de un escritor de cuentos, encuentro caos y atracción en la masturbación. Turbarse más de lo permitido. Más allá de la imaginación, sin límites. Perturbarse mucho más allá de los bordes emocionales y físicos. Pronunciar y sentir las palabras más desaforadas, desvergonzadas y feroces. Auto turbarse activando el mundo de lo sensorial, recorriendo el cuerpo por mano propia. Ejercer la libertad de auto proporcionarse placer y goce, en soledad. Masturbación: de qué está hecha esta palabra y la cultura que la contiene y la nombra. James Joyce se masturbaba con las cartas obscenas y lascivas que le escribía su divina Nora Barnacle, a quien conoció en el verano de 1904 y con quien tuvo 2 hijos. Joyce y Nora se casaron 27 años después de su primer encuentro. Las cartas que Joyce le respondía a Nora, además de irreverentes, develan al escritor apasionado, libre y obsceno que jugaba y dominaba el lenguaje para estimular y estimularse. También revelan al escritor que más supo entender la eternidad de lo fugaz en el sexo, el amor y el tiempo.Una de las más sucias y calientes cartas que escribió a Nora reza así: Dices que a la vuelta me vas a chupar y quieres que lama tu sexo, pequeña pícara depravada. Espero que alguna vez me sorprendas durmiendo vestido, me asaltes con un destello de puta en tus soñolientos ojos, me desabroches con suavidad, botón por botón en el vuelo de mi trusa, y saques gentilmente la gruesa fusta de tu amante, la escondas en tu boca húmeda y la mames hasta que dura y erectísima acabe en tu boca. Algunas veces también te sorprenderé dormida, levantaré tu camisón y abriré suavemente tus bombachas caliente; suavemente me recostaré y comenzaré a lamer con placidez alrededor de tu sexo. Te agitarás incómoda, entonces lameré los labios del sexo de mi querida. Te pondrás a gruñir y a gemir, a suspirar y pedorrear ávida en tu sueño. Entonces lameré más rápido, como un perro voraz, hasta que tu sexo sea una masa de suciedad y tu cuerpo un corcoveo salvaje. ¡Buenas noches, mi pequeña Nora pedorra, mi sucia pajarita folladora! Hay una palabra amable, querida que subrayaste para que me masturbara mejor. Escríbeme más acerca de eso y de ti misma, dulcemente, totalmente sucia, totalmente sucia. El reino de las palabras lascivas y obscenas, totalmente sucias y deseadas palabras, son las que también alimentan el deseo de masturbarse. El placer de turbarse por mano propia hasta llegar al corazón del goce teniendo como vehículo a la imaginación, justamente de eso hablo con mis amigas, ahora que acabo de recibir -como obsequio de cumpleaños- un delicado vibrador de porcelana china. Ellas, modernas y profesionales, que tiene dos o más amantes, además de sus esposos, me hablan de sus vibradores con familiaridad y afecto, mucho más que cuando se refieren a sus maridos, incluso a sus amantes de ocasión. Mis amigas coinciden en que la masturbación es una experiencia personal y privada que ninguna mujer que se precie de conocerse a sí misma a fondo, puede negarse. Pero también me hablan del poder de las palabras “sucias” de las palabras calientes, grandes y obscenas que ayudan a disfrutar de la masturbación. Las mismas palabras que James Joyce escribía a su mujer. La complicidad en los ojos de mis amigas me revela una generación de Latinoamericanas que nada tiene que ver con mi abuela paterna de 85 años de edad y millones de oraciones y visitas a la iglesia. Las palabras de mis amigas vuelan libres por una conversación que tiene mucho de sentimientos íntimos y va creando una atmósfera que me hace pensar en las fiestas en Lesbos. El rozamiento con la almohada, hacer el caballito en un sillón suave, o utilizar otros artilugios como vibradores, bolas chinas, osos de peluche, son solo algunos de los recursos que ofrece la modernidad. “La masturbación es una experiencia personal y privada”, me repito a mí misma, una experiencia que le pertenece al ser reflexiono, y me remito a las lecturas de la época de esa griega preclásica nacida en Lesbos, en el siglo VI a.c. Safo, lúcida poeta inmersa en los rituales de culto a Afrodita la Diosa del Amor, y a quien se le atribuye el origen de la palabra lesbianismo. “Safo me inspira y me oye: la divina Safo, coronada de violetas, nos suplica —Safo nos exige— que conservemos nuestra virginidad. Y si el ansia de ser traspasadas amorosamente atormenta, por ventura, a algunas de vosotras, sabed, pequeñas mías, que en mi Palacio de las Mujeres tengo exquisitos instrumentos que aliviarán vuestra dolencia: en el cajoncillo más recóndito de mi mesa de trabajo, reposa, largo, gordezuelo y elástico, del color del cinabrio, el “olisbo” que me regaló el padre Aristófano”. Ahora esos olisbos tan preciados en Lesbos se llaman vibradores en Quito, Nueva York, Bogotá, Santiago, México D.F., Guayaquil, París, Sau Paulo, Florencia, Buenos Aires, Tokio, Madrid o San José. Esos instrumentos de extraordinario ingenio ahora se encuentran en todos los colores, formas, materiales, texturas, y precios en cualquier sex shop del mundo. En las películas, las mujeres experimentan el orgasmo en 10 a 30 segundos de apasionada actividad sexual, cuenta una de mis amigas. Y esto se convierte en mi expectativa de una mujer perfecta y sexo maravillosamente satisfactorio y pleno. Se nos muestra la fantasía pero nosotras lo tomamos como realidad. Mas la verdadera realidad es que todas las mujeres sabemos cómo es no experimentar un orgasmo en algún punto de nuestras vidas, seguro que lo sabemos, quien diga que no, que tire la primera piedra.Las cifras dicen que cuatro de cada diez mujeres informa alguna clase de insatisfacción sexual. Entre los retos de la sexualidad está justamente el aprender a aceptar y celebrar nuestra vida sexual. Celebrar esa palabra que en Lesbos era parte de la feminidad, del erotismo, de la misma imaginación. Celebrar el sexo, la masturbación, la posibilidad de gozar. La mayoría de mujeres aún desconocemos las recompensas que tiene el aprender a celebrar la sexualidad. La conexión entre clítoris y cerebro es algo que pocas, muy pocas mujeres, nos atrevemos a explorar. Esto requiere acariciar frecuentemente el clítoris y la vulva para estimular y activar las vías nerviosas. Como el camino por una exuberante selva, es mucho más fácil de seguir cuanto más se recorre. La exploración es un proceso que demanda tiempo y lecturas que alimenten nuestra imaginación y deseos. “Esta misma noche, blandiendo el más grueso y más largo olisbo, bajo vuestra envidiosa mirada, ¡Oh Roxane y Falene!, haré gozar dolorosamente a cincuenta vírgenes seguidas, y cuando todas estén rendidas, mi deseo intacto agotará a la que el infernal instrumento haya dejado más extenuada”.Los vibradores pueden proveer la suficiente estimulación para superar las débiles vías nerviosas permitiendo experimentar un orgasmo. Una vez que aprendemos a experimentar el orgasmo usando un vibrador, se desarrollan las vías nerviosas. “Todas las mujeres deberían recortar su pelo púbico y quizá también afeitar su vulva, al menos una vez, para poder ver y explorar sus genitales claramente, hay que empezar por ahí hasta llegar al uso del vibrador como parte de la felicidad matrimonial, en mi caso ha sido así” —confiesa mi amiga—.Andar desnuda por la casa y afeitarse la vulva es solo el principio. Luego podrá comprarse un vibrador eléctrico de alta calidad, contrariamente a lo que podría pensarse, los mejores no son aquellos con forma exacta de pene, olvídelo. Los mejores son los que cuestan sobre los 80 dólares y tienen varias velocidades. Solo así advertirá que cuando en los tiempos de Safo de Lesbos, un soldado turco provocaba a un grupo de mujeres exhibiendo su príapo de toro. Ellas lo desdeñaban y seguían haciendo proyectos para el futuro, mientras nadaban en la fuente. Pues era muy sabido que los juguetes sexuales eran instrumentos de placer poco comparables a un soldado bárbaro y de torpe mirada. Es decir; las mismas razones por las que mis amigas y yo no cambiaríamos nuestros vibradores. Mientras me preparo para estrenar mi vibrador de porcelana china, pienso en las palabras lascivas, obscenas, sucias y calientes que pronunciaron Safo y Joyce; imagino palabras y situaciones. Todo para llegar a ser yo misma y otras, más libre pero siempre yo y mi cuerpo.

TRES DE SAFO DE LESBOS

Que los vientos y el temor

se lleven a quien hable mal de mí

Safo

 

EL ANSIA DE SER TRASPASADA AMOROSAMENTE

rompe los sentidos y turba mi noche

Es poco lo que alcanzo rozando la almohada

Hacer caballito en el sillón suave tampoco engaña

y deambulo por los pasillos de la casacon los senos al aire y el cabello peinado

divina Safo coronada de violetas dolencia de amorel “olisbo” del padre Aristófano

finalmente entrará en mí.

POR FORTUNA LA LUNA ME DISTINGUE

Más no puedo olvidar a aquel soldado

de miembro enorme y velludo

que lo llevaba descubierto

Celebro en mi habitaciónlas fiestas en Lesbos a la luz de la luna

acompañada de un hueso de porcelana roja

largo suavísimo y limpio

que activa mis vías nerviosas

sin lastimar mi virginidad.

HAY MÚSICA Y CIRIOS ENCENDIDOS

soy mía en el cielo de mi cama

Igual contigo que sin ti

clítoris y cerebro confesarme, besarme

guío mi dedo en la selva de frondosos árboles y perfume de mangos calientes.

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3 en las letras del Ecuador: Lydia Dávila, Ileana Espinel y Carmen Váscones

February 14th, 2008 · 3 Comentarios

Aleyda Quevedo Rojas

 

Creo que ser escritor es ocupar una de las últimas posiciones de la libertad, el último refugio de la fantasía, y llegar a una realización de la propia personalidad.

 

Heinrich Böll


En la más depurada tradición de la poesía ecuatoriana, resulta imprescindible  la obra poética de: Dolores Veintimilla (Quito, 1829-1857); Zayda Letty Castillo (Guayaquil, 1890-1977); y Mary Corilé (Cuenca, 1901-1976).

Tres nombres, tres referentes, reconocidas y siempre difundidas en diversas antologías y diccionarios, las tres provienen de las ciudades más importantes del país: Quito, la capital política y cultural; Guayaquil, el puerto comercial y financiero; y Cuenca, ciudad marcadamente universitaria y contestaria.

Estas poetas tienen en común el ejercicio de una profunda libertad interior que las llevó a escribir poemas que además del tema sentimental y amoroso, aludían ya a la corporeidad, los tejidos sociales, la discriminación contra las mujeres, el deseo, la libertad, la tierra y la maternidad.

Ellas fueron las pioneras en el lenguaje poético vigoroso que inicia el descubrimiento del cuerpo y la psicología femenina.

Quizá, la más consecuente y libre pensadora, de las tres, fue Dolores Veintimilla, quien prefirió el suicidio, muy joven, antes que continuar soportando  el peso insoportable de las inquisidoras y conservadoras ideas del Quito de la época que le tocó vivir: cuando una mujer valía si tenía a su lado un esposo.

De Dolores Veintimilla, siempre resuenan, estos poderosos versos:

¡Y amarle pude!… Al sol de la existencia/ Se abría apenas soñadora el alma…/ Perdió mi pobre corazón su calma/ Desde el fatal instante en que le hallé/ Sus palabras sonaron en mi oído/ Como música blanda y deliciosa;/ subió a mi rostro el tinte de la rosa;/ Como la hoja en el árbol vacilé.

A la tradición que iniciaron, Dolores Veintimilla, Zayda Letty Castillo y Mary Corilé, se suman tres escritoras, también de distintas épocas, que ayudaron a romper el canon y las formas tradicionales de hacer poesía en el Ecuador: Lydia Dávila que se cree nació entre 1918 y 1920, y cuya obra escasamente conocida y apenas difundida, nos dejó un único libro; Ileana Espinel, nacida en los años 30, poeta y periodista cultural que muere hace pocos años, y Carmen Vásconez, poeta de la generación de los años 60, que se mantiene escribiendo y viviendo junto al mar, en la provincia del Guayas.

Una quiteña y dos guayaquileñas, que aún no han sido ampliamente estudiadas, y cuya obra resulta fundacional para las letras del Ecuador, y refrescantemente aleccionante para los lectores de poesía de Venezuela.

Sin duda, el icono que de estos tres nombres, emerge con la fuerza y la sorpresa azul del mar es Lydia Dávila, con una historia literaria distinta y misteriosa: de ella se conoce un solo libro titulado: “Labios en Llamas”, y publicado en 1935. Es un libro atípico y muy personal para la época, un libro que se mueve entre las aguas de la fantasía y el cielo de la libertad; los registros literarios de su tiempo, así como los contemporáneos, simplemente no tienen su nombre.

Posiblemente nació en Quito, quizá contemporánea de César Dávila Andrade que nació en 1918.

Por los escasos datos que de Lydia Dávila existen, se podría decir que es una poeta rarísima que decidió publicar un solo libro, que viajó y leyó mucho, pues sus textos están plagados de amplias referencias a la cultura universal. Un solo libro publicado que bastó para colocarla a la altura de los mejores autores ecuatorianos, incluso de sus posibles contemporáneos: Alfredo Gangotena, Gonzalo Escudero y César Dávila Andrade.

La capacidad de su lenguaje, las ventanas de pasión y lascivia que abre con su palabra, hacen que en cada poema, sea posible atravesar lo sagrado y lo cotidiano, con un ritmo potente, desde el universo erótico-amoroso.

Las contemporáneas de Lydia Dávila, tomando en cuenta el año de edición de su único libro publicado: 1935, serían la chilena, Premio Nobel de Literatura en 1945, Gabriela Mistral, que publica su libro  titulado: Tala, cuya primera edición data de 1938; y Alfonsina Storni que publica el libro Mundo de Siete Pozos en 1934.

En Tala, los poemas de corte amoroso de la Mistral, nada tienen que ver con el erotismo desenfadado, de la ecuatoriana Lydia Dávila.

Mientras la Mistral escribe:

En costa lejana/ y en mar de Pasión,/ dijimos adioses/ sin decir Adiós./ Y no fue verdad/ la alucinación. / Ni tú la creíste/ ni la creo yo,/ “y es cierto y no es cierto”/ como la canción.

Lydia Dávila escribe: Señor¡ Has que le encuentre en el desbordamiento de mi sangre. Mis senos se transfiguran al conjuro de sus labios. Si él tiene la melena rubia, como el trigo de la Palestina. Si él reposa en el contagio de mis alucinaciones románticas ¿Por qué no he de quererlo? ¡Señor! Perdona si mi oración tiene sonoridades de histeria…También me ha crucificado su cariño; porque soy una santa, una virgen con palideces diabólicas.

El erotismo del libro, Labios en Llamas, publicado en Quito en la Imprenta Ecuador, está plagado de pureza y matices irreverentes que, simplemente, conmueven. Aunque no figure en diccionario alguno, Lydia Dávila, con Labios en Llamas, irrumpe definitivamente en la poesía ecuatoriana.

La pureza de su palabra erótica consigue momentos de plena belleza, pero, además, instantes de rebeldía y verdadera adoración al amante y su cuerpo.

La poeta se reafirma en su nombre, y a partir de la escritura de sus deseos más hondos transgrede normas, estilos, convenciones y formas, las formas establecidas por el canon de la literatura ecuatoriana, en ese momento.

Poemas en prosa que mantienen un ritmo sostenido, entre lo sagrado del encuentro amoroso, y la perversión de los sueños eróticos, las fantasías y los límites inexplorados del cuerpo dador y receptor de placer.

Algunos datos sobre quién fue Lydia Dávila, mencionan que escribió Labios en Llamas a los 19 años de edad, que consumía drogas y que se llamaba a sí misma “Satanás de Amor”.

Su poesía nos habla de una mujer que se conoce muy bien a sí misma. Una poeta que se reafirma como ser humano a partir de su nombre:

Es que en mis poemas estoy yo: Lydia, escribe al final de su poemario, como si quisiera dejar bien claro que lo más íntimo de su ser está escrito por siempre en sus precisos versos en prosa.

La poesía que amo, como lectora, es apasionada y sabia, la poesía de Lydia Dávila reúne esas dos cualidades.

Labios en llamas, rompe el tradicionalismo social de las mañanas de iglesia y rezos de la franciscana Quito; y cambia las costumbres, el orden y la sexualidad convencional, por el deseo como un territorio que le pertenece a una mujer. Aquí está su poesía, una joya preciosa, cuyos brillos nos transportan al mundo de Eros y Tánatos.

 

DIABLESA

Un Satanás de Amor?
¡Quiero ser…! Incendiar en mis pupilas
en el áspid lloroso de las tardes, para que te confieses conmigo…
en la serenata de un suplicio. Cual castidades sin cielo…

Poseerte…
ser tu bandida, la pirata de tus amores….
Mutilar la caricia de tus huellas: como un Satanás de Amor.

Muchas veces me he muerto en tus brazos, con la boca recelosa…
con el presentimiento mortal de lo inevitable…

¡Excitaciones…!
porque tú eres la borrasca de mis carnes núbiles…

¿Un Satanás de Amor?
mi cuerpo debió ser…Ya te contaré las caricias íntimas.


OH MI CARNE DE SÁNDALO

Oh, mi carne de sándalo, perfumada, tibia, divina. Se clava en tus excesos
con mordeduras incitantes y te hace daño. ..Perdona el martirio de mi carne.

¡Sí, soy la novia sin tímidos recatos!

La uva de tus caricias se destila en mis venas, en la heroicidad de mis versos,
cual una reparación a destiempo…

 I seré como aquella tarde. Cuando los dos juntos bebimos el asedio
de mis líneas…en la cuenca de un Pecado Mortal.

IGNICIÓN DE AVIDECES

Desnuda…

Los cráteres de mi carne tienen una ignición de avideces:
pecados mortales para tus manos.
por ti se prendió la hoguera de mis arrobos, donde se
engendran los éxtasis violadores.

Te emborrachas: en el sádico dintel de mis exhalaciones.

Viertes en mí el secreto de tus desfallecimientos de hombre.

Has diluido mi ausencia en un estertor de ateísmos…
¿Oyes? La jaculatoria de mis besos.


Y FUE SOBRE UN DIVÁN

Mirabas abstraído el sagrario de mis placeres. Donde el cisne
blanquísimo del deseo esconde la virginidad de su cuello. ¡Cómo lo recuerdo!

Como una loca…!

Fue sobre el diván de rojo terciopelo. En una tarde doliente de marzo.

De pronto,
Se mustiaron tus ojos enfermos de histerismo…

Enloquecida con el ansia del primer encuentro: vago, cariñoso, divino,
te di el humilde dolor de mis lágrimas.

Sandor, mi cuerpo se deshoja en tus pupilas ingrávidas…


DONDE TÚ EXISTES

Tú existes: en la vendimia de mis labios,
sobre la promiscuidad de mis senos que se desbordan.

En el desgarramiento…sin abstinencias, de mi mordedura
de Amor.

Te he palpado en las fatigas con enervaciones de prodigio…

En la diadema de mi carne que sabe de los siete sentires.

Tú existes: en la flor empedernida de mi sexo. Soy toda silencio.

Tu beso asesino ha hecho un esguince de amor en los festines de
mi carne.

Soy tuya…!


Otro de los iconos femeninos de la poesía ecuatoriana, que también se destaca con voz propia, es Ileana Espinel (1931-2001) poeta e intelectual que manejó en su obra una amalgama de vanguardias literarias que pueden leerse en siete de sus libros.

Ileana fue también periodista, colaboró durante muchos años con Diario El Universo, y fue redactora y corresponsal de diversas revistas internacionales. Formó parte del “Club 7 de Poesía” fundado por el gran poeta ecuatoriano David Ledesma Vázquez, quien se suicidó y que en vida, fue muy cercano a Ileana.

Los críticos se refieren a Ileana Espinel como: liberal, apasionada, vital, progresista y novedosa, la primera escritora ecuatoriana que no se encasilla en escuela alguna. Otras referencias la señalan como una cultora de la forma, sus mayores logros reposan en el campo del significado.

“Ileana Espinel es quien entroniza la poesía sardónica en el paisaje de la lírica ecuatoriana, con tintes tormentosos pero a la vez cautivantes”, remarcan los estudiosos.

Los temas en la poesía de Ileana Espinel son diversos, sus búsquedas navegaron en los territorios del amor, la muerte, la enfermedad y los temas sociales, con igual curiosidad.

Entre sus más bellos poemas de corte erótico está:

 

POEMA DE SANGRE Y FUEGO

Vino hacia mí su luz –cuerpo fiel y tangible-
como una siembra mística intocada
como un lirio de aroma batallante,
como un pan cotidiano y, sin embargo, único…

La sed viole llegar
Cuando el fuego subía
A la tierra más alta
En un vuelco infinito sin escalas.

Rojo era el fervor que nos colmaba

Yo ardía en la altanoche musical de las venas
cuando vino su luz
oscuramente mágica.


Su cercanía a la muerte comenzó, desde muy joven, cuando una tormentosa enfermedad empezó a aquejarla. Con el paso de los años, sus días empezaron a transcurrir entre los achaques causados por el sobrepeso, el consumo de innumerables pastillas, días buenos y días muy malos que le impedían salir de su pequeño departamento, pero que al mismo tiempo, le dieron la oportunidad de volcarse por completo a la lectura y la confección de sus poemas.

Uno de sus más logrados poemas que revelan las cercanías a Tanatos es:

 
DISLATE CON PASTILLAS

Pertranquil
Esencial
Pankreoflat
Flaminón
Peridex
Baralgina
Tioctán
Persantín
Buscopax
Irgapirina

mosaico adocenado
del templo drogadicto
que oficia diariamente
en mis entrañas
(todo para que el hígado
el insomnio los nervios
el músculo cardiaco
los dedos que hormiguean
retrasen los relojes
que marcan sin remedio
el infalible paso vencedor de la muerte).

 Hay en la poesía de Ileana Espinel ese tono amargo y perturbador del amor no encontrado. Del amor que se imagina pero que nunca se ha vivido intensamente. La poeta nunca se casó ni tuvo hijos, tampoco tuvo pareja alguna, su vida entera estuvo dedicada a las letras y muy especialmente a la poesía, su compañera siempre, a quien se acostumbró, hasta sus últimos días del 2001, en que murió.

El peso del dolor, el amor no encontrado, los cantos a la muerte, la poesía comprometida, las agonías, y la soledad son temas recurrentes en su poesía. El trabajo depurado con el lenguaje es uno de sus mayores logros, así como también sus imágenes de ironía frontal.

PAISAJE

Afuera,
un carnicero espía de rodillas
la mueca azul del diablo.

El vientre es un tranvía de puñales.

La calle: un sombrío y anarquista
puente de lágrimas.

Adentro,
la tos ferina.

Y yo que clamo.

 

LA ESTATUA LUMINOSA

Pura estatua de luz
era tu piel trigueña.

Mi corazón
-luna roja de Octubre-
te amaba tanto que su amor callaba.

Porque el último poro de tu cuerpo
luminoso de estatua
suspiraba febril
por otro amor, amor, que no te amaba…

Y yo
-celeste ardor,
divinamente tuya y del pasado-
sólo por ver la dicha en tus pupilas
rogaba a Dios la angustia de mirarte en sus brazos.

Cierro este artículo para los lectores de Venezuela con la palabra de la guayaquileña Carmen Váscones (Samborondón-1958), que irrumpe en la poesía ecuatoriana con sus libros La muerte un ensayo de amores que aparece en 1991 y seguidamente, en 1992 Confabulaciones.

La poesía de Carmen estremece, interroga y desafía a la vida y a la misma muerte. La originalidad de su lenguaje radica en la apropiación de cierta psicología femenina que rebasa los sublenguajes, membretes o guethos como aquello de “poesía escrita por mujeres o erótica de mujeres”.

Sus siguientes poemarios: Memorial a un acantilado y Aguaje, reafirman a Váscones como una voz interesante y rigurosa dentro de la poesía ecuatoriana contemporánea. Disciplinada y dedicada al lenguaje, Carmen tiene además de libros de poesía, dos de relatos.

Una de sus estudiosas, la joven poeta Carolina Patiño, señala de la poesía de Carmen Váscones, lo siguiente:

 “Su poesía nos lleva a un ambiente de placer, deseo, amor y muerte; se destaca la temática de la muerte que se impone ante las creencias habituales, y las desafía una y otra vez, también se percibe una especial rebeldía ante Dios y la victoria de su feminidad Tiene libros de convicciones, de sueños y amor pasional, y agudo existencialismo”.

Es que la poesía de Váscones ha influido sobre muchos nuevos nombres de escritoras jóvenes ecuatorianas.

Cecilia Ansaldo, destacada crítica literaria del Ecuador, anota sobre Carmen Váscones, lo que también yo considero su esencia poética: “la muerte es una metáfora erótica. Hay en sus versos conciencia del deseo y del Eros como fugacidad, como expresión de la incompletud humana”.

Uno de sus poemas más significativos se titula: Los senderos del placer

LOS SENDEROS DEL PLACER

Se los ofrecí
a la lengua que me tocó sin rubor
por ser bienaventurados del reino del deseo
donde la muerte es una promesa sin juicio final.

Carmen Váscones Martínez es psicóloga clínica y ahí, posiblemente radique la base de su poesía profunda, de cerrada sintaxis y múltiples giros figurativos. El mar y sus metáforas inundan sus libros.

La poeta vive actualmente en Playas de Villamil, un pequeño pueblo a media de hora de Guayaquil. De frente al mar transcurren los días de Carmen, quien ha hecho de la escritura su forma de estar en el mundo.

LA SOBERBIA DEL DESEO DESATA MARES

entrega aguajes de certezas
a la infidelidad de la tripulación
el padecimiento amoroso leva ancla
contiene la asunción de la complicidad
el adulterio de psique sabe a ellos
parte de la melancolía del gemelo
el espejo trepanado se bifurca en los reflejos
la maternidad imaginada del genio
recoge su cadáver en la monotonía
de la cópula rezagada
alguien ejecuta las redes del climaterio
(quise ser de un hombre como la muerte al cuerpo)
me juego la posibilidad de todas.

 
Y COMÍ TU ALMA

con el ocio de mis dientes estrujé
toda huella con forma a ti
cercas con tu ánimo
la eremita de mi gozo
te dejas llevar como faenador
acorazado en vertientes
zarpas búsqueda inútil
rebotas en mi mar
aplacas con pasión amenaza de sequía
arraso tu fuerza
me alcanzas con valentía de novillo
enfrentando arremetida
mutilas saqueo del fruto
reconoces mi interior
momo aborigen de península inicial
bocanadas luna completamente desnuda
en tus brazos de primer hombre en esta tierra
siento entera tu ansia
en mi humana forma.

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RODOLFO KRONFLE CHAMBERS: UNA CURADURÍA EN ESTADO PURO

February 14th, 2008 · Dejar un Comentario


Por Aleyda Quevedo Rojas

Con una curaduría de Rodolfo Kronfle Chambers: Ecuador. “La vida en estado puro” cinco artistas ecuatorianos exponen en la muestra que permanecerá abierta hasta el 6 de enero del 2008 en el Museo del Barrio: The (S) Files de Nueva York. Los ecuatorianos son parte de una muestra de 51 artistas en total. Los demás artistas son latino-norteamericanos radicados en Nueva York. Cada evento de esta naturaleza que organiza el Museo del Barrio tiene un país emergente invitado. Esta vez fue Ecuador y así lo destacan sus organizadores. Sin duda, es la ocasión para conversar con uno de los más lúcidos conocedores del arte contemporáneo del Ecuador que encarna la imagen y la sabiduría del curador de arte, una figura que no existía en nuestro medio hasta hace algunos años, mas la exigencia del arte contemporáneo y las nuevas promociones de artistas ecuatorianos han hecho que surja esta figura que intenta poner en diálogo a una o varias propuestas artísticas y un público. Parecería que los artistas plásticos antes destinados a hacer de creadores, corredores de arte, montadores de sus exhibiciones, redactores de boletines de prensa, etc. Como los escritores en nuestro medio que tienen que ser creadores, impresores, difusores y comentaristas de su propia obra, porque no existe la figura del agente literario o en caso de la gente del teatro que les toca ser actores, directores dramaturgos etc. Hoy la figura del curador de arte, se hace indispensable en una muestra que se precie de tal, a esta figura debemos la sensibilidad que entable una muestra determinada con un público. En ese sentido no cualquiera puede ser un curador de arte contemporáneo, ya que mucho dependerá de su acervo y conocimiento del arte que tenga. Pero nos encontramos junto a Rodolfo Kronfle, él es una de las figuras más descollantes en el ámbito de la curaduría ecuatoriana y la primera pregunta que quiero hacerle parecería elemental, pero para esta entrevista resulta esencial:

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¿Qué es un curador? ¿Qué define y conforma este oficio?

Pecando de reduccionista un curador se puede definir, en última instancia, como una suerte de mediador entre una o varias propuestas artísticas y un público. Por lo general este personaje va a intentar ofrecer una mirada personal, una perspectiva puntual o una configuración dialogante y discursiva sobre un conjunto de obras que ha escogido exponer. Su bagaje y formación puede ser tremendamente heterodoxo (historiador, antropólogo, etc.) pero con un profundo conocimiento del campo del arte.

¿Qué es el arte contemporáneo? ¿Qué de nuevo trae pues incluso a los entendidos, críticos y comentadores, no sólo ecuatorianos de pintura moderna (y moderna clásica), les resulta no sólo arduo definir, sino incluso hasta repudiable esta manifestación?

El arte contemporáneo es un campo radicalmente plural y diverso en sus manifestaciones, tanto así que definirlo taxativamente resulta problemático. Sin embargo este paradigma se define por la distancia que toma de los métodos, conceptualizaciones y aproximaciones hacia el arte que definían la modernidad, entre estos la supuesta autonomía de la obra la cual, se tiene claro ahora, no puede vivir en un mundo aparte, sino que se contamina y nutre necesariamente de todas las influencias de un contexto, dialogando o reflexionando con el mismo.

El análisis de estas relaciones contextuales se da en un concepto expandido de la cultura y es aquí –para contestar a la segunda parte de su pregunta- donde entran en juego las dificultades de anteriores generaciones de críticos y espectadores, habituados al análisis meramente formal de las obras más no a tratarlas como “textos” que pueden generar múltiples lecturas que se nutren de perspectivas metodológicas y académicas ajenas al campo tradicional del arte. Es en este momento que las maneras de analizar, legitimar y valorar el arte se trastocan creando cierta confusión y resistencia en los espacios más conservadores y en quienes no han seguido nutriendo su pensamiento de los cambios concomitantes en la historia y en la cultura. El asunto se complejizó de tal manera que en efecto ha generado una tremenda confusión (ahí debería justamente entrar a jugar el rol de guía de las instituciones culturales), para muchos el sentimiento que les provoca es el de una indefinida caída libre, una suerte de salto al vacío, y que en lugar de ser asumido con responsabilidad, como un reto intelectual, prefieren la cómoda actitud del desdén y el refugio cómodo de lo ya conocido.

¿Por qué es que el arte contemporáneo produce resquemor en nuestro país? ¿Dónde se pueden fijar las fronteras con la pintura moderna? es la pintura arte contemporáneo?

El arte contemporáneo emplea todas las técnicas y medios de la tradición, la diferencia está en el tipo de uso que hace de ellas, se puede decir que los artistas hacen un uso selectivo de las mismas según lo que se quiera comunicar: se puede emplear un lenguaje con una intención estratégica de significación, se puede usar una técnica específica para activar ciertas filiaciones históricas, incluso es muy válido recuperar e incorporar haceres y modos de producción simbólica que no tienen relación con lo que llamamos arte, etc., en ese sentido por supuesto que existe la pintura contemporánea, un campo que como vemos puede ser muy amplio también. Tal vez una diferencia marcada con la pintura moderna sea el hecho de que la misma no tiene un afán de lograr originalidad, un artista contemporáneo por lo general le preocupa poco aquello de crear un estilo propio porque tiene conciencia de que está expuesto a una serie de influencias infinitas y además ha abandonado el cliché del artista genio e inspirado. Por otro lado el arte contemporáneo suele demandar una actitud menos contemplativa o devocional del espectador a cambio de una actitud más involucrada.

Siendo la producción artística latinoamericana contemporánea —y la del Ecuador en ella— esencialmente periférica en los mercados del centro (pues las obras de los pocos y casi siempre los mismos artistas que circulan por las ferias mundiales se ve más bien como fenómenos aislados), ¿tiene posibilidades de insertarse en ese mercado y provocar la atención con sus propuestas? ¿Cuáles son los modos y formas, los discursos que legitiman a este arte? ¿Juega el mercado un rol importante, como sucede con la pintura, en la legitimación de este arte?

El mercado es un ente hoy por hoy indivisible de las lógicas de circulación y legitimación del arte. A mi criterio el fenómeno cada vez más expandido de las ferias comerciales de arte va incrementando su cuota de legitimación -avalando ciertos artistas, determinados fenómenos y centros de producción- una “tarea” que anteriormente la cumplían con mucha mayor autoridad los museos y la academia. Este es un tema complicado, muy criticado por algunas corrientes de pensamiento, pero que a su vez tiene sus raíces en el sistema económico mundial, es decir que la producción cultural es indivisible de las lógicas del tardo capitalismo. Las llamadas periferias (hay que tener presente además que no hay un solo centro, sino muchos) solemos protestar por tener que jugar dentro de estas lógicas pero a su vez —muy en el fondo— nos sentimos deseosos de participar del gran banquete. Como prueba de esto basta ver cómo los artistas que provienen de sitios no hegemónicos y que logran insertarse en los circuitos del mainstream ya no se plantean a sí mismos —por ejemplo— como artistas latinoamericanos, sino que reclaman una suerte de cosmopolitismo que los convierta en artistas internacionales y punto. Estos son temas muy analizados y debatidos hoy en día, como son las nociones de lo global y lo local, la aspiración de crear otros circuitos de intercambio cultural con ejes “sur-sur” en lugar de “norte-sur”, etc.

¿Hay en el Ecuador artistas contemporáneos que destaquen fuera de sus fronteras por la calidad de su obra? ¿Quiénes son ellos?

Hay pocos pero creo esto cambiará, inclusive por las mismas lógicas del mercado y las demandas del mundo creciente de los museos y bienales, los cuales reclaman permanentemente nuevos actores, nuevos focos de atención, etc. No le quito ningún mérito a Tomás pero no creo que ni él mismo considere que es el único artista ecuatoriano digno de estar en una publicación de esa naturaleza. Este razonamiento lo aplico además a todos los seleccionados de Colombia, Argentina, etc. Es que no se puede reducir un continente con una producción tan rica y diversa en un libro, yo en lo personal estoy totalmente en contra del efecto que producen ese tipo de iniciativas, pero las entiendo como parte del juego mismo del mercado. Por otro lado soltar nombres así nomás me parece algo que puede ser muy antipático y con poca ética de parte de un curador, creo que el interés particular de cada curador es visible en su propio trabajo, soltar nombres así nomás sonaría como elaborar listas de recomendaciones para coleccionistas.

¿Cómo es la relación entre artistas y curadores? ¿Es que acaso el curador a adquirido más peso que el artista en el mundo del arte? ¿Es el artista necesariamente dependiente de las propuestas expositivas del curador?

Se trata de una relación complementaria, más no competitiva. Creo que la labor curatorial es esencial para lograr otorgar algo de sentido a la pletórica producción cultural y ha contribuido a profesionalizar el campo institucional. Por otro lado si reconocemos que existen muchos artistas curadores la pregunta planteada pierde un poco de peso, creo que un artista puede perfectamente prescindir de trabajar con curadores si así lo desea pero a su vez he constatado como se puede enriquecer su trabajo en un diálogo productivo con los mismos. La figura del curador se ha satanizado bastante porque efectivamente algunos profesionales adquirieron un grado de poder exagerado, pero creo que son excepciones.

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A propósito de la muestra en El Museo Del Barrio de Nueva York, el paisaje parecería ser el motivo, pero no, es sólo el pretexto para llamar la atención sobre la mirada, sobre las maneras distintas de mirar una geografía que nos contiene y parecería si no definirnos, si la historia oficial que nos cobija. ¿O de reveer las maneras como hemos venido viendo y viéndonos?

Tu pregunta es muy interesante porque parte de un involucramiento con la premisa curatorial que planteo, con la sugerencia de mirada que aspiro provocar en el espectador. A esta invitación tú has respondido con tus propias lecturas que es lo que me interesa, la idea es hurgar un poquito en cómo nos vemos o cómo nos pueden ver, yo propongo estas obras como una herramienta de conocimiento y aproximación a una realidad.

¿De qué manera proyecta esta muestra el trabajo de los artistas ecuatorianos?

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Toda curaduría parte de un juego de restricciones y parámetros (de espacio físico, de enfoque, de tema, etc.), en el momento que una institución como el Museo del Barrio en Nueva York te pide una propuesta para mostrar artistas ecuatorianos pensé enseguida que poco o nada se sabe no solo de nuestro arte sino de nosotros mismo como país. De ahí surge la idea de emplear al paisaje como una excusa para hablar un poco del Ecuador y de la nueva escena artística, poniendo en diálogo diversas propuestas donde la geografía se presenta como el denominador común. Me interesaba transmitir la idea de que existe un arte vibrante e interesante post-Guayasamín ¡y tenía que hacerlo empleando solo a tres artistas! Luego de que los curadores del museo conocieron y se interesaron un poco más en lo que se hace por acá pude ampliar la propuesta a 5 artistas. No creo que esto represente todo lo que sucede, eso sería imposible de lograr aún con el doble de artistas, pero creo que es un abrebocas que logra despertar la curiosidad por lo que ocurre en el país.

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¿Cómo se percibe, en la escena ecuatoriana, una muestra de este tipo?

Debo suponer que se tomará como algo positivo, el problema reside a veces en la escasa articulación pública que los medios de comunicación hacen de un fenómeno así. Al arte se le da muy poco espacio en los medios por un lado y por otro lado el criterio de cobertura no suele ser el más ponderado o exigente. Se suele cubrir a quien tenga mejores contactos y no necesariamente a quien esté ofreciendo algo de nivel.

Los artistas distintos, o los colectivos de artistas que existen en el país, ¿saben valorar eventos como este?

No lo sé, espero que sí, aunque siempre habrá quien sufra el síndrome de “quítate tú para ponerme yo”. Estoy seguro de que esto abrirá la puerta para nuevas oportunidades de visibilidad.

Usted señala que la muestra de los artistas ecuatorianos que participan en la Bienal del Museo del Barrio de Nueva York, se fundamenta en el paisaje, pero no en el paisaje tradicional, sino en el enfocado como un telón de fondo que ayuda a situar un conjunto de condiciones propias del contexto. ¿Para usted cuál es el telón de fondo que el Ecuador ha vivido en los últimos 15 años?

Bueno se trata de un escenario convulso en todo sentido, el cual ha obligado a pensadores –y aquí incluyo a los artistas- a generar reflexiones del porqué de esta situación. Estos paisajes intentan poner en perspectiva la inestabilidad política, la historia, la guerra, la identidad, nuestra posición en el mundo, nuestra economía, etc., en conclusión muchos de los temas que nos definen como país y cómo individuos.

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La frase: La vida en estado puro, en su curaduría es una ironía o ciertamente cree que el paisaje tradicional ecuatoriano resulta más convulso y complejo que la vida en estado puro que propone el Ministerio de Turismo del Ecuador.

Claro que conlleva un giro irónico, pero a mi modo de ver esa ironía no la impongo yo, es que simplemente es un desvarío pensar que en el Ecuador vivimos la “vida en estado puro”, a mí me parece perversamente tragicómico. Esto no es una crítica al Ministerio de Turismo cuya función es “mercadear” al país y pues para eso —igual que en todas las campañas turísticas de países similares— hay que emplear ganchos publicitarios de este tipo, pero el slogan me resultó una buena plataforma para generar un diálogo con las obras y contrastar aquel ideal con la realidad.

Es decir, que si uno mira detenidamente la obra de cada uno de los ecuatorianos de esta muestra ¿puede seguir una huella histórica de la nefasta etapa política y económica que el país ha vivido en los últimos 15 años?

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Creo que cada obra puede iluminar algún aspecto que nos hable de aquello, quiero enfatizar, sin embargo, que más allá de los contenidos que estos trabajos transmiten, los escogí, además, porque son estupendas obras, las cuales hacen usos muy inteligentes, sensibles y significantes de los medios de representación que emplean, donde forma y contenido están entrelazadas de manera decantada.

¿Hasta qué punto estos referentes históricos ecuatorianos pueden resultar interesantes a los visitantes del Museo del Barrio en Nueva York?

Pues yo creo que mucho ya que toda producción artística está informada por un contexto particular, y estas problemáticas más allá de señalar especificidades de nuestro país pueden fácilmente resonar y generar identificación en espectadores de cualquier proveniencia, lo mismo pasa cuando nosotros vemos arte producido en otras latitudes, obras que pueden aludir a la historia francesa, a la realidad cubana o africana, etc.

Usted destaca los paisajes fotográficos, en tomas únicas de María Teresa Ponce, que producen un diálogo con el paisajista imbabureño Rafael Troya de principios del siglo XX. Es decir, que el paisaje contemporáneo, no puede olvidar la gran tradición de la pintura paisajista. ¿Sí o no y por qué?

 

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Como le mencionaba antes el arte contemporáneo puede usar la tradición para hablar del presente. En el caso de Ponce —en sus fotografías de los paisajes atravesados por el oleoducto— ella subvierte los cánones estéticos de un paisajista tan importante como Troya para hablar de una promesa de riqueza y progreso no cumplida. Troya enfatizaba la magnificencia del gran panorama por sobre la figura humana, y lo que hace Ponce es invertir esta relación para que reparemos en la importancia del ser humano dentro de estos imponentes parajes.

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Entonces llegamos a lo que Octavio Paz, ese gran pensador del arte contemporáneo, llamó en la literatura: ruptura de la tradición o tradición de la ruptura ¿Recoge este concepto su curaduría?

Creo que el pensamiento de Paz no se adapta al espíritu de estos artistas ni a lo que yo pretendo. El ímpetu de la ruptura es un impulso moderno, uno en que cada nuevo movimiento debía negar y obliterar al anterior. En el caso de Ponce y muchos otros artistas, en vez de negar las posibilidades de significación de todo el acervo del pasado, se mira a toda la creación simbólica de la humanidad como una inmensa cantera de materia prima con la cual se puede trabajar, jugar, resignificar, etc., para comentar el presente.

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ARTE DEL CUERPO Y ERÓTICA DEL SENTIDO

February 14th, 2008 · 1 Comentario

por Rafael Courtoisie

            Escribir acerca del cuerpo, escribir sobre la alternancia enfermedad-salud, sobre las instancias del cuerpo, sobre el dolor y el goce, es escribir un cuerpo, es hacer nacer un cuerpo, sacarlo del silencio y darlo a luz en el discurso.

            Ese es uno de los muchos logros de Aleyda Quevedo en “Soy mi cuerpo”.

            Cuando se cambia la preposición y se dice “escribir sobre el cuerpo” la anfibología enriquece el aserto: se escribe sobre el cuerpo para escribir desde el cuerpo, para hacerlo real, tangible, para patentizarlo en su misterio.

            El más profundo, el más auténtico  body art no toma  como escenario el cuerpo. Al contrario. El dibujo, el color, el diseño, se transforman en “escenarios” , en soportes que resaltan la forma única, irrepetible, de un cuerpo.

            Entendido de ese modo el body art, pictórico o escritural, resignifica el cuerpo, le otorga lugar, lo pone en su sitio.

            Luego de San Pablo, buena parte de la civilización cristiana y occidental aceptó la dicotomía cuerpo-alma, transformándola en un dogma antinómico, en una típica falacia de falsa oposición.

            A partir de allí el cuerpo se asocia con materia, con sustancia, con mundo terrenal y sub-terrenal (en ocasiones infernal), lugar propicio del pecado, campo de batalla de la existencia burda, barrosa, concreta y finita de cada ser humano.

            Luego de San Pablo el alma, en cambio, se asocia a espíritu, a psique, a diversos conceptos relacionados con la “esfera de las ideas platónicas”  siempre dotadas de caracteres esenciales y nunca accidentales, jamás tocables y particulares.

            En esta concepción el cuerpo llega a ser “cárcel del alma”. El cuerpo se lee entonces como impedimento, como obstáculo a superar. Una falacia  que, literalmente, puede costar la vida.

            Llevando las cosas al extremo de esta concepción paulista, el cuerpo termina siendo percibido como culpa.

            El discurso poético de Aleyda Quevedo desculpabiliza el cuerpo, se adueña del cuerpo, de sus palpitaciones y discontinuidades que se denominan con el nombre genérico (y a veces engañoso) de “enfermedad”, hace retornar el cuerpo a la unidad primigenia: no se “tiene”, se “es” un cuerpo.

            Hay reminiscencias del poeta inglés John Donne que aquí son emplazadas, pero desde dentro, desde el cuerpo como identidad.

También el poeta argentino Alberto Girri, en su libro “La enfermedad, la salud”, había retomado hace ya cierto tiempo ciertas categorizaciones medioevales de Donne pero las revisaba y revisitaba  desde el concepto de alternancia, lo que inevitablemente remitía en el lector a una dialéctica (no necesariamente hegeliana) del cuerpo.

            De modo análogo al que emplea la ensayista norteamericana Susan Sontag para desestructurar ciertas falacias epigonales o concomitantes de la concepción paulista occidental y cristiana del cuerpo en su libro “La enfermedad y sus metáforas”, Aleyda Quevedo, con un discurso poético transparente, preciso, justo, se “acerca” al cuerpo desde dentro.

            Esta poesía funda una identidad, rescata al cuerpo del discurso alienante y lo pone en el centro de un decir literario que es reconocimiento del dolor pero sin enunciación elegíaca, puesto que es también, y esencialmente,  celebración y goce.

            Si el cuerpo humano en general fue tradicionalmente el lugar del estigma, el  cuerpo femenino fue durante siglos la apoteosis del anatema, la fulguración absoluta del mal vuelto sustancia humana.

            Aleyda deconstruye ese planteo mediante el argumento poético, mediante la afirmación y el reconocimiento. Saca al cuerpo de la oscuridad discursiva y lo ubica en medio de un proceso identitario íntimo pero universal, compartible, abierto: “Soy mi cuerpo”. Vale decir: somos cuerpo.

            A comienzos de la primera centuria del tercer milenio, Aleyda inaugura entonces una alteridad bizarra (en su doble acepción de rara y brava, valiente) que se transforma en mismidad, que dice el cuerpo desde sí.

            El cuerpo dice, el cuerpo, al decir, al reconocerse como identidad, como unidad, funda una instancia del discurso que sublima ese estado inestable de la enfermedad.

            No hay arte sin cuerpo.

El cuerpo hace posible otro modo de conocimiento a través de la poesía, inaugura una fecunda erótica del sentido que revoca el horror e instaura la posibilidad patente, tangible, de belleza.

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Aleyda Quevedo Rojas: Soy mi cuerpo

February 14th, 2008 · Dejar un Comentario

Quito: Libresa, 2006, 89pp.


aleyda2.jpgEn agosto del 2006, Aleyda Quevedo publicó su último poemario, Soy mi cuerpo. El texto contiene dos libros: el primero, titulado “Un viaje”, consta de 35 poemas; el libro dos, “Soy mi cuerpo”, de 33. El poemarios se abre con un prólogo, “Arte del cuerpo y erótica del sentido”, escrito por Rafael Courtoisie, que destaca un discurso poético que “desculpabiliza el cuerpo, se adueña del cuerpo, de sus palpitaciones y discontinuidades que se denominan con el nombre genérico (y a veces engañoso) de ‘enfermedad’, hace retornar el cuerpo a la unidad primigenia: no se ‘tiene’, se ‘es’ un cuerpo”.

Ciertamente, los poemas de Aleyda hablan del cuerpo y desde el cuerpo. No de un cuerpo cualquiera: uno de mujer; expuesto, doliente, anatomizado, cortado. “Mi útero reposa / en la bandeja de cirugía / Se vuelve ceniza / en los basureros hospitaliarios”. “Me tumbo al sol / y de las piernas / y de la espalda/ salen latidos de fuego y caracolas”. Cuerpo propio, cuerpo extraño; el cuerpo deviene, en la voz poética, angustia puesta al desnudo. Estamos expuestos, en el contexto del entramado social, a un permanente bombardeo de discursos que publicitan cuerpos de salud y de placer, cuerpos mercancía, triunfantes, sonrientes, esculpidos, modelados. Cuerpos que ocultan sus cicatrices, sus cortes, los surcos y amasijos de carne que arrastra consigo el devenir del tiempo. “Las cosas / se desgastan / como el amor que te tuve / o el color de aquellas fotos”. ¿Dónde hablan los cuerpos afectados / infectados, los cuerpos del hambre o los demasiado alimentados; los cuerpos mutilados, prostituidos, sacrificados, enfermos; los cuerpos deportados, exterminados, torturados? La literatura es uno de esos reductos en los que podemos escuchar el susurro, también el miedo o el espanto, de los cuerpos llagados y abatidos. “Todavía escucho / a los dragones afilados / ingresando en mis entrañas / Tejido quemado / árbol de páramo yo”. “Siento rabia al saber / que soy mi propio miedo / enfundado en este cuerpo”. “La serpiente de la enfermedad / rasgando tus tejidos”.

Si la salud se define como la vida en el silencio de los órganos, en la enfermedad el sujeto doliente siente y escucha la intimidad de sus vísceras: “Es banda sonora de latidos / crujir de tripas / saliva densa arrastrándose por la garganta”. Cuerpo que explicita, y reclama “la piel campo de batallas”, su lugar de enunciación, sus límites, su gravedad, sus anudamientos de significación. “Nada tiene que ver la cirugía / experimentos nuevas cicatrices”. “Cuanto dolor tolera / la suma del cuerpo”. Si la ilusión de identidad se constituye sobre la base de una imagen reflejada en el espejo, imagen enmarcada en un nombre propio y una historia de vida que se teje alrededor de una línea que, aunque quebrada y zigzagueante, deviene continua en la memoria; el cuerpo, entonces, se constituye como el referente más importante a la hora de establecer puentes de comunicación con el mundo ―habitado siempre por otros cuerpos― y con los otros. “Soy mi cuerpo / atrapado por partículas / de otros cuerpos”. ¿Cómo se enuncian esos puentes desde la imagen que proyecta, para los demás y para sí mismo, un cuerpo doliente y enfermo? “Mi cuerpo pequeño / cruza límites helados / con la espalda encorvada / y un blanco camisón”. “Ya mis deudos aceptan que las cenizas / regresarán a las montañas”. “Mi esposo con sus manos tibias / baña mi cuerpo dolorido / con raíces y hojas de menta”. “Me afeito la cabeza / y empiezan las preguntas / sobre lo que dejamos de hacer”.

Se suele pensar, equivocadamente, que el pensamiento ―el mundo de las ideas y del “espíritu”― se encuentra fuera del cuerpo; lejos de él, o insondablemente oculto y perdido muy adentro. Sin embargo, hay una zona en la que cuerpo y pensamiento se encuentran: esa zona de las emociones; del miedo, del dolor, de la alegría, de la fe, de las ilusiones. “el peso del dolor / está en uno mismo”. “El agua en su paciencia / va y viene perforando el esqueleto”. “Cuerpo / que enjabono en el mar / reconociendo suciedades / y miedos”. “Pongo las manos / al Hermano Gregorio / él es mi intermediario / Centrípeta / llena de mí / riñones / uréter / vejiga / me entrego a la más honda fe”. “Un gato orina mi alma / él sabe por qué no se alejan / los malos tiempos / Los pesares huelen a gato”.

Soy mi cuerpo es un libro consistente, extremadamente cuidado en la construcción de un lenguaje intenso, poético, volcado en la subjetividad de un cuerpo hecho de carne y voz, de miedos y esperanzas, de entrañas y sueños. Un cuerpo que se toca, se huele, se mira, se escucha, se escribe. Un cuerpo que dice de sí en un lenguaje de tonos y matices varios. Versos cortos que orquestan el libro, variantes de un mismo tema.

Alicia Ortega Caicedo

Universidad Andina Simón Bolívar



 

[1] Quito, Ecuador, 1972. Poeta y periodista. Ha publicado los libros de poesía: Cambio en los climas del corazón, 1989; La actitud del fuego, 1994; Algunas rosas verdes, 1996 (ganador del Premio Nacional de Poesía “Jorge Carrera Andrade”); Espacio vacío, 2001; Música oscura, 2004.

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En contra de poner los “cachos”, entre el hielo abrazador y el fuego helado

February 14th, 2008 · Dejar un Comentario

Aleyda Quevedo Rojas

aleyda4.jpg“El largo, el triste juego del amor”, decía el poeta mexicano Jaime Sabines. Y en ese juego el dolor que marca la infidelidad es definitivo. Pero si se tiene la certeza de que la fidelidad no existe, el amor es un juego tristísimo y necesario de dos soledades compartidas que se respetan los espacios, y cuyas almas hacen el amor cada noche, sin dejar de mirar al otro. Cómo explicar entonces, que en el juego del paraíso llamado amor es imposible negarse a la aventura, al romance y al encanto de enamorarse. Aún así, me declaro en contra de los “cachos”. La fidelidad no existe, pero yo, totalmente yo, estoy en contra de los “cuernos”, y hago míos los versos de la poeta María Mercedes Carranza para lanzar mi maldición a los infieles: “Te perseguiré por los siglos de los siglos. No dejaré piedra sin remover. Ni mis ojos horizonte sin mirar. Donde quiera que mi voz hable llegará sin perdón a tu oído. Y mis pasos estarán siempre dentro del laberinto que tracen los tuyos. Se sucederán millones de amaneceres y de ocasos. Resucitarán los muertos y volverán a morir. Y allí donde tú estés: polvo, luna, nada, te he de encontrar”. Malditos “cuernos”, maldita infidelidad que parte en mil pedazos el corazón de cualquiera que haya amado, al menos una vez en su vida. Una mujer traicionada siempre guarda bajo la manga la carta fría y dulce de la venganza. Es una regla de la vida: se perdona pero no se olvida, mucho menos la traición en el amor. Solo basta entender que el imaginario y el ser femeninos vienen de lo psicológico, de lo íntimo, del mundo de lo relacional, del universo de las preocupaciones afectivas, interiores, domésticas, estéticas y emotivas. Es decir, venimos de un mundo donde lo sagrado y lo simbólico tienen mucha presencia. Osho dice que el amor es toda la vida de una mujer. Para el hombre el amor es una de muchas cosas. Pero si una mujer, esencialmente ama, y le ponen los “cuernos”, dejará de hacer todas las cosas importantes de su vida porque le destruyen el principio de confianza y la energía sexual se ve opacada por la presencia de una tercera persona que rompe la comunión que se establece cuando una acepta tener una pareja, en matrimonio, unión libre, convivencia, noviazgo…No importa el tipo de compromiso o acuerdo, cuando llegan los “cuernos” nuestro mundo simbólico y emocional, marcado por lo permanente o lo continuo, pierde poder y empezamos a debilitarnos: baja autoestima, depresión, llanto, deseos de venganza, maldiciones, y luego, una profunda y progresiva decepción.

Es verdad, nadie (hombre o mujer) quiere perderse un “buen polvo”. Nadie quiere negarse las sensaciones alucinantes que produce el desear a otra persona. Nadie quiere dejar de vivir lo diferente, lo nuevo, la aventura, placeres desconocidos. Mas yo, me sigo declarando en contra de la infidelidad, aunque pertenezco a la tercera mujer de la que tanto ha reflexionado Gilles Lipovetsky. Desde esa dimensión de la mujer que propone este francés, la mujer no se la piensa ni se define en relación con el hombre. La condición femenina de las democracias occidentales deja atrás a la mujer que se movía únicamente en el ámbito del hogar, los hijos y las tareas domésticas. Las nuevas generaciones de mujeres no se hallan más subordinadas a los hombres. La tercera mujer tiene libertad e independencia económica, intelectual y sexual. Controla su cuerpo y la procreación (desde el principio de la vida único poder exclusivamente femenino), sigue siendo un territorio sagrado que únicamente le pertenece a ella. Es que desde la píldora y el reconocimiento del trabajo femenino, las mujeres disponen de sí mismas. Y en ese imaginario de la tercera mujer tampoco cabe la fidelidad como pilar fundamental del matrimonio porque lo manda la Iglesia o los concilios vaticanos. No, nada que ver, si la tercera mujer, que supone una “autocreación femenina”, decide ser fiel lo hace desde lo que actualmente se llama “una cultura de vida”. Y como todo en la existencia femenina es ahora sujeto de elección, libre opción e incluso interrogación, personalmente reafirmo mi decisión de estar en contra de los “cuernos”. Finalmente, sé que los “cachos” hacen más daño que la rutina del matrimonio, contra la cual hay remedio, y mucho más daño que el sexo pantuflero (sábado por la noche, rapidito y sin ganas), contra el que también hay remedio. En los tiempos que corren la cultura de vida de cada uno se convierte en una forma de levantarse cada mañana, en una manera de estar en el mundo. La cultura de vida la componen opciones y principios por las que una opta: sí a los derechos humanos, no a la xenofobia, sí a la libertad sexual, no a la violencia, sí a la eutanasia, no a la infidelidad…

Se trata de principios por las que una opta para estar en el mundo. El derecho a la libre determinación vale a la hora de enfrentar todos los asuntos que hacen la vida: los políticos, los privados, los de la alcoba, los económicos. Y si los “cachos” no acepto ponerlos ni me gusta que me los coloquen. Esa es mi opción en este territorio de la libertad, donde las nuevas mujeres decidimos cómo vivir más felices.

Algunas cifras revelan que a la hora de la verdad, el 17% de las mujeres son infieles, y el 42% de los hombres serán infieles en algún momento de su vida. Serios estudios hablan de que hay dos tipos de infidelidades: infidelidad sexual e infidelidad emotiva. Nunca se concluye cuál es la que más afecta a las personas. Pero las mujeres elegimos como peor a la emocional. En el hombre pesa más la infidelidad sexual. La cuestión de fondo para un hombre, no es que una sueñe con Kevin Costner, la cuestión para ellos es que nos encuentren en la cama con el mismísimo Kevin Costner, aunque este sea el fontanero o su mejor amigo. Otros datos afirman que está científicamente comprobado que el hombre únicamente es fiel durante los 4 primeros años de matrimonio o relación estable. Después, puede pasar cualquier cosa en el campo de los “cuernos”, incluso que te sustituyan por un hombre.

Entre los preceptos de algunas iglesias está aquello de: “la fidelidad no es solo un deber sino un derecho inherente al matrimonio”. El principio de fidelidad también consta en los códigos civiles de muchos países. Y solo en poquísimos consta la prisión para quien los pone. Varios psicólogos coinciden en que la infidelidad puede llegar a ser algo positivo en la vida de una pareja que de verdad se ama. Y la otra coincidencia es que se llega a la infidelidad por 9 motivos: Nos sentimos devaluadas; llega la monotonía; una vida sexual aburrida y deficiente; dependencia emocional de los padres; búsqueda de nuevas sensaciones; idealizamos demasiado a la pareja; la pareja permite los cuernos; sentimos amenazada nuestra libertad; alarde de poder. Sin embargo, el amor siempre será un largo y triste juego, muy complejo y lejos de la mediocridad, obligándonos a leer la realidad de otra forma. Por eso, sé que pasa por un asunto que se llama “cultura de vida”. Que es lo mismo que escribió la poeta apócrifa ecuatoriana Márgara Sáenz: Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con/ nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te/ muera para siempre, que se te pudra si regresas.

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FERNANDO IWASAKI: el amor se hace con humor

February 14th, 2008 · 2 Comentarios

Aleyda Quevedo Rojas

El escritor peruano radicado en Sevilla estuvo en Quito para presentar su novela “Libro de mal amor” (Alfaguara serie roja), un libro delicioso que cultiva el arte de la risa y el deseo…

Historiador, escritor, melómano, especialista en flamenco, padre de tres hijos, felizmente casado 21 años, columnista del Diario ABC de España y editor de una de las mejores revistas de poesía que se editan en Hispanoamérica llamada Renacimiento, Fernando Iwasaki estuvo en Quito para presentar una novela del mal amor que es una declaración de humor y un tesoro literario que recupera el amor esencial.

Iwasaki tiene 45 años, nació en Lima, es autor de una docena de libros que van de la novela, al relato, y del ensayo a la historia. Reside desde 1989 en Sevilla y dirige la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco. Conversó con COSAS, al calor de un pisco sour, y nos confesó que “todo lo que uno hace por amor y es contemplado por los demás siempre es ridículo”.

Efectivamente, para escribir del mal amor, de los fracasos románticos, de los amores que no se realizan y que duelen; para escribir solo del lado platónico y de los actos absurdos y coherentemente ridículos que los enamorados hacen, hay que escribir desde el buen amor, es decir, desde el amor sin culpas ni resentimientos, y totalmente desde la risa. Esto exige haber vivido un buen amor, la complicidad de una pareja, la amistad del otro y la realización erótica. De esto va su libro, 10 historias que llevan el nombre de una mujer, 10 amores que se tejen con un hilarante sentido del humor, 10 momentos de la vida de un joven, narrados entre lo culto y lo popular, que Alfaguara erróneamente, recomienda para chicos de secundaria, vaya encasillamiento comercial…

Desde tu territorio de escritor, ¿cuál es la frontera, sutil y delicada, que estableces entre erotismo y sexualidad?

La relación que existe entre el erotismo y la sexualidad es casi la misma que existe entre los teoremas. Es decir, el erotismo no necesita demostración, al igual que los teoremas, porque el erotismo es lo que sugiere y la sexualidad es lo explícito. El erotismo es el quid de la cuestión y la sexualidad es el kit de la cuestión pero con K. La sexualidad necesita parafernalia y requiere un botiquín de primeros auxilios sexuales, el erotismo no.

Para escribir un Libro de mal amor, se requiere haber vivido también el buen amor, el amor pleno, y en esa plenitud del amor ¿qué papel juega el sexo?

El sexo puede ser fundamental pero también puede ser una funda mental. El sexo, creo que de alguna manera, enriquece el amor pero no necesariamente lo culmina. La sexualidad, además, es muy diversa, puede ser de uno, de dos y a veces hasta de tres. Mejor que sea de dos porque así se conoce a la gente.

Las 10 mujeres que están en tu novela, que podrían ser una sola, o que pueden ser mil, me dicen que has explorado mucho en la estructura emocional de las mujeres, en la sicología de lo femenino. ¿Esto es así, es una preocupación tuya como escritor?

De alguna manera sí, pero en este Libro de Mal Amor quizá no hay tanto este trabajo porque lo que he tratado de hacer en este libro es reírme de mí mismo, y deconstruir todos los comportamientos absolutamente ridículos que tenemos los hombres cuando nos enamoramos, y no hay quizás un estudio de las mujeres. Pero en otros cuentos míos y en otros libros sí. Por ejemplo, en el libro titulado: “El Harte de Amar” y en otro libro titulado: “Un milagro informal” allí sí hay historias en las que exploro el lado femenino. En la mitología griega hay un personaje muy interesante que es el adivino Tiresias que era ciego y que supuestamente, siete veces a lo largo de su vida, fue metamorfoseado en hombre y mujer- hombre y mujer. Entonces, un día cuando los dioses discuten quien disfruta más del sexo si el hombre o la mujer, van a preguntarle a Tiresias que es el único que podía dar testimonio de las dos partes y Tiresias dijo algo así como que si el placer sexual tuviera siete partes, seis le corresponden a la mujer. Es decir, de todas las posibles formas de placer, la mujer es capaz de experimentarlas todas. A mí eso, que está en los mitos griegos, siempre me ha interesado. En estos libro que te cuento, hay relatos en los que he tratado de investigar cuáles podrían ser esas seis partes del placer femenino. Me parece, que a diferencia del hombre, creo que la mujer sí puede disfrutar con el pensamiento. El primer órgano sexual es el cerebro, eso está muy claro. Creo que una mujer siente placer con un abrazo, con una mirada, con una sonrisa. No necesita llevarse al tío al huerto, le basta incluso con saber que ella podría. Esa es una forma de placer que creo que a los hombres nos haría muy felices conocerla. Ser capaces de decirle a una mujer, con la que sabemos que nunca vamos a tener o hacer nada, decirle que somos felices porque ella existe. Solo una mujer puede tener la certeza de que hay alguien que no la va a olvidar nunca.

¿Cuál es el sitio que ocupa la seducción en el arte de amar que practica Fernando Iwasaki?

En el Harte de Amara hay un conjunto de microrelatos eróticos que se titulan “Fantasías textuales”, donde he intentado, desde el lado femenino, explorar el tema de la seducción. Creo que el hombre no es el que seduce, a lo mejor él creo que es el que seduce. Tengo la sospecha de que si una mujer no quiere ser seducida no emite ninguna señal, es el hombre el que va cayendo progresivamente en esas añagazas que la mujer que quiere ser seducida le poner por delante, y a lo mejor el seductor más experimentado es aquel que es capaz de interpretar esas claves, y no el que cree que hay trucos y fórmulas a las cuales recurrir, eso es absurdo, es parte de las mentiras y espejismos machistas. Si una mujer no quiere ser seducida no es seducida.

Tú has dicho que un escritor es lo que ha leído, entonces, ¿quién es Fernando Iwasaki como escritor, qué ha leído, cuáles son sus referentes de cabecera?

Mira, yo no quiero dármelas de sofisticado, para nada, yo comencé leyendo cómics de super héroes y si yo no hubiera leído esos cómics, te aseguro que después no hubiera entendido a Borges, así de sencillo, si no leía de niño Los cuatro fantásticos, luego no entendía el Libro de Arena de Borges. Quiero decirte que yo no puedo ir por la vida diciendo que siempre leí a Vallejo a Steiner o Tolstoi, yo comencé leyendo cómics, luego las fábulas de Esopo, me leí los cuentos de Los Hermanos Grim, luego Andersen, después pasé a Julio Verne y luego a Stevenson, y leí a Marc Twin, pero también leí Tarzán, Bomba el Niño de la Selva, hasta que de pronto leí Cortázar, Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa. Hasta que llegué a Borges, que es para mí el autor que ordenó a todos los autores que había leído, Borges fue el escritor que le dio sentido a mis lecturas infantiles y las articulo y me preparó el camino para leer a otros autores. Osea que mi primera experiencia textual no fue con Joyce, fue con Kalimán.

¿Crees entonces que la literatura mala te lleva a la buena?

Creo que hay que ser un lector promiscuo y omnívoro y lo importante es que un libro te lleve a otro libro. El lector debe ser como el capitán Ajax nunca vas a cazar a Moby Dick pero tienes que estar siempre detrás de ella.

Finalmente, quiero aprovecharme de tu formación como historiador para que nos cuentes un poco, ¿cuál es la influencia de la cultura japonesa sobre el Perú? Finalmente, llevas un apellido japonés.

Los descendientes de japoneses en el Perú somos una minoría más dentro de ese mosaico en el que uno encuentra descendientes de alemanes, colonias judías, italianas… Yo mismo tengo un apellido italiano, soy Fernando Iwasaki Cauti, la familia de mi mamá era guayaquileña italiana, y la de mi padre japonesa peruana. Yo nunca había sido consciente de lo que significaba pertenecer a esta tradición cultural hasta que no viví fuera del Perú. Cuando viví en España me di cuenta de esto, la gente me paraba en la calle y me decía: “usted es Iwasaki, pues lo felicito, porque ha aprendido a escribir el castellano muy bien”. Y estos malentendidos me llevaron a pensar que tengo algo exótico que debo explorar. Mi familia nunca frecuentó la colonia japonesa en el Perú, mi abuelo llegó al Perú con la migración que vino de Francia, y a mí ahora sí me interesa este tema. Tengo un proyecto de escribir una novela sobre mi abuelo, él nació en el siglo 19, emigró primero a Francia, luego llegó al Perú, murió en circunstancias muy extrañas y todo me lleva a pensar que le debo una novela. He tratado de estudiar la cultura japonesa, y yo estuve por Japón, incluso fui profesor en una universidad japonesa, ahora me siento cercano a esa cultura. Incluso quiero profundizar en el japonés como idioma.

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POESÍA ERÓTICA DE ALEYDA QUEVEDO

February 14th, 2008 · 1 Comentario

Floriano Martins

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La costura de elementos como sexo, cuerpo, deseo que generalmente tenemos entre manos se circunscribe
al punto cruz de una culpabilidad. En el lenguaje cotidiano hay una variación entre lo interdicto y la lascivia caricatural, o sea, variantes entre los reflejos de una opresión moral y el falsete.

En la poesía habitualmente encontramos la misma ambigüedad, sea la imagen prohibida, justificada como recurso sugestivo, sea el apabullamiento, como recurso de la desfiguración. Los lenguajes se empobrecen por no percibir que el erotismo no pertenece propiamente al plano de la descripción. En general, suele sonar falsa, aunque a veces estimulante, esa articulación del cuerpo en un plano erótico en la circulación diaria de los lenguajes: maneras de vestirse, de hablar, de escribir, tácticas de seducción, en fin, el conjunto de gestos y expresiones que rige nuestro mundo cotidiano.

El problema es que no existimos fuera del cuerpo, de manera que cuando permitimos que sea falseada nuestra relación con el cuerpo es como si desistiéramos de lo que somos. Todo enunciado erótico suena entonces como un fraude, sea que pensemos en lo prohibido o en lo explícito, en el retraimiento o en la confrontación, en el gesto reprimido o en la explosión violenta.

Justo en aquello que le es más sagrado –el cuerpo– el hombre no logra ser intenso. Ese mismo cuerpo que termina por representar el papel de un obstáculo que debe ser vencido. La trascendencia es nuestro plan de fuga; por una vía múltiple de insatisfacción, apostamos todas las fichas al espíritu. Entonces alimentamos esas zonas increíbles de transferencia, los lugares más propicios a la culpa, el dominio del pecado, etc. Es todo lo que tenemos.

Claro que tenemos también las contradicciones, en su escala infinita, que varían desde los gestos cotidianos más casuales hasta una ruptura deliberada del lenguaje artístico. Tenemos la poesía explotando en verborragia y dóciles facilidades de lenguaje. Tenemos la imagen en su apego a un desconcierto viciado. Que sintamos todo eso como contradicciones es una dádiva; o sea, con el arte que tenemos hoy, el infierno está garantizado. En última instancia, tratemos el tema desde una perspectiva ética o estética, nos encontramos hoy más encadenados a un pastiche erótico promovido por la industria de la publicidad que cuando teníamos la libido confinada a las cárceles de la Iglesia.

Todo y cualquier lenguaje es esencialmente erótico. No se dispara una bala, no se conspira contra un gobierno, no se destituye o se entroniza un rey del baile, si no es desde una perspectiva erótica. Cualquier investidura es el primado del orgasmo. No hay hacia dónde ir, de qué huir, qué evitar. Todo en el hombre expresa su deseo de vida y muerte.

La lectura de este libro de la poeta Aleyda Quevedo tiene una vibrante particularidad, que puede definirse como una ruptura con esa dicotomía entre interdicción y apabullamiento. El libro recorre otro universo, donde ya no caben la culpa ni cualquier otra forma de falsete. No comete los vicios de lenguaje de un erotismo que encharca la poesía de exotismos lujuriantes, ceremonias voluptuosas, fetiches comunes. Es un libro que se entrega a sí mismo, no se distingue de quien lo escribe, tantea sus abismos, sus maldades, sus convencimientos, sus insinuaciones, todo. Y aquí ha de entenderse ese todo evocando principalmente dos constantes: la inundación erótica y el fraseo estético. Ello significa que el libro está tan bien escrito como nos seduce por el ambiente que diseña y nos invita a conocer. Olvidemos la propaganda. Vamos entonces al libro.

 

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