FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESIA, GRANADA- NICARAGUA, 2008: poemas y el espíritu de Salón de la Selva.
March 27th, 2009 · Dejar un Comentario
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La primera vez…de una poeta ecuatoriana en La Habana
August 5th, 2008 · 2 Comentarios
Como toda primera vez, el cuerpo y el espíritu experimentan, con la misma potencia, una sensación que raya entre el placer intenso y el dolor profundo. Placer y dolor, quizá por tanta belleza al saborear lo que se vive por vez primera y es capaz de otorgar equilibrio, en medio, de la turbación de los sentidos.
En este caso pude sentir y tocar la estructura de las emociones que componen una primera vez. Mi primera vez en La Habana, la capital de todos los cubanos, con dos millones de habitantes de cara al vibrante Malecón (un amplio balcón de cinco kilómetros) y de frente al majestuoso Caribe.
La intensa luz, el calor, la humedad, la brisa del mar y los aromas a mango, fruta bomba (papaya), ron, mamey, arroz y frijoles negros, café y cerdo frito –confundiéndose– hacen de La Habana un caleidoscopio enmarcado en el peso de la tradición, de más de 4 siglos que tiene la capital cubana de fundada, y el no menos pesado peso de los 50 años de la revolución socialista
Quería tanto conocer La Habana, la barroca de Lezama Lima, la isla total de Virgilio Piñera, la perla en la que vivió Dulce
Vivo en una ciudad que dicen de columnas. /El mar es tan cercano a nuestra parentela / que su temblor de sal relampaguea en la casa. /Aquí crece el follaje de los dientes, /propósitos oscuros mueren en parques agrios. /Hay viejos con bastones, muchachas con cinturas como en cada ciudad que uno imagina. /Un gesto de la hierba descubre la manigua, /donde han sobrevivido el desamparo, /el curujey, cual cántaro fugaz de mesonero, /el güiro del palenque. /Por aquí transitaron los esclavos que engordaban el miedo de los amos.
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Y en mi primera mañana lo primero que hice, en compañía del poeta y querido amigo, Álex Fleites, la primera persona conocida y amada con la que me reencontré en La Habana, fue recorrer el Museo de Bellas Artes. Con Álex caminamos los salones del moderno edificio que alberga los cuadros de los pintores iconos de Cuba. Hasta que nos detuvimos, por más de 10 minutos, a contemplar el famoso cuadro titulado: “El rapto de la mulata”, que se exhibe permanentemente en la Sala de Arte Cubano y que pertenece al artista Carlos Enrique. Luego, nos detuvimos, algunos minutos más, frente a varios de los cuadros notables de otro de los grandes de Cuba: Wifredo Lam. De la mano de Álex Fleites no dejé de admirar y repasar la obra de los fundacionales René Portocarrero, Fidelio Ponce y Amelia Peláez. Y de mi hermano Álex tengo estos versos que nos hablan de su violenta ternura por esta ciudad que ahora es una de las que más amo:
Por la tarde camino bajo la deliciosa sombra de los almendros y ceibas que pueblan las veredas de las calles del barrio El Vedado. Y aún hoy, cuando muchas de sus casas lucen deterioradas y otras tratan de salvarse del tiempo, las aguas, el bloqueo, la falta de mantenimiento y la escasez de dinero para una mano de pintura, es posible deleitarse con la estética de lo esencialmente cubano influido por lo europeo. Hay caserones que albergan a más de 6 familias que comparten un solo cuarto de baño y sobreviven y luchan cada día. Pero el aire señorial de El Vedado sobrepasa todo tipo de bloqueo. He recorrido muchas imponentes calles, hasta que finalmente llego a la cita, pactada desde Quito, con
No puedo dejar de pedirle a Carlos Augusto Alfonso que me lea uno de sus poemas que más me encanta y que en voz del poeta, y ante el crepúsculo de La Habana, adquiere otro encanto:
No sé mi alma /en qué hades del mundo está penando. /Pasto en silencio /En mi cuartón, apacentado, /aprovecho los metros en redondo. /Como a nadie le importo, /me alejo de la estaca sin los metros de soga. /No crean que me escapo /(porque ya lo viví), /ya no soy un marcado, no soy un manierista, /que al salir de la escena sin el retraimiento, /convierte inmolación en detalle de un cuadro. /Se amplía un sarraceno con su bastón de médula, /en la pradera me guía con ajenos cencerros. /Mi Trinidad de estómagos /son ahora el padre y el hijo del espíritu, /lo digiero en silencio, como a los desperdicios de las ideologías; /todo ese pienso líquido fue pensado por mí, /vertido en los ríos por doncellas de viejos intereses, /matarifes de soplos en el pecho. /No sé ahora si mi alma resiste. /Quien dijo conducirme no es otro que mi hermano, /ya no doblan campanas en mi oreja, /porque saben con quiénes me han cruzado.
La tibia noche habanera comienza y me despido de Carlos Augusto Alfonso. Pero no me salgo de El Vedado, pues en este barrio también está la movida cultural y nocturna de la ciudad: El bar-café “El Gato Tuerto” siempre acoge al viajero con un clásico mojito y buenas propuestas musicales en vivo; pero muy cerca de allí, está lo que verdaderamente interesa a cierta hora de la noche o del trasnoche: buen jazz.
Así llegué, en compañía del fotógrafo y cineasta Ernesto Granados, quien además hizo la fotografía del famoso filme “Fresa y Chocolate”, su encantadora esposa Odalys y el narrador, ensayista, traductor, poeta y entrañable amigo camagüeyano, radicado en La Habana desde hace 8 años, Jesús David Curbelo a: “La Zorra y El Cuervo”, un sitio clave en la cultura jazzística que produce La Habana con gran calidad.
Esta noche le toca a Elmer Ferrer Band www.elmerferrer.cult.cu y la jam session revela que Cuba respira buena música y buen feeling, a la altura del mejor jazz de los EE.UU. La velada musical termina a las 3 de la madrugada, en el Malecón, al calor de los últimos tragos del iluminado ron Caney Reserva.
Al día siguiente Jesús David Curbelo me regala varios de sus libros: “Otros cuentos de amor, de locura y de muerte” que reúne cuentos y
Caminar por parques y plazas, beber cerveza “Bucanero Max”, mucho mejor que la Cristal, en cualquier bar al aire libre, y recorrer el mercado de artesanías, completa el paseo de casi 4 horas y media por
La Habana es la ciudad más húmeda de Cuba. /De frente a la bahía, y mirando
Los días corren veloces en La Habana, la poesía que voy descubriendo y la que vuelvo a releer; los lugares que interiorizo; los amigos con los que comparto, y la música que siempre es atmósfera de fondo en esta ciudad, hacen que el tiempo vuele…Es jueves y una mezcla de emoción y vértigo me invade porque a las 10:00 debo leer en la Torre de Letras, en
Luego de mi lectura se da un natural intercambio de libros con varios poetas que estaban entre el público, y de entre todos ellos, descubro la generosidad del conocido traductor de poesía alemana y austriaca
La Torre de Letras es un espacio para la literatura de la isla y del mundo entero; es la continuidad del enorme proyecto que la poeta y narradora
Edel me habla de las intensas actividades que se organizan en la casa de la gran poeta Loynaz; me regala algunos números de la revista de literatura y libros que editan: “La letra del Escriba”; y me obsequia el libro de poesía “Las Altas Horas” de Teresa Melo (Santiago de Cuba, 1961), Premio Nicolás Guillén
Le pido que me firme su libro: “Escrito en Playa Amarilla”, quizá uno de los mejores textos de poesía, que se han escrito en la Isla, en el 2004.
Mi última mañana en La Habana fue para comprar libros en pesos cubanos, gracias a la gentileza, de un apasionado lector de poesía a quien conocí por casualidad, y a quién todos le dicen “El Gaucho”, y con este gaucho caribeño, dueño de una ternura sin igual, me adentro en cinco librerías para adquirir tesoros, que ahora he gozado en mis días en Quito, joyas que revelan por qué Cuba es dueña de una literatura tan potente. Libros que me permito citar a continuación, porque son verdaderas joyas:
“Distintos modos de cavar un túnel” de
Por la tarde mi amigo Carlos Augusto Alfonso me lleva en su (Lada, color vino tinto) hasta el aeropuerto “José Martí” y otra vez el placer y el dolor, quizá por tanta belleza al saborear lo que se vive por primera vez y es capaz de otorgar equilibrio, en medio, de la turbación de los sentidos, me invade al despedirme, por primera vez de La Habana.
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ACERCA DE LA MASTURBACIÓN Y EL SOL DE LA DIFICULTAD
March 28th, 2008 · 7 Comentarios
ACERCA DE
Hay algo de obsceno y lascivo en la palabra masturbación, esto es lo que siempre me ha atraído. Como el sol de la dificultad en la literatura, en la poesía.
TRES DE SAFO DE LESBOS
Que los vientos y el temor
se lleven a quien hable mal de mí
Safo
rompe los sentidos y turba mi noche
Hacer caballito en el sillón suave tampoco engaña
y deambulo por los pasillos de la casa
divina Safo coronada de violetas
finalmente entrará en mí.
POR FORTUNA LA LUNA ME DISTINGUE
Más no puedo olvidar a aquel soldado
de miembro enorme y velludo
que lo llevaba descubierto
soy mía en el cielo de mi cama
clítoris y cerebro
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3 en las letras del Ecuador: Lydia Dávila, Ileana Espinel y Carmen Váscones
February 14th, 2008 · 3 Comentarios
Heinrich Böll
Tres nombres, tres referentes, reconocidas y siempre difundidas en diversas antologías y diccionarios, las tres provienen de las ciudades más importantes del país: Quito, la capital política y cultural; Guayaquil, el puerto comercial y financiero; y Cuenca, ciudad marcadamente universitaria y contestaria.
Estas poetas tienen en común el ejercicio de una profunda libertad interior que las llevó a escribir poemas que además del tema sentimental y amoroso, aludían ya a la corporeidad, los tejidos sociales, la discriminación contra las mujeres, el deseo, la libertad, la tierra y la maternidad.
Ellas fueron las pioneras en el lenguaje poético vigoroso que inicia el descubrimiento del cuerpo y la psicología femenina.
Quizá, la más consecuente y libre pensadora, de las tres, fue Dolores Veintimilla, quien prefirió el suicidio, muy joven, antes que continuar soportando el peso insoportable de las inquisidoras y conservadoras ideas del Quito de la época que le tocó vivir: cuando una mujer valía si tenía a su lado un esposo.
De Dolores Veintimilla, siempre resuenan, estos poderosos versos:
¡Y amarle pude!… Al sol de la existencia/ Se abría apenas soñadora el alma…/ Perdió mi pobre corazón su calma/ Desde el fatal instante en que le hallé/ Sus palabras sonaron en mi oído/ Como música blanda y deliciosa;/ subió a mi rostro el tinte de la rosa;/ Como la hoja en el árbol vacilé.
A la tradición que iniciaron, Dolores Veintimilla, Zayda Letty Castillo y Mary Corilé, se suman tres escritoras, también de distintas épocas, que ayudaron a romper el canon y las formas tradicionales de hacer poesía en el Ecuador: Lydia Dávila que se cree nació entre 1918 y 1920, y cuya obra escasamente conocida y apenas difundida, nos dejó un único libro; Ileana Espinel, nacida en los años 30, poeta y periodista cultural que muere hace pocos años, y
Una quiteña y dos guayaquileñas, que aún no han sido ampliamente estudiadas, y cuya obra resulta fundacional para las letras del Ecuador, y refrescantemente aleccionante para los lectores de poesía de Venezuela.
Sin duda, el icono que de estos tres nombres, emerge con la fuerza y la sorpresa azul del mar es Lydia Dávila, con una historia literaria distinta y misteriosa: de ella se conoce un solo libro titulado: “Labios en Llamas”, y publicado en 1935. Es un libro atípico y muy personal para la época, un libro que se mueve entre las aguas de la fantasía y el cielo de la libertad; los registros literarios de su tiempo, así como los contemporáneos, simplemente no tienen su nombre.
Posiblemente nació en Quito, quizá contemporánea de
Por los escasos datos que de Lydia Dávila existen, se podría decir que es una poeta rarísima que decidió publicar un solo libro, que viajó y leyó mucho, pues sus textos están plagados de amplias referencias a la cultura universal. Un solo libro publicado que bastó para colocarla a la altura de los mejores autores ecuatorianos, incluso de sus posibles contemporáneos: Alfredo Gangotena, Gonzalo Escudero y
La capacidad de su lenguaje, las ventanas de pasión y lascivia que abre con su palabra, hacen que en cada poema, sea posible atravesar lo sagrado y lo cotidiano, con un ritmo potente, desde el universo erótico-amoroso.
Las contemporáneas de Lydia Dávila, tomando en cuenta el año de edición de su único libro publicado: 1935, serían la chilena, Premio Nobel de Literatura en 1945, Gabriela Mistral, que publica su libro titulado: Tala, cuya primera edición data de 1938; y Alfonsina Storni que publica el libro Mundo de Siete Pozos en 1934.
En Tala, los poemas de corte amoroso de la Mistral, nada tienen que ver con el erotismo desenfadado, de
Mientras la Mistral escribe:
En costa lejana/ y en mar de Pasión,/ dijimos adioses/ sin decir Adiós./ Y no fue verdad/ la alucinación. / Ni tú la creíste/ ni la creo yo,/ “y es cierto y no es cierto”/ como la canción.
Lydia Dávila escribe: Señor¡ Has que le encuentre en el desbordamiento de mi sangre. Mis senos se transfiguran al conjuro de sus labios. Si él tiene la melena rubia, como el trigo de
El erotismo del libro, Labios en Llamas, publicado en Quito en
La pureza de su palabra erótica consigue momentos de plena belleza, pero, además, instantes de rebeldía y verdadera adoración al amante y su cuerpo.
La poeta se reafirma en su nombre, y a partir de la escritura de sus deseos más hondos transgrede normas, estilos, convenciones y formas, las formas establecidas por el canon de la literatura ecuatoriana, en ese momento.
Poemas en prosa que mantienen un ritmo sostenido, entre lo sagrado del encuentro amoroso, y la perversión de los sueños eróticos, las fantasías y los límites inexplorados del cuerpo dador y receptor de placer.
Algunos datos sobre quién fue Lydia Dávila, mencionan que escribió Labios en Llamas a los 19 años de edad, que consumía drogas y que se llamaba a sí misma “Satanás de Amor”.
Su poesía nos habla de una mujer que se conoce muy bien a sí misma. Una poeta que se reafirma como ser humano a partir de su nombre:
Es que en mis poemas estoy yo: Lydia, escribe al final de su poemario, como si quisiera dejar bien claro que lo más íntimo de su ser está escrito por siempre en sus precisos versos en prosa.
La poesía que amo, como lectora, es apasionada y sabia, la poesía de Lydia Dávila reúne esas dos cualidades.
Labios en llamas, rompe el tradicionalismo social de las mañanas de iglesia y rezos de
DIABLESA
¡Quiero ser…! Incendiar en mis pupilas
en el áspid lloroso de las tardes, para que te confieses conmigo…
en la serenata de un suplicio. Cual castidades sin cielo…
ser tu bandida, la pirata de tus amores….
Mutilar la caricia de tus huellas: como un Satanás de Amor.
Muchas veces me he muerto en tus brazos, con la boca recelosa…
con el presentimiento mortal de lo inevitable…
porque tú eres la borrasca de mis carnes núbiles…
mi cuerpo debió ser…Ya te contaré las caricias íntimas.
con mordeduras incitantes y te hace daño. ..Perdona el martirio de mi carne.
¡Sí, soy la novia sin tímidos recatos!
cual una reparación a destiempo…
de mis líneas…en la cuenca de un Pecado Mortal.
IGNICIÓN DE AVIDECES
Los cráteres de mi carne tienen una ignición de avideces:
pecados mortales para tus manos.
por ti se prendió la hoguera de mis arrobos, donde se
engendran los éxtasis violadores.
Te emborrachas: en el sádico dintel de mis exhalaciones.
Viertes en mí el secreto de tus desfallecimientos de hombre.
Has diluido mi ausencia en un estertor de ateísmos…
¿Oyes? La jaculatoria de mis besos.
blanquísimo del deseo esconde la virginidad de su cuello. ¡Cómo lo recuerdo!
Como una loca…!
De pronto,
Se mustiaron tus ojos enfermos de histerismo…
te di el humilde dolor de mis lágrimas.
sobre la promiscuidad de mis senos que se desbordan.
En el desgarramiento…sin abstinencias, de mi mordedura
de Amor.
Te he palpado en las fatigas con enervaciones de prodigio…
En la diadema de mi carne que sabe de los siete sentires.
Tú existes: en la flor empedernida de mi sexo. Soy toda silencio.
Tu beso asesino ha hecho un esguince de amor en los festines de
mi carne.
Soy tuya…!
Ileana fue también periodista, colaboró durante muchos años con Diario El Universo, y fue redactora y corresponsal de diversas revistas internacionales. Formó parte del “Club 7 de Poesía” fundado por el gran poeta ecuatoriano David Ledesma Vázquez, quien se suicidó y que en vida, fue muy cercano a Ileana.
Los críticos se refieren a Ileana Espinel como: liberal, apasionada, vital, progresista y novedosa, la primera escritora ecuatoriana que no se encasilla en escuela alguna. Otras referencias la señalan como una cultora de la forma, sus mayores logros reposan en el campo del significado.
“Ileana Espinel es quien entroniza la poesía sardónica en el paisaje de la lírica ecuatoriana, con tintes tormentosos pero a la vez cautivantes”, remarcan los estudiosos.
Los temas en la poesía de Ileana Espinel son diversos, sus búsquedas navegaron en los territorios del amor, la muerte, la enfermedad y los temas sociales, con igual curiosidad.
Entre sus más bellos poemas de corte erótico está:
POEMA DE SANGRE Y FUEGO
como una siembra mística intocada
como un lirio de aroma batallante,
como un pan cotidiano y, sin embargo, único…
Cuando el fuego subía
A la tierra más alta
En un vuelco infinito sin escalas.
cuando vino su luz
oscuramente mágica.
Uno de sus más logrados poemas que revelan las cercanías a Tanatos es:
DISLATE CON PASTILLAS
Esencial
Pankreoflat
Flaminón
Peridex
Baralgina
Tioctán
Persantín
Buscopax
Irgapirina
mosaico adocenado
del templo drogadicto
que oficia diariamente
en mis entrañas
(todo para que el hígado
el insomnio los nervios
el músculo cardiaco
los dedos que hormiguean
retrasen los relojes
que marcan sin remedio
el infalible paso vencedor de la muerte).
El peso del dolor, el amor no encontrado, los cantos a la muerte, la poesía comprometida, las agonías, y la soledad son temas recurrentes en su poesía. El trabajo depurado con el lenguaje es uno de sus mayores logros, así como también sus imágenes de ironía frontal.
un carnicero espía de rodillas
la mueca azul del diablo.
El vientre es un tranvía de puñales.
La calle: un sombrío y anarquista
puente de lágrimas.
Adentro,
la tos ferina.
Y yo que clamo.
era tu piel trigueña.
-luna roja de Octubre-
te amaba tanto que su amor callaba.
Porque el último poro de tu cuerpo
luminoso de estatua
suspiraba febril
por otro amor, amor, que no te amaba…
-celeste ardor,
divinamente tuya y del pasado-
sólo por ver la dicha en tus pupilas
rogaba a Dios la angustia de mirarte en sus brazos.
Cierro este artículo para los lectores de Venezuela con la palabra de
La poesía de Carmen estremece, interroga y desafía a la vida y a la misma muerte. La originalidad de su lenguaje radica en la apropiación de cierta psicología femenina que rebasa los sublenguajes, membretes o guethos como aquello de “poesía escrita por mujeres o erótica de mujeres”.
Sus siguientes poemarios: Memorial a un acantilado y Aguaje, reafirman a Váscones como una voz interesante y rigurosa dentro de la poesía ecuatoriana contemporánea. Disciplinada y dedicada al lenguaje, Carmen tiene además de
Una de sus estudiosas, la joven
“Su poesía nos lleva a un ambiente de placer, deseo, amor y muerte; se destaca la temática de la muerte que se impone ante las creencias habituales, y las desafía una y otra vez, también se percibe una especial rebeldía ante Dios y la victoria de su feminidad Tiene libros de convicciones, de sueños y amor pasional, y agudo existencialismo”.
Es que la poesía de Váscones ha influido sobre muchos nuevos nombres de escritoras jóvenes ecuatorianas.
Uno de sus poemas más significativos se titula: Los senderos del placer
a la lengua que me tocó sin rubor
por ser bienaventurados del reino del deseo
donde la muerte es una promesa sin juicio final.
La poeta vive actualmente en Playas de Villamil, un pequeño pueblo a media de hora de Guayaquil. De frente al mar transcurren los días de Carmen, quien ha hecho de la escritura su forma de estar en el mundo.
a la infidelidad de la tripulación
el padecimiento amoroso leva ancla
contiene la asunción de la complicidad
el adulterio de psique sabe a ellos
parte de la melancolía del gemelo
el espejo trepanado se bifurca en los reflejos
la maternidad imaginada del genio
recoge su cadáver en la monotonía
de la cópula rezagada
alguien ejecuta las redes del climaterio
(quise ser de un hombre como la muerte al cuerpo)
me juego la posibilidad de todas.
Y COMÍ TU ALMA
con el ocio de mis dientes estrujé
toda huella con forma a ti
cercas con tu ánimo
la eremita de mi gozo
te dejas llevar como faenador
acorazado en vertientes
zarpas búsqueda inútil
rebotas en mi mar
aplacas con pasión amenaza de sequía
arraso tu fuerza
me alcanzas con valentía de novillo
enfrentando arremetida
mutilas saqueo del fruto
reconoces mi interior
momo aborigen de península inicial
bocanadas luna completamente desnuda
en tus brazos de primer hombre en esta tierra
siento entera tu ansia
en mi humana forma.
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RODOLFO KRONFLE CHAMBERS: UNA CURADURÍA EN ESTADO PURO
February 14th, 2008 · Dejar un Comentario
Con una curaduría de Rodolfo Kronfle Chambers: Ecuador. “La vida en estado puro” cinco artistas ecuatorianos exponen en la muestra que permanecerá abierta hasta el 6 de enero del 2008 en el Museo del Barrio: The (S) Files de Nueva York. Los ecuatorianos son parte de una muestra de 51 artistas en total. Los demás artistas son latino-norteamericanos radicados en Nueva York. Cada evento de esta naturaleza que organiza el Museo del Barrio tiene un país emergente invitado. Esta vez fue Ecuador y así lo destacan sus organizadores. Sin duda, es la ocasión para conversar con uno de los más lúcidos conocedores del arte contemporáneo del Ecuador que encarna la imagen y la sabiduría del curador de arte, una figura que no existía en nuestro medio hasta hace algunos años, mas la exigencia del arte contemporáneo y las nuevas promociones de artistas ecuatorianos han hecho que surja esta figura que intenta poner en diálogo a una o varias propuestas artísticas y un público. Parecería que los artistas plásticos antes destinados a hacer de creadores, corredores de arte, montadores de sus exhibiciones, redactores de boletines de prensa, etc. Como los escritores en nuestro medio que tienen que ser creadores, impresores, difusores y comentaristas de su propia obra, porque no existe la figura del agente literario o en caso de la gente del teatro que les toca ser actores, directores dramaturgos etc. Hoy la figura del curador de arte, se hace indispensable en una muestra que se precie de tal, a esta figura debemos la sensibilidad que entable una muestra determinada con un público. En ese sentido no cualquiera puede ser un curador de arte contemporáneo, ya que mucho dependerá de su acervo y conocimiento del arte que tenga. Pero nos encontramos junto a Rodolfo Kronfle, él es una de las figuras más descollantes en el ámbito de la curaduría ecuatoriana y la primera pregunta que quiero hacerle parecería elemental, pero para esta entrevista resulta esencial:
¿Qué es un curador? ¿Qué define y conforma este oficio?
Pecando de reduccionista un curador se puede definir, en última instancia, como una suerte de mediador entre una o varias propuestas artísticas y un público. Por lo general este personaje va a intentar ofrecer una mirada personal, una perspectiva puntual o una configuración dialogante y discursiva sobre un conjunto de obras que ha escogido exponer. Su bagaje y formación puede ser tremendamente heterodoxo (historiador, antropólogo, etc.) pero con un profundo conocimiento del campo del arte.
¿Qué es el arte contemporáneo? ¿Qué de nuevo trae pues incluso a los entendidos, críticos y comentadores, no sólo ecuatorianos de pintura moderna (y moderna clásica), les resulta no sólo arduo definir, sino incluso hasta repudiable esta manifestación?
El arte contemporáneo es un campo radicalmente plural y diverso en sus manifestaciones, tanto así que definirlo taxativamente resulta problemático. Sin embargo este paradigma se define por la distancia que toma de los métodos, conceptualizaciones y aproximaciones hacia el arte que definían la modernidad, entre estos la supuesta autonomía de la obra la cual, se tiene claro ahora, no puede vivir en un mundo aparte, sino que se contamina y nutre necesariamente de todas las influencias de un contexto, dialogando o reflexionando con el mismo.
El análisis de estas relaciones contextuales se da en un concepto expandido de la cultura y es aquí –para contestar a la segunda parte de su pregunta- donde entran en juego las dificultades de anteriores generaciones de críticos y espectadores, habituados al análisis meramente formal de las obras más no a tratarlas como “textos” que pueden generar múltiples lecturas que se nutren de perspectivas metodológicas y académicas ajenas al campo tradicional del arte. Es en este momento que las maneras de analizar, legitimar y valorar el arte se trastocan creando cierta confusión y resistencia en los espacios más conservadores y en quienes no han seguido nutriendo su pensamiento de los cambios concomitantes en la historia y en la cultura. El asunto se complejizó de tal manera que en efecto ha generado una tremenda confusión (ahí debería justamente entrar a jugar el rol de guía de las instituciones culturales), para muchos el sentimiento que les provoca es el de una indefinida caída libre, una suerte de salto al vacío, y que en lugar de ser asumido con responsabilidad, como un reto intelectual, prefieren la cómoda actitud del desdén y el refugio cómodo de lo ya conocido.
¿Por qué es que el arte contemporáneo produce resquemor en nuestro país? ¿Dónde se pueden fijar las fronteras con la pintura moderna? es la pintura arte contemporáneo?
El arte contemporáneo emplea todas las técnicas y medios de la tradición, la diferencia está en el tipo de uso que hace de ellas, se puede decir que los artistas hacen un uso selectivo de las mismas según lo que se quiera comunicar: se puede emplear un lenguaje con una intención estratégica de significación, se puede usar una técnica específica para activar ciertas filiaciones históricas, incluso es muy válido recuperar e incorporar haceres y modos de producción simbólica que no tienen relación con lo que llamamos arte, etc., en ese sentido por supuesto que existe la pintura contemporánea, un campo que como vemos puede ser muy amplio también. Tal vez una diferencia marcada con la pintura moderna sea el hecho de que la misma no tiene un afán de lograr originalidad, un artista contemporáneo por lo general le preocupa poco aquello de crear un estilo propio porque tiene conciencia de que está expuesto a una serie de influencias infinitas y además ha abandonado el cliché del artista genio e inspirado. Por otro lado el arte contemporáneo suele demandar una actitud menos contemplativa o devocional del espectador a cambio de una actitud más involucrada.
Siendo la producción artística latinoamericana contemporánea —y
El mercado es un ente hoy por hoy indivisible de las lógicas de circulación y legitimación del arte. A mi criterio el fenómeno cada vez más expandido de las ferias comerciales de arte va incrementando su cuota de legitimación -avalando ciertos artistas, determinados fenómenos y centros de producción- una “tarea” que anteriormente la cumplían con mucha mayor autoridad los museos y
¿Hay en el Ecuador artistas contemporáneos que destaquen fuera de sus fronteras por la calidad de su obra? ¿Quiénes son ellos?
Hay pocos pero creo esto cambiará, inclusive por las mismas lógicas del mercado y las demandas del mundo creciente de los museos y bienales, los cuales reclaman permanentemente nuevos actores, nuevos focos de atención, etc. No le quito ningún mérito a Tomás pero no creo que ni él mismo considere que es el único artista ecuatoriano digno de estar en una publicación de esa naturaleza. Este razonamiento lo aplico además a todos los seleccionados de Colombia, Argentina, etc. Es que no se puede reducir un continente con una producción tan rica y diversa en un libro, yo en lo personal estoy totalmente en contra del efecto que producen ese tipo de iniciativas, pero las entiendo como parte del juego mismo del mercado. Por otro lado soltar nombres así nomás me parece algo que puede ser muy antipático y con poca ética de parte de un curador, creo que el interés particular de cada curador es visible en su propio trabajo, soltar nombres así nomás sonaría como elaborar listas de recomendaciones para coleccionistas.
¿Cómo es la relación entre artistas y curadores? ¿Es que acaso el curador a adquirido más peso que el artista en el mundo del arte? ¿Es el artista necesariamente dependiente de las propuestas expositivas del curador?
Se trata de una relación complementaria, más no competitiva. Creo que la labor curatorial es esencial para lograr otorgar algo de sentido a la pletórica producción cultural y ha contribuido a profesionalizar el campo institucional. Por otro lado si reconocemos que existen muchos artistas curadores la pregunta planteada pierde un poco de peso, creo que un artista puede perfectamente prescindir de trabajar con curadores si así lo desea pero a su vez he constatado como se puede enriquecer su trabajo en un diálogo productivo con los mismos. La figura del curador se ha satanizado bastante porque efectivamente algunos profesionales adquirieron un grado de poder exagerado, pero creo que son excepciones.

A propósito de la muestra en El Museo Del Barrio de Nueva York, el paisaje parecería ser el motivo, pero no, es sólo el pretexto para llamar la atención sobre la mirada, sobre las maneras distintas de mirar una geografía que nos contiene y parecería si no definirnos, si la historia oficial que nos cobija. ¿O de reveer las maneras como hemos venido viendo y viéndonos?
Tu pregunta es muy interesante porque parte de un involucramiento con la premisa curatorial que planteo, con la sugerencia de mirada que aspiro provocar en el espectador. A esta invitación tú has respondido con tus propias lecturas que es lo que me interesa, la idea es hurgar un poquito en cómo nos vemos o cómo nos pueden ver, yo propongo estas obras como una herramienta de conocimiento y aproximación a una realidad.
¿De qué manera proyecta esta muestra el trabajo de los artistas ecuatorianos?

Toda curaduría parte de un juego de restricciones y parámetros (de espacio físico, de enfoque, de tema, etc.), en el momento que una institución como el Museo del Barrio en Nueva York te pide una propuesta para mostrar artistas ecuatorianos pensé enseguida que poco o nada se sabe no solo de nuestro arte sino de nosotros mismo como país. De ahí surge la idea de emplear al paisaje como una excusa para hablar un poco del Ecuador y de la nueva escena artística, poniendo en diálogo diversas propuestas donde la geografía se presenta como el denominador común. Me interesaba transmitir la idea de que existe un arte vibrante e interesante post-Guayasamín ¡y tenía que hacerlo empleando solo a tres artistas! Luego de que los curadores del museo conocieron y se interesaron un poco más en lo que se hace por acá pude ampliar la propuesta a 5 artistas. No creo que esto represente todo lo que sucede, eso sería imposible de lograr aún con el doble de artistas, pero creo que es un abrebocas que logra despertar la curiosidad por lo que ocurre en el país.

¿Cómo se percibe, en la escena ecuatoriana, una muestra de este tipo?
Debo suponer que se tomará como algo positivo, el problema reside a veces en la escasa articulación pública que los medios de comunicación hacen de un fenómeno así. Al arte se le da muy poco espacio en los medios por un lado y por otro lado el criterio de cobertura no suele ser el más ponderado o exigente. Se suele cubrir a quien tenga mejores contactos y no necesariamente a quien esté ofreciendo algo de nivel.
Los artistas distintos, o los colectivos de artistas que existen en el país, ¿saben valorar eventos como este?
No lo sé, espero que sí, aunque siempre habrá quien sufra el síndrome de “quítate tú para ponerme yo”. Estoy seguro de que esto abrirá la puerta para nuevas oportunidades de visibilidad.
Usted señala que la muestra de los artistas ecuatorianos que participan en la Bienal del Museo del Barrio de Nueva York, se fundamenta en el paisaje, pero no en el paisaje tradicional, sino en el enfocado como un telón de fondo que ayuda a situar un conjunto de condiciones propias del contexto. ¿Para usted cuál es el telón de fondo que el Ecuador ha vivido en los últimos 15 años?
Bueno se trata de un escenario convulso en todo sentido, el cual ha obligado a pensadores –y aquí incluyo a los artistas- a generar reflexiones del porqué de esta situación. Estos paisajes intentan poner en perspectiva la inestabilidad política, la historia, la guerra, la identidad, nuestra posición en el mundo, nuestra economía, etc., en conclusión muchos de los temas que nos definen como país y cómo individuos.

La frase: La vida en estado puro, en su curaduría es una ironía o ciertamente cree que el paisaje tradicional ecuatoriano resulta más convulso y complejo que la vida en estado puro que propone el Ministerio de Turismo del Ecuador.
Claro que conlleva un giro irónico, pero a mi modo de ver esa ironía no la impongo yo, es que simplemente es un desvarío pensar que en el Ecuador vivimos la “vida en estado puro”, a mí me parece perversamente tragicómico. Esto no es una crítica al Ministerio de Turismo cuya función es “mercadear” al país y pues para eso —igual que en todas las campañas turísticas de países similares— hay que emplear ganchos publicitarios de este tipo, pero el slogan me resultó una buena plataforma para generar un diálogo con las obras y contrastar aquel ideal con la realidad.
Es decir, que si uno mira detenidamente la obra de cada uno de los ecuatorianos de esta muestra ¿puede seguir una huella histórica de la nefasta etapa política y económica que el país ha vivido en los últimos 15 años?

Creo que cada obra puede iluminar algún aspecto que nos hable de aquello, quiero enfatizar, sin embargo, que más allá de los contenidos que estos trabajos transmiten, los escogí, además, porque son estupendas obras, las cuales hacen usos muy inteligentes, sensibles y significantes de los medios de representación que emplean, donde forma y contenido están entrelazadas de manera decantada.
¿Hasta qué punto estos referentes históricos ecuatorianos pueden resultar interesantes a los visitantes del Museo del Barrio en Nueva York?
Pues yo creo que mucho ya que toda producción artística está informada por un contexto particular, y estas problemáticas más allá de señalar especificidades de nuestro país pueden fácilmente resonar y generar identificación en espectadores de cualquier proveniencia, lo mismo pasa cuando nosotros vemos arte producido en otras latitudes, obras que pueden aludir a la historia francesa, a la realidad cubana o africana, etc.
Usted destaca los paisajes fotográficos, en tomas únicas de María

Como le mencionaba antes el arte contemporáneo puede usar la tradición para hablar del presente. En el caso de Ponce —en sus fotografías de los paisajes atravesados por el oleoducto— ella subvierte los cánones estéticos de un paisajista tan importante como Troya para hablar de una promesa de riqueza y progreso no cumplida. Troya enfatizaba la magnificencia del gran panorama por sobre la figura humana, y lo que hace Ponce es invertir esta relación para que reparemos en la importancia del ser humano dentro de estos imponentes parajes.

Entonces llegamos a lo que Octavio Paz, ese gran pensador del arte contemporáneo, llamó en la literatura: ruptura de la tradición o tradición de la ruptura ¿Recoge este concepto su curaduría?
Creo que el pensamiento de Paz no se adapta al espíritu de estos artistas ni a lo que yo pretendo. El ímpetu de la ruptura es un impulso moderno, uno en que cada nuevo movimiento debía negar y obliterar al anterior. En el caso de Ponce y muchos otros artistas, en vez de negar las posibilidades de significación de todo el acervo del pasado, se mira a toda la creación simbólica de la humanidad como una inmensa cantera de materia prima con la cual se puede trabajar, jugar, resignificar, etc., para comentar el presente.
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ARTE DEL CUERPO Y ERÓTICA DEL SENTIDO
February 14th, 2008 · 1 Comentario
por Rafael Courtoisie
Escribir acerca del cuerpo, escribir sobre la alternancia enfermedad-salud, sobre las instancias del cuerpo, sobre el dolor y el goce, es escribir un cuerpo, es hacer nacer un cuerpo, sacarlo del silencio y darlo a luz en el discurso.
Ese es uno de los muchos logros de
Cuando se cambia la preposición y se dice “escribir sobre el cuerpo” la anfibología enriquece el aserto: se escribe sobre el cuerpo para escribir desde el cuerpo, para hacerlo real, tangible, para patentizarlo en su misterio.
El más profundo, el más auténtico body art no toma como escenario el cuerpo. Al contrario. El dibujo, el color, el diseño, se transforman en “escenarios” , en soportes que resaltan la forma única, irrepetible, de un cuerpo.
Entendido de ese modo el body art, pictórico o escritural, resignifica el cuerpo, le otorga lugar, lo pone en su sitio.
Luego de San Pablo, buena parte de la civilización cristiana y occidental aceptó la dicotomía cuerpo-alma, transformándola en un dogma antinómico, en una típica falacia de falsa oposición.
A partir de allí el cuerpo se asocia con materia, con sustancia, con mundo terrenal y sub-terrenal (en ocasiones infernal), lugar propicio del pecado, campo de batalla de la existencia burda, barrosa, concreta y finita de cada ser humano.
Luego de San Pablo el alma, en cambio, se asocia a espíritu, a psique, a diversos conceptos relacionados con la “esfera de las ideas platónicas” siempre dotadas de caracteres esenciales y nunca accidentales, jamás tocables y particulares.
En esta concepción el cuerpo llega a ser “cárcel del alma”. El cuerpo se lee entonces como impedimento, como obstáculo a superar. Una falacia que, literalmente, puede costar la vida.
Llevando las cosas al extremo de esta concepción paulista, el cuerpo termina siendo percibido como culpa.
El discurso poético de
Hay reminiscencias del poeta inglés John Donne que aquí son emplazadas, pero desde dentro, desde el cuerpo como identidad.
También
De modo análogo al que emplea la ensayista norteamericana Susan Sontag para desestructurar ciertas falacias epigonales o concomitantes de la concepción paulista occidental y cristiana del cuerpo en su libro “La enfermedad y sus metáforas”,
Esta poesía funda una identidad, rescata al cuerpo del discurso alienante y lo pone en el centro de un decir literario que es reconocimiento del dolor pero sin enunciación elegíaca, puesto que es también, y esencialmente, celebración y goce.
Si el cuerpo humano en general fue tradicionalmente el lugar del estigma, el cuerpo femenino fue durante siglos la apoteosis del anatema, la fulguración absoluta del mal vuelto sustancia humana.
Aleyda deconstruye ese planteo mediante el argumento poético, mediante la afirmación y el reconocimiento. Saca al cuerpo de la oscuridad discursiva y lo ubica en medio de un proceso identitario íntimo pero universal, compartible, abierto: “Soy mi cuerpo”. Vale decir: somos cuerpo.
A comienzos de la primera centuria del tercer milenio, Aleyda inaugura entonces una alteridad bizarra (en su doble acepción de rara y brava, valiente) que se transforma en mismidad, que dice el cuerpo desde sí.
El cuerpo dice, el cuerpo, al decir, al reconocerse como identidad, como unidad, funda una instancia del discurso que sublima ese estado inestable de la enfermedad.
No hay arte sin cuerpo.
El cuerpo hace posible otro modo de conocimiento a través de la poesía, inaugura una fecunda erótica del sentido que revoca el horror e instaura la posibilidad patente, tangible, de belleza.
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Aleyda Quevedo Rojas: Soy mi cuerpo
February 14th, 2008 · Dejar un Comentario
Quito: Libresa, 2006, 89pp.
En agosto del 2006,
Ciertamente, los poemas de Aleyda hablan del cuerpo y desde el cuerpo. No de un cuerpo cualquiera: uno de mujer; expuesto, doliente, anatomizado, cortado. “Mi útero reposa / en la bandeja de cirugía / Se vuelve ceniza / en los basureros hospitaliarios”. “Me tumbo al sol / y de las piernas / y de la espalda/ salen latidos de fuego y caracolas”. Cuerpo propio, cuerpo extraño; el cuerpo deviene, en la voz poética, angustia puesta al desnudo. Estamos expuestos, en el contexto del entramado social, a un permanente bombardeo de discursos que publicitan cuerpos de salud y de placer, cuerpos mercancía, triunfantes, sonrientes, esculpidos, modelados. Cuerpos que ocultan sus cicatrices, sus cortes, los surcos y amasijos de carne que arrastra consigo el devenir del tiempo. “Las cosas / se desgastan / como el amor que te tuve / o el color de aquellas fotos”. ¿Dónde hablan los cuerpos afectados / infectados, los cuerpos del hambre o los demasiado alimentados; los cuerpos mutilados, prostituidos, sacrificados, enfermos; los cuerpos deportados, exterminados, torturados? La literatura es uno de esos reductos en los que podemos escuchar el susurro, también el miedo o el espanto, de los cuerpos llagados y abatidos. “Todavía escucho / a los dragones afilados / ingresando en mis entrañas / Tejido quemado / árbol de páramo yo”. “Siento rabia al saber / que soy mi propio miedo / enfundado en este cuerpo”. “La serpiente de la enfermedad / rasgando tus tejidos”.
Si la salud se define como la vida en el silencio de los órganos, en la enfermedad el sujeto doliente siente y escucha la intimidad de sus vísceras: “Es banda sonora de latidos / crujir de tripas / saliva densa arrastrándose por la garganta”. Cuerpo que explicita, y reclama “la piel campo de batallas”, su lugar de enunciación, sus límites, su gravedad, sus anudamientos de significación. “Nada tiene que ver la cirugía / experimentos nuevas cicatrices”. “Cuanto dolor tolera / la suma del cuerpo”. Si la ilusión de identidad se constituye sobre la base de una imagen reflejada en el espejo, imagen enmarcada en un nombre propio y una historia de vida que se teje alrededor de una línea que, aunque quebrada y zigzagueante, deviene continua en la memoria; el cuerpo, entonces, se constituye como el referente más importante a la hora de establecer puentes de comunicación con el mundo ―habitado siempre por otros cuerpos― y con los otros. “Soy mi cuerpo / atrapado por partículas / de otros cuerpos”. ¿Cómo se enuncian esos puentes desde la imagen que proyecta, para los demás y para sí mismo, un cuerpo doliente y enfermo? “Mi cuerpo pequeño / cruza límites helados / con la espalda encorvada / y un blanco camisón”. “Ya mis deudos aceptan que las cenizas / regresarán a las montañas”. “Mi esposo con sus manos tibias / baña mi cuerpo dolorido / con raíces y hojas de menta”. “Me afeito la cabeza / y empiezan las preguntas / sobre lo que dejamos de hacer”.
Se suele pensar, equivocadamente, que el pensamiento ―el mundo de las ideas y del “espíritu”― se encuentra fuera del cuerpo; lejos de él, o insondablemente oculto y perdido muy adentro. Sin embargo, hay una zona en la que cuerpo y pensamiento se encuentran: esa zona de las emociones; del miedo, del dolor, de la alegría, de la fe, de las ilusiones. “el peso del dolor / está en uno mismo”. “El agua en su paciencia / va y viene perforando el esqueleto”. “Cuerpo / que enjabono en el mar / reconociendo suciedades / y miedos”. “Pongo las manos / al Hermano Gregorio / él es mi intermediario / Centrípeta / llena de mí / riñones / uréter / vejiga / me entrego a la más honda fe”. “Un gato orina mi alma / él sabe por qué no se alejan / los malos tiempos / Los pesares huelen a gato”.
Soy mi cuerpo es un libro consistente, extremadamente cuidado en la construcción de un lenguaje intenso, poético, volcado en la subjetividad de un cuerpo hecho de carne y voz, de miedos y esperanzas, de entrañas y sueños. Un cuerpo que se toca, se huele, se mira, se escucha, se escribe. Un cuerpo que dice de sí en un lenguaje de tonos y matices varios. Versos cortos que orquestan el libro, variantes de un mismo tema.
Universidad Andina Simón Bolívar
[1] Quito, Ecuador, 1972. Poeta y periodista. Ha publicado los
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En contra de poner los “cachos”, entre el hielo abrazador y el fuego helado
February 14th, 2008 · Dejar un Comentario
“El largo, el triste juego del amor”, decía
Es verdad, nadie (hombre o mujer) quiere perderse un “buen polvo”. Nadie quiere negarse las sensaciones alucinantes que produce el desear a otra persona. Nadie quiere dejar de vivir lo diferente, lo nuevo, la aventura, placeres desconocidos. Mas yo, me sigo declarando en contra de la infidelidad, aunque pertenezco a la tercera mujer de la que tanto ha reflexionado Gilles Lipovetsky. Desde esa dimensión de la mujer que propone este francés, la mujer no se la piensa ni se define en relación con el hombre. La condición femenina de las democracias occidentales deja atrás a la mujer que se movía únicamente en el ámbito del hogar, los hijos y las tareas domésticas. Las nuevas generaciones de mujeres no se hallan más subordinadas a los hombres. La tercera mujer tiene libertad e independencia económica, intelectual y sexual. Controla su cuerpo y la procreación (desde el principio de la vida único poder exclusivamente femenino), sigue siendo un territorio sagrado que únicamente le pertenece a ella. Es que desde la píldora y el reconocimiento del trabajo femenino, las mujeres disponen de sí mismas. Y en ese imaginario de la tercera mujer tampoco cabe la fidelidad como pilar fundamental del matrimonio porque lo manda la Iglesia o los concilios vaticanos. No, nada que ver, si la tercera mujer, que supone una “autocreación femenina”, decide ser fiel lo hace desde lo que actualmente se llama “una cultura de vida”. Y como todo en la existencia femenina es ahora sujeto de elección, libre opción e incluso interrogación, personalmente reafirmo mi decisión de estar en contra de los “cuernos”. Finalmente, sé que los “cachos” hacen más daño que la rutina del matrimonio, contra la cual hay remedio, y mucho más daño que el sexo pantuflero (sábado por la noche, rapidito y sin ganas), contra el que también hay remedio. En los tiempos que corren la cultura de vida de cada uno se convierte en una forma de levantarse cada mañana, en una manera de estar en el mundo. La cultura de vida la componen opciones y principios por las que una opta: sí a los derechos humanos, no a la xenofobia, sí a la libertad sexual, no a la violencia, sí a la eutanasia, no a la infidelidad…
Se trata de principios por las que una opta para estar en el mundo. El derecho a la libre determinación vale a la hora de enfrentar todos los asuntos que hacen la vida: los políticos, los privados, los de la alcoba, los económicos. Y si los “cachos” no acepto ponerlos ni me gusta que me los coloquen. Esa es mi opción en este territorio de la libertad, donde las nuevas mujeres decidimos cómo vivir más felices.
Algunas cifras revelan que a la hora de la verdad, el 17% de las mujeres son infieles, y el 42% de los hombres serán infieles en algún momento de su vida. Serios estudios hablan de que hay dos tipos de infidelidades: infidelidad sexual e infidelidad emotiva. Nunca se concluye cuál es la que más afecta a las personas. Pero las mujeres elegimos como peor a
Entre los preceptos de algunas iglesias está aquello de: “la fidelidad no es solo un deber sino un derecho inherente al matrimonio”. El principio de fidelidad también consta en los códigos civiles de muchos países. Y solo en poquísimos consta la prisión para quien los pone. Varios psicólogos coinciden en que la infidelidad puede llegar a ser algo positivo en la vida de una pareja que de verdad se ama. Y la otra coincidencia es que se llega a la infidelidad por 9 motivos: Nos sentimos devaluadas; llega la monotonía; una vida sexual aburrida y deficiente; dependencia emocional de los padres; búsqueda de nuevas sensaciones; idealizamos demasiado a la pareja; la pareja permite los cuernos; sentimos amenazada nuestra libertad; alarde de poder. Sin embargo, el amor siempre será un largo y triste juego, muy complejo y lejos de la mediocridad, obligándonos a leer la realidad de otra forma. Por eso, sé que pasa por un asunto que se llama “cultura de vida”. Que es lo mismo que escribió la poeta apócrifa ecuatoriana Márgara Sáenz: Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con/ nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te/ muera para siempre, que se te pudra si regresas.
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FERNANDO IWASAKI: el amor se hace con humor
February 14th, 2008 · 2 Comentarios
El escritor peruano radicado en Sevilla estuvo en Quito para presentar su novela “Libro de mal amor” (Alfaguara serie roja), un libro delicioso que cultiva el arte de la risa y el deseo…
Historiador, escritor, melómano, especialista en flamenco, padre de tres hijos, felizmente casado 21 años, columnista del Diario ABC de España y editor de una de las mejores revistas de poesía que se editan en Hispanoamérica llamada Renacimiento,
Iwasaki tiene 45 años, nació en Lima, es autor de una docena de libros que van de la novela, al relato, y del ensayo a
Efectivamente, para escribir del mal amor, de los fracasos románticos, de los amores que no se realizan y que duelen; para escribir solo del lado platónico y de los actos absurdos y coherentemente ridículos que los enamorados hacen, hay que escribir desde el buen amor, es decir, desde el amor sin culpas ni resentimientos, y totalmente desde
Desde tu territorio de escritor, ¿cuál es la frontera, sutil y delicada, que estableces entre erotismo y sexualidad?
Las 10 mujeres que están en tu novela, que podrían ser una sola, o que pueden ser mil, me dicen que has explorado mucho en la estructura emocional de las mujeres, en la sicología de lo femenino. ¿Esto es así, es una preocupación tuya como escritor?
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POESÍA ERÓTICA DE ALEYDA QUEVEDO
February 14th, 2008 · 1 Comentario
Floriano Martins

En la poesía habitualmente encontramos la misma ambigüedad, sea la imagen prohibida, justificada como recurso sugestivo, sea el apabullamiento, como recurso de
El problema es que no existimos fuera del cuerpo, de manera que cuando permitimos que sea falseada nuestra relación con el cuerpo es como si desistiéramos de lo que somos. Todo enunciado erótico suena entonces como un fraude, sea que pensemos en lo prohibido o en lo explícito, en el retraimiento o en la confrontación, en el gesto reprimido o en la explosión violenta.
Justo en aquello que le es más sagrado –el cuerpo– el hombre no logra ser intenso. Ese mismo cuerpo que termina por representar el papel de un obstáculo que debe ser vencido. La trascendencia es nuestro plan de fuga; por una vía múltiple de insatisfacción, apostamos todas las fichas al espíritu. Entonces alimentamos esas zonas increíbles de transferencia, los lugares más propicios a la culpa, el dominio del pecado, etc. Es todo lo que tenemos.
Claro que tenemos también las contradicciones, en su escala infinita, que varían desde los gestos cotidianos más casuales hasta una ruptura deliberada del lenguaje artístico. Tenemos la poesía explotando en verborragia y dóciles facilidades de lenguaje. Tenemos la imagen en su apego a un desconcierto viciado. Que sintamos todo eso como contradicciones es una dádiva; o sea, con el arte que tenemos hoy, el infierno está garantizado. En última instancia, tratemos el tema desde una perspectiva ética o estética, nos encontramos hoy más encadenados a un pastiche erótico promovido por la industria de la publicidad que cuando teníamos la libido confinada a las cárceles de la Iglesia.
Todo y cualquier lenguaje es esencialmente erótico. No se dispara una bala, no se conspira contra un gobierno, no se destituye o se entroniza un rey del baile, si no es desde una perspectiva erótica. Cualquier investidura es el primado del orgasmo. No hay hacia dónde ir, de qué huir, qué evitar. Todo en el hombre expresa su deseo de vida y muerte.
La lectura de este libro de
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